En su última colección de Alta Moda, Collezione Genesi, Dolce & Gabbana ha experimentado con el fenómeno de los NFT. Convertida en la primera entrega de lujo de NFT, supone un puente entre lo físico y lo digital: nueve de las piezas, incluido el vestido de la foto, se han subastado en ambos formatos por cifras récord. | Dolce & Gabbana

La tecnología, punta de lanza de la sostenibilidad en la moda

La novedad es la primera máxima a la que atiende la moda. Incluso en su búsqueda del equilibrio y la sostenibilidad, tecnología e innovación se postulan como su mejor garantía de supervivencia.

Laura García del Río

Tal día como hoy, hace dos años, el mundo de la moda asistía escéptico a la primera subasta de una prenda digital: un vestido, fruto del cruce de diseño, animación 3D y biomecánica, urdido por la start up neerlandesa The Fabricant por el que su dueño –que no resultó ser otro que
Richard Ma, CEO de la empresa de blockchain Quantstamp y miembro eminente de ese reino intangible que nació con la criptomoneda– desembolsó gustoso cuatro cifras. «El vestido de 9.500 dólares que no existe», se jactaban los medios. Poca broma. Aquella anécdota que no parecía ofrecer más que un puñado de titulares ingeniosos era un aperitivo del boom de los NFT –los tokens no fungibles de los que todos hablan desde que Kate Moss convirtió o un vídeo suyo durmiendo en uno, y que vienen a ser el equivalente virtual de las fichas de un casino: activos digitales a los que se ha conferido un valor en un ecosistema– que el destino escondía a la vuelta de la esquina. Diez meses más tarde el mundo se encerraba en casa con la pantalla del móvil como única ventana al exterior y lo de vestirse a golpe de píxel pasó de chascarrillo a realidad. Animal Crossing, híbrido de videojuego y red social, permitió a los usuarios diseñar su propia ropa y hoy, con más de 31 millones de unidades vendidas, hasta Valentino ofrece su costura para los habitantes de esta fantasía virtual. Después llegarían el videojuego con el que a falta de pasarelas Balenciaga presentó su colección para el próximo otoño; Ferragamo confiándole la campaña de su bolso Viva Bow a un avatar; y las zapatillas de realidad aumentada de Gucci, a la venta por una fracción de la versión tangible, y los departamentos de I+D de las firmas empezaron a echar humo.

La modelo virtual @imma.gram con el bolso Viva Bow –cuyo nombre, Imma, significa "ahora" en japonés– con el bolso Viva Bow de Salvatore Ferragamo. | D.R.

Hoy la digitalización y la tecnología son, con permiso de la sostenibilidad –o para su beneficio–, las palabras de moda en la industria. Según el informe realizado mano a mano por The Fabricant y el motor de búsquedas Lyst, entramos en la era de los Digi-Sapiens: ascienden a 3.500 millones de personas en todo el mundo y acumulan más del 55 del poder adquisitivo. Y son consumidores que se definen como activistas de la moda, ecologistas y, ante todo, nativos digitales. Decían Instagram antes que mamá y el verde es su color. Cuadra. Basta ver las 241.000 toneladas de carbono que el mundo se ha ahorrado pasando las semanas de la moda del plano físico al digital o los 70 litros de agua que se economizan creando el prototipo de un tejano en 3D para advertir las bondades medioambientales de la tecnología. Tampoco la industria lo pasa por alto. En el exhaustivo estudio para el que la Economist Intelligence Unit interrogó a 150 altos cargos de buques como Adidas y H&M, la sostenibilidad figura como el segundo objetivo estratégico para las empresas del sector, solo por debajo de la experiencia del cliente. Y las medidas más populares para tal menester pasan por el uso de materias primas responsables y la inversión en tecnologías como la impresión 3D y el blockchain.

El grupo Prada, LVMH y Cartier ya se han puesto manos a la obra con este último, en una alianza sin precedentes que ha obviado lo de ser competencia por el bien común. Pero antes, unas nociones básicas: el blockchain, que no es sino la tecnología detrás de los bitcoin y los NFT, es un tipo de registro distribuido y cifrado de información que es verificada y no se puede modificar. Es decir, una suerte de notario digital. El que ha creado el trío de ases se llama Aura y quiere ser «la primera solución global bloc chain abierta a todas las firmas de lujo». Una plataforma que dé al consumidor acceso al historial de un producto, repasando su existencia desde que era materia prima hasta el punto de venta. Trazabilidad en estado puro. Y todo eso escaneando un código QR, sistema con el que ya experimentan más firmas. Pinko en su cápsula sostenible Reimagine. Burberry en su flamante boutique de Shenzhen. Ecoalf con Bcome, una herramienta que calcula el impacto medioambiental de una prenda y permite consultarlo en un clic. Y el diseñador Pablo Erroz en la colección que presentó en la pasarela 080 Barcelona, en la que algunas de las prendas llevan implementado un sistema NFC –algo así como un pasaporte– que permite escanearlas con un smartphone y trazar su recorrido. «Ahora y cuando con los años cambie de dueño», explica Erroz. Muy pertinente en un mercado de segunda mano que prolifera. «La tecnología debe servirnos como complemento para comunicar e ir más lejos. Es una herramienta con la que dotar de más sentido a lo que estamos haciendo. Iniciativas como esta son el futuro», aboga el palmesano.

Bcome es la herramienta digital de Ecoalf con la que, gracias a un código QR, podemos saber el impacto medioambiental de las prendas de la firma. | D.R.

Similar en el concepto, EIM –Environmental Impact Measuring Software, por sus siglas en inglés y obra de Jeanologia– mide el impacto medioambiental del proceso de acabado de un prenda valorando el consumo de agua y energía, el uso de químicos nocivos y el impacto en el trabajador. De él ya hacen buen uso gigantes como Gap, Mango y H&M: si una prenda no recibe luz verde, el gigante no le concede su etiqueta Conscious. Aunque medir no es lo único que hace esta empresa valenciana dedicada al tejano. «La sostenibilidad tiene dos patas. Una son los materiales. La otra, la producción. Nuestro expertise está en la segunda», nos dice Carmen Silla, directora de Marketing de Jeanología, que aspira a eliminar el 100% de la contaminación en la producción de jeans para 2025. Y todo a golpe de tecnología. Con el láser sustituyen procesos tóxicos (y arcaicos) como el lijado manual y el esprayado de potasio permanganato para desgastar el tejido. El ozono elimina el agua y los químicos de la ecuación. Y su e-flow cambia el agua por nanoburbujas para transportar los tintes y químicos a la prenda, dejando en un mero vaso –que luego se recicla con el sistema H2Zero– el gasto total del líquido elemento. Un cuarteto al que hay que sumar eDesigner, una herramienta que permite diseñar digitalmente, sin necesidad de gastar un centímetro de tela ni recursos en prototipos, y que es el futuro de lo que Silla considera la pieza angular de la moda sostenible: la producción bajo pedido. Crear solo lo que se despacha y no al revés. «El 15% de las prendas que se fabrican nunca se vende. Con esto se acaba el problema». El cliente va a la tienda, hace su diseño virtual, totalmente personalizado, y en cuatro horas tiene su vaquero. «Hicimos una prueba en Miami, en la Super Bowl, con Levi's, y ya tenemos varias implantadas», cuenta Silla.

No es magia, es ciencia. «El I+D i es fundamental para llegar a procesos cada vez más eficaces», nos dice Rocío Pérez de los Cobos, responsable de marketing y comunicación de Tejidos Royo. «No entendemos la moda sin innovación tecnológica». A sus 120 años, la empresa española que abastece a Gap, Wrangler y un largo etcétera, se mantiene fresca: en 2018 patentó un sistema de tintado por espuma al que llamó Dry Indigo y ahora llega con Dry Black. «Hemos conseguido tintar negro sulfuroso sin agua y sin vertidos al medio ambiente», explican. «Un hito en la industria textil» que ya ha echado a andar en la colección de este otoño-invierno de Moisés Nieto y con el que ya llevan ahorrados 1.065.036 litros de agua.

Implementadas con una etiqueta con código QR que muestra el proceso, las piezas vaqueras de la colección de o-i 2020/21 de Moisés Nieto están hechas con la tecnología Dry Black de Tejidos Royo. | D.R.

Con el planeta agotado, economizar recursos es un imperativo. Y en eso la informática está puesta. «Estoy entusiasmado con la impresión 3D y la microfabricación», señala Lucas McGregor, director de tecnología en Lyst. No es para menos. Usando solo la materia prima estrictamente necesaria y sin residuos que emitan CO2, «es la forma de fabricación más sostenible que existe», afirman desde Mango, que volvió a ponerla en práctica en una línea de accesorios este verano, y planea seguir empleándola. El mismo sistema detrás del bolso Her de la española SurSac, hecho con 63 piezas biodegradables impresas en 3D y ensambladas a mano. Y de los de Julia Daviy, que usan el mismo proceso, con materiales reciclables.

El bolso Her de Sur Sac, con sus 63 piezas impresas en 3D. | D.R.

Y el que no ahorra, reutiliza. Que es la idea con la que H&M recoge 29.000 toneladas de ropa usada al año y para la que ha desarrollado, junto al Instituto de Investigación de Textiles y Confección de ong ong, una máquina que ni Julio Verne habría concebido: en Loop, un calcetín raído entra por un lado y un jersey nuevo sale por el otro. Operativa desde octubre en su tienda de Drottninggatan, limpia y tritura la prenda desechada y teje una nueva sin usar agua ni tintes. Lo único que se agrega es un material de origen sostenible para fortalecer el hilo.

En ocho pasos, la maquina a la que H&M ha llamado Loop convierte una prenda vieja en otra nueva. | D.R.

Porque, si bien el reciclaje los acerca, para atar los cabos de la ansiada circularidad hay que pasar por las materias primas. Y ni siquiera aquí hay que expoliar al planeta. Bienvenidos a la era de la biotecnología. Ya hemos visto textiles hechos a partir de madera de abedul, lana salida de un coco y cuero derivado de cactus, plátano, piña y uva. asta una seda de araña desarrollada por la japonesa spiBer Inc. para «librar a la humanidad de depender de recursos no reutilizables y dar paso a una era de industria sostenible». Obtenida a partir del código genético sin que uno solo de estos animales sea incordiado en el proceso, la primera prueba fue una par a para The North Face. Pero, nos dicen, tienen más en el horno. Mirum, salido de la unión de bioingredientes como el aceite vegetal y la goma natural, verá la luz en la colección de Allbirds en diciembre. Y Adidas, Toms y Clarks ya trabajan con algas en sus zapatos. Pero el rey de esta peculiar despensa es el hongo. Fungi mediante, la start up Bolt Threads está labrando la que se perfila como la revolución material del siglo y la alternativa definitiva a los 35 billones de m2 de cuero que genera la industria de la moda al año. Cultivándolos en serrín e incluso deshechos agrícolas, producen un manto llamado micelio que es biodegradable, renovable y parece piel.

La última colaboración de Stella McCartney con la biotecnológica Bolt Threads se ha traducido en la primera colección de prendas hecha con Mylo, una alternativa vegana a la piel obtenida a partir del midelio. | D.R.

Con el nombre de mylo, el flamante invento vegano –que da réplica a un interés que Google ha visto duplicarse en las búsquedas de 2020 y hasta ahora solo encontraba respuesta en poliuretanos que no dejan de ser derivados del petróleo– ya recibe atenciones de Adidas, Lululemon, Kering y Stella McCartney. La férrea animalista acaba de lanzar una colección confeccionada con él. Justo a la par que Hermès anunciaba una nueva versión de su clásico bolso Victoria hecho con sylvania, el análogo al mylo de la californiana MycoWorks. «No deberíamos tener que comprometer el deseo de lujo por la sostenibilidad, y esto nos permite hacer de esa creencia una realidad. Estas piezas excep- cionales representan nuestro compromiso de innovar hacia una industria más amable. Una que vea el nacimiento de materiales audaces en vez de la muerte del planeta», defiende McCartney mientras que Dan Widmaier, CEO de Bolt Threads, apunta a las emisiones de la confección de un par de zapatillas, equivalentes a las de quemar un bidón de gasolina. «Los puntos conectan. Moda, sostenibilidad e innovación tecnológica se han unido por un planeta mejor».