Elena Barraquer, una saga solidaria

Esperanza Navarrete

Para la doctora Elena Barraquer, ser oftalmóloga es algo tan natural como ser alta o baja. Desde pequeña vio a su abuelo, el insigne Ignacio Barraquer, y a su padre, el profesor Joaquín Barraquer, disfrutar tanto con su profesión que no se planteó hacer otra cosa. Ahora vive la misma experiencia, ya que el mayor de sus dos hijos, Stefano, se ha matriculado en Medicina tras acompañarla en dos de sus viajes a Senegal, donde realiza la mayor parte de su labor solidaria.
«Ser útil y sentirse necesario es una de las mejores cosas que puede pasarle al ser humano. Para mi hijo, graduar la vista de los pacientes o, simplemente, ofrecerles la comida que servimos a los operados, ha sido una de las experiencias más gratificantes de su vida», explica Elena.
Ella comparte su cargo de directora del Centro de Oftalmología Barraquer con su labor como directora ejecutiva de Cooperación Internacional de la Fundación Barraquer: «La creamos en 2003, entre mi hermano Rafael, mi padre y yo para continuar y ampliar la labor social que había iniciado mi abuelo con el dispensario de la clínica de Barcelona, donde atendemos a los pacientes sin recursos económicos.»
Desde ese momento, cuatro equipos de oftalmólogos de la clínica visitan Senegal, Camerún, India y Marruecos. Elena, que empezó viajando a Senegal una vez al año, en 2009 se trasladó al país africano en cuatro ocasiones. «De cerca ves mejor sus muchas necesidades.»

Erradicar la ceguera
Las cataratas son la primera causa de ceguera en los países en vías de desarrollo. Esta operación, junto con la de párpados y órbita, son las más habituales de las realizadas por los equipos de la Fundación Barraquer, que llevan consigo unos seiscientos kilos de material quirúrgico, repartido en 31 maletas. Aun así, a menudo se ven obligados a utilizar antiguas técnicas debido a la escasez de medios de los hospitales locales.

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