Rachele Cavalli

Entrevistamos en exclusiva a la hija de Roberto Cavalli. Apunta: Ella diseña los accesorios de la firma.

Rachele Cavalli

Sobre una de las colinas que rodean Florencia se levanta la villa italiana de la familia Cavalli. Una preciosa mansión de 1510, donde los estampados animales emblemáticos de la firma se mezclan con impresionantes artesonados, vasijas de cristal veneciano, recuerdos de viajes y obras de arte. Allí nos espera Rachele, la hija de Roberto. Ella es la responsable de la colección de accesorios de la firma y, junto a su marido, el alma de Club Cavalli, un restaurante-disco instalado en una antigua iglesia del casco antiguo de Florencia.

¿Qué significa la moda para una persona que ha vivido siempre rodeada de patrones y vestidos?

Todo y nada. Cuando yo nací, Roberto Cavalli todavía no era un gran imperio. Mi hija, Maria Eva, que solo tiene un año y medio, quizá lo viva de otra manera. Pero para mí, la moda es un trabajo, como cualquier otro. La moda, la estética y la belleza tienen demasiada importancia en la sociedad. Yo quiero inculcarle otros valores a mi

hija. Ante todo, somos una familia unida.

Dicen que un armario puede esconder muchos secretos de una persona, ¿estás de acuerdo?

En cierto modo, sí, ya que a través del estilo de las prendas se pueden descubrir rasgos de su personalidad. Pero si te refieres a mirar qué marca pone en la etiqueta, entonces, no. ¡Que un vestido esté firmado no significa nada!

¿Cómo describirías tu estilo?

Informal y ‘casual’, porque todavía soy joven. Eso sí, siempre con tacones altísimos [risas]. Aunque también depende de cómo me levante ese día y del humor que tenga por la mañana. Por la noche lo tengo más claro: minivestidos.

Casi siempre llevas diseños de Roberto Cavalli. Confiesa: ¿qué otras firmas tienes en tu armario?

Gareth Pugh, Sandra Backlund y Mark Fast son tres diseñadores que admiro. Saben muy bien cómo funciona el cuerpo de la mujer, y experimentan sin miedo con su forma. Me gustan los diseñadores jóvenes que, como Gareth Pugh, tienen una visión tan clara de su trabajo.

Claudia Schiffer guarda su amplísima colección de ropa en un hangar climatizado. Confiesa: ¿dónde guardas tu todos tus vestidos?

Ojalá yo también tuviera un hangar. ¡Es mi sueño! Pero mi casa no es como la de mi padre… Es mucho más pequeña. En una especie de garaje que hay en el sótano tengo un armario con todos mis vestidos, para que mi marido no me eche de casa [risas]. Aunque la verdad es que me controlo mucho. Con 18 y 19 años, me compraba la ropa casi por impulso, sin pensármelo. Ahora solo invierto en modelos que de verdad utilizo.

En tu oficina, también estás rodeada de accesorios. Bolsos, zapatos, bocetos, revistas, libros de moda… ¿Es fácil diseñar inmersa en ese caos creativo?

¡Por supuesto! Lo sé, mi oficina puede parecer caótica, pero es un caos organizado que para mí funciona perfectamente. Creo que heredé esa creatividad despreocupada de mi padre. Los dos somos muy instintivos, directos y rápidos. De hecho, necesito tener mi mesa llena de dibujos y la oficina repleta de muestras para poder tomar una

decisión respecto a la colección final.

¿Cuáles son tus principales iconos de estilo?

¡Mi madre! Heredé mi amor por la moda de ella. Cuando era una niña, pasaba horas revolviendo su armario. Tiene un modo increíble de combinar prendas y estilos; y le fascinan los complementos, como a mí. De manera que mi madre es uno de

mis iconos. Pero, como no quiero dejarlo todo en la familia, aunque sea italiana, te confesaré otro. La nominada es… ¡Diana Vreeland! Ella es mi número uno! Culta, excéntrica y salvaje: una mujer única de verdad. Para mí, la personalidad y la originalidad son imprescindibles para crear estilo.

Margaretha Missoni, Allegra Beck Versace, Veronica Etro, Roberta Armani… Como tú, ellas son herederas de grandes familias de moda italianas. ¿Qué tal os lleváis?

¡Muy bien! Coincidimos de vez en cuando, pero no salimos juntas. Primero porque vivo en Florencia y ellas están en Milán. Pero también porque todo mi tiempo libre se lo dedico a mi hija. Ella es lo primero. Me la llevo a los desfiles, me acompaña en

todos mis viajes… ¡Ser madre es una sensación tan gratificante! Me siento llena de energía. Supongo que es cierto lo que dicen. Las pequeñas cosas son las que de verdad importan.

Cierto, aunque a veces también es necesario dedicar un tiempo a uno mismo. Confiesa: ¿cuáles son tus hobbies?

¡Tengo muchísimos! Me gusta leer, sobre todo novelas históricas y libros de psicología. También colecciono relojes; es una pasión que comparto con mi padre. Y colecciono zapatos vintage.

¿Y qué significa el recién abierto Club Cavalli para ti?

Es el mejor ejemplo del estilo de vida Cavalli. ¡Ojalá se convierta en referente de la noche de Florencia!

CONFESIONES DE UNA FASHION VICTIM

-«Los zapatos son mi gran pasión», reconoce Rachele. «De niña me gustaba revolver en el armario de mi madre y probarme sus zapatos.»

-«Tengo más de 200 pares. Aunque no los utilizo todos. Para poner un poco de orden, los guardo en cajas, con una polaroid del modelo. Así es más fácil saber dónde

está cada cuál», asegura.

-«Siempre llevo tacones. ¡De once centímetros! Aunque no lo creas, son más cómodos que llevar bailarinas.»

-La mejor compra de la temporada otoño-invierno 2009/2010: «bolsos de piel de líneas clásicas, tipo shopping bag, y zapatos con tacones de infarto y remaches metálicos.»

-Espiamos en su agenda. Apunta cinco tiendas imprescindibles en su ruta de shopping para tus próximos viajes: en París, Merci (111, boulevard Beaumarchais) y Colette (213, rue Saint-Honoré); en Milán, 10 Corso Como; y en Nueva York, Calypso (815, Madison Ave) y Barneys (116 Wooster St) en Nueva York. «Son tiendas que tienen una selección muy personal de prendas y eso me gusta.»

CLAVES PARA COMPRAR ACCESORIOS

«Los complementos tienen una vida paralela a las tendencias. Un buen bolso tiene vida propia. Por eso, aunque tenga 10 años, siguen siendo actuales», asegura. Las mejores inversiones de otoño: diseños de líneas sencillas con incrustaciones, una de las tendencias más fuertes de la temporada.

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