¿Por qué estoy tan cansada?

C. Ávila | Woman.es

El agotamiento excesivo y prolongado en el tiempo puede ser síntoma de varios problemas de salud, como anemia, hipotiroidismo, diabetes, fibromialgia… Si el médico ha descartado estos trastornos pero tú sigues sin poder con tu alma, pasa revista a esta lista de motivos que pueden afectar a tus niveles de energía

1. Demasiada comida basura. Pasarse con las grasas trans, grasas saturadas, alimentos procesados y azúcares añadidos, contrariamente a lo que pueda pensarse, hacen caer la energía. Si a una alimentación poco saludable se le unen además los horarios irregulares, el cóctel provocará un descontrol glucémico, con subidas y bajadas bruscas de los niveles de glucosa en sangre que se traducen en bajones de ánimo, dificultad de concentración y sensación de cansancio y falta de energía.

¿Qué hacer? Deja la comida procesada, los precocinados y la bollería para ocasiones puntuales. En tu día a día sigue una dieta equilibrada y no te saltes ninguna comida (especialmente el desayuno) para mantener los niveles de glucosa en su rango normal.

2. Bajos niveles de magnesio. El magnesio es necesario para la producción de energía que necesitan los músculos. El déficit de este mineral provoca insomnio, cansancio al despertar, dolores musculares y articulares, ansiedad, debilidad..

¿Qué hacer? Tan sencillo (y placentero) como incluir en tu plato alimentos como el chocolate negro, los vegetales de hoja verde, frutos secos y semillas, cereales integrales, legumbres…

3. Ejercicio: ni mucho, ni poco. La primera tentación cuando te sientes floja de fuerzas es saltarte la cita con el gimnasio. Error. El ejercicio libera endorfinas, levanta nuestro estado de ánimo y eleva los niveles de energía. Eso sí, sin machacarte, comiendo e hidratándote adecuadamente y al menos tres horas antes de irte a la cama para que la actividad física no interfiera con el sueño.

¿Qué hacer? Muévete… pero tampoco te pases. El ejercicio, para que sea efectivo, no tiene por qué ser extenuante. Dos horas y media o tres a la semana es lo que recomienda la OMS. Evita, además, hacer deporte de mucho desgaste en las últimas horas de la tarde-noche. La secreción de adrenalina que se genera y que estimula el sistema nervioso se mantiene durante un tiempo después de haber cesado y, mientras exista, el sueño no llega… Ergo, el cansancio está asegurado por la mañana.

4. Apnea del sueño. Si tienes la sensación de haber dormido del tirón durante la cantidad de horas suficientes y aun así te sientes cansada, puede ser que, sin saberlo, estés sufriendo apnea del suelo. Son pequeños parones respiratorios, breves pero frecuentes que se producen durante mientras duermes. Ni siquiera te das cuenta, pero interrumpe el ciclo del sueño y, por lo tanto la calidad del descanso.

¿Qué hacer? Para empezar: dejar de fumar y tratar de perder peso. Si esto no resuleve el problema, es recomendable visitar a un especialista porque, además, la apnea se asocia con hipertensión y accidentes cardiovasculares.

5. Deshidratación. Dicen los estudios que sólo se necesita una pérdida del 2% del volumen de agua para que el organismo comience a acusar síntomas como fatiga, debilidad muscular y afecta al funcionamiento mental, memoria, concentración, baja el rendimiento, en su fase leve, antes incluso de que sientas sed.

¿Qué hacer? Bebe agua aunque no tengas sed. Haz la prueba: cuando te entre somnolencia y letargo después de comer o a media tarde, sustituye el café o refresco con cafeína por un vaso de agua. Acostúmbrate a beber a traguitos pequeños a lo largo del día. Dos litros es perfecto, la rehidratación te pondrá las pilas.