¿Por qué nos altera tanto la Navidad? Te contamos cómo sobrevivir a estas fechas y no desfallecer en el intento

La disfrutes o no, la Navidad es una época que afecta a nuestro bienestar. Pocas personas se libran de padecer una especie de montaña rusa emocional. Te contamos las razones de ese sentir y cómo poner un momento zen a tanta agitación

¿Cómo lidiar con la Navidad sin sentirse al borde de un ataque de nervios?
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O la amas o la odias, pero no deja indiferente a nadie. Fuente de estrés, de alegría, de bienestar o de tristeza, es posiblemente la época más enloquecedora del año, una carrera de fondo que comienza con el Black Friday, continúa imparable a medida que vamos avanzando con el calendario de adviento y culmina con el sprint final de año nuevo y el posterior roscón de Reyes. Una cuarentena de ajetreo que nos pasa factura física y emocionalmente, sea cual sea nuestra posición al respecto. “Pese a que la Navidad suele ser una época de celebraciones, también acostumbra a ser muy estresante. Las compras, las reuniones familiares, la ausencia de un ser querido, etc., son factores que van a influir en cómo nos sentimos”, señala Laura Cerdán, psicóloga y psicopedagoga, quien asegura que la forma en cómo abordamos y gestionamos estas fiestas afectan directamente a nuestro bienestar. “Tenemos muy interiorizado que las navidades han de ser felices y alegres, pero lo cierto es que al ser una festividad que se repite año tras año, muchas personas recuerdan sus navidades de la infancia, y eso provoca tristeza y nostalgia”.

“La Navidad es una de las key dates anuales más potentes por su significado e iconografía. A la mayoría nos trae recuerdos muy intensos de cuando éramos niños, buenos o malos”, corroboran desde PsicoPartner. En efecto, apunta Alicia Aradilla, socióloga experta en neurolingüística, la Navidad es un hito dentro de la estructura temporal que nos dan los rituales y eso es importante porque es un recurso que tenemos para conectar con las emociones que, en este caso, van vinculadas al amor y el refugio que encontramos (o no) en la familia. Por eso, afirma Aradilla, tiene tanta influencia en el bienestar de las personas.

 Aunque su origen es religioso, en la actualidad ha pasado a ser un acontecimiento sociocultural. La Navidad la celebramos todos, religiosos y laicos, en un contexto que nos obliga a salir de la rutina diaria y abandonar nuestros hábitos normales, desde la alimentación hasta el ejercicio, y el que nos vemos apremiados a frecuentar a más gente, vestir de otra manera, gastar más dinero e incluso cambiar la decoración. “Salir de nuestros hábitos y rutina es un estresor normal que en algunas personas se agudiza. Aunque las navidades nos gusten, al igual que los regalos o el compartir momentos con la familia y socializar, todos esos días de fiesta suponen un esfuerzo físico, afectivo y económico que genera estrés”, manifiestan los especialistas de PsicoPartner. Todo depende también de las expectativas que tengamos puestas en estas fiestas.

Decoración de Navidad con corona navideña DIY

Cómo decorar la casa en Navidad.

/ mediaphotos

¿Eres un Grinch?

Si como el personaje de ficción, creado a mediados de los 50, odias las navidades, no eres un bicho raro. Hay más personas de las que piensas que, como tú, sufren el síndrome del villancico, la depresión blanca o natalofobia. Llamémoslo como lo llamemos, se define como ese sentimiento de malestar, ansiedad, irritabilidad y tristeza que suele exacerbarse en algunos cuando llegan estas fechas. “La natalofobia es un palabro que indica la intensidad máxima con que sentimos ese malestar por no encontrar en la familia el refugio emocional que se le atribuye”, aclara Alicia Aradilla. Según Cerdán, se diferencia de la ansiedad normal en que la natalofobia se da únicamente en esta época del año y su causa está identificada. En muchas ocasiones se genera por la presión familiar y/o social”.

Para superar la situación y salir mentalmente airosa de estos acontecimientos, Laura Cerdán recomienda atreverse a celebrar unas fiestas más acordes a lo que nos apetece. “Puede ser muy útil simplificar compras, compromisos y encuentros siempre que sea posible. Por ejemplo, hay personas que se ven obligadas a gastar mucho dinero en los regalos navideños. Un paso es adaptarlos a nuestra economía rompiendo la ‘tradición familiar’ de gastar determinada cantidad. Marcar los propios límites es necesario”. Por otro lado, dice esta psicóloga, si durante el año no vemos a un pariente porque la relación no es buena, quizá debemos plantearnos no asistir a esa comida en familia y si no podemos evitarlo, debemos rebajar las expectativas al respecto y aceptar que no será un encuentro maravilloso. “Eludir temas de conversación que puedan suponer conflicto también nos puede ayudar”.

Asimismo, Cerdán aconseja romper la creencia de que Navidad es sinónimo de alegría. “Los anuncios publicitarios son publicidad, y como tal, su finalidad es mostrar algo idílico. Debemos ser críticos al respecto para poder despegarnos de las creencias inculcadas e interiorizadas”. En cualquier caso, para superar el trance con el mejor ánimo posible esta especialista incide en que es importante valorar qué nos provoca malestar “porque en muchas ocasiones se trata de algo que se arrastra todo el año, sólo que en Navidad se hace más patente”.

Y si como un Grinch al uso no desarrollas los indicadores del ritual navideño, es posible que también te invada el malestar porque, como ilustra la socióloga, te sentirás excluido al no participar del momento de celebración

El subidón navideño

Pero no todo es nostalgia y ansiedad, porque a muchas personas la Navidad les provoca un chute emocional. “Desde la infancia nos han repetido que la Navidad es el mejor momento del año, por encima del verano, lleno de magia (los Reyes, Papá Noel), de regalos, de purpurina, espumillón, langostinos y alegría…La Navidad, si no hay trauma o estrés, es pura fantasía”, resumen desde PsicoPartner.

Este tipo de reencuentros y reuniones familiares es para numerosas personas motivo de alegría. “Es cuando sienten más conexión con su familia. En este mundo globalizado en el que las familias están repartidas por todo el mundo, puede ser el motivo de vuelta a la reunión; el momento de sentir que la familia sigue unida y que se mantiene un núcleo familiar. La Navidad es el momento en el que hay un acuerdo fácil de reunión”, explica Alicia Aradilla. Y si tienes una personalidad perfeccionista, posiblemente tus niveles de cortisol se disparen, porque, aunque te guste la Navidad, no se trata de una cena cualquiera, sino de una cena y un vestir ritualistas, y eso añade más presión a quienes buscan que sea una celebración impecable e inolvidable.

Y si entras en bucle… piensa en ti

Tanto si te sientes como un Grinch como si disfrutas igual que un niño con el ambiente navideño, estos eventos siempre suelen saldarse con un extra de prisas y estrés que van en detrimento del bienestar. Aunque el tiempo es oro, y más en estas fechas, es importante no renunciar a nuestras rutinas de cuidado y añadir algunas estrategias que nos aportarán un plus de energía física y mental, sin salir de casa.

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Si hiperventilas, respira. Cada vez hay más evidencia: una buena respiración puede resultar terapéutica. Porque por sencillo (y automático) nos parezca, saber respirar tiene sus beneficios, y el primer paso es ser consciente de tu respiración, según aseguraba el autor científico James Nestor en un informe del Global Wellness Institute,. El segundo, respirar por la nariz, lentamente, dedicándole cuatro segundos a la inhalación y los mismos a la exhalación. En momentos de más estrés, recomienda prolongar las exhalaciones, porque de esta forma, relajamos el cuerpo, disminuye la presión arterial, baja la frecuencia cardíaca y los niveles de cortisol. También puedes ralentizar la respiración leyendo un poema en voz alta. Así de fácil.

Una mascarilla al día. La ansiedad, pero también el choque térmico entre los interiores calefactados y exteriores gélidos, pasan factura a la piel. Utilizar mascarillas es un gran recurso de efecto buena cara que aporta un extra de bienestar al rostro y a la mente. Nuestro consejo: aumenta la frecuencia de uso de la mascarilla en intenta incorporarla a tu rutina diaria de cuidado. Si, además, durante esos minutos (hay mascarillas exprés que funcionan en 5 minutos), enciendes una vela aromática, escuchas tu canción favorita y dedicas ese tiempo a masajear la planta de los pies o a hidratar el resto de la piel del cuerpo, también con un suave masaje, añadirás un plus de relax a tu día.

 Estírate en la cama. Antes de acostarte o al levantarte, realizar unos breves ejercicios de estiramientos y torsiones ayudarán a desentumecer los músculos agarrotados por el estrés del día o a activar articulaciones y musculatura para prepararnos para afrontar la jornada. Parece mentira como estos ejercicios sencillos pueden aliviarnos física y mentalmente. En las redes puedes encontrar numerosos tutoriales para estirarte de la cabeza a los pies.

Bebe (agua). Mantener una buena hidratación en el organismo tiene numerosos beneficios para la salud. También ayuda a mejorar los estados de ansiedad. El estrés nos deja con la boca seca y beber (y no precisamente alcohol) es otra forma de calmar tensiones. Tener una buena hidratación mejora la concentración, pero también contribuye a reducir la ansiedad, mejorar nuestra energía y subir el estado de ánimo. 

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