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Lo que Pussy Riot no podrán contar por la cancelación de su gira en España

El grupo tenía previstas varias fechas en diferentes ciudades

Noelia Murillo

La verdad en la mayoría de ocasiones e independientemente de las culturas molesta e incomoda. A pesar de que, según apuntan los expertos, ahora gran parte de la música ha dejado de ser contestataria (luego vienen éxitos como 'Ay, Mamá', de Rigoberta Bandini, que lo cambian todo), las letras de las canciones nunca se han quedado en un segundo plano en ciertos géneros musicales. Porque existen muchos que exigen un ritmo y una cadencia que hace que lo que se dice deje de ser predominante, pero hay otros que, por naturaleza, la sitúan en un primer plano.

El punk es uno de ellos, un género para muchos contaminado de idealización con el que se puso en evidencia lo que molestaba  a mediados de los 70, en la mayoría de los casos relacionados con temas como el poder político y el capitalismo. Su forma de romper con las estructuras que dominaban el panorama social y cultural entonces se materializó en riffs histéricos y descosidos solucionados con imperdibles para crear una nueva forma de transmitir su mensaje a través del arte y la moda.

Las letras ofrecieron un formato claro y directo contra todo y contra todos, un estilo del que años después bebieron formaciones como Pussy Riot. La banda rusa, que iba a visitar nuestro país a principios de este mes, con parada en ciudades como Barcelona y Madrid, se ha visto en la obligación de cancelar estos conciertos con tan solo unas semanas de antelación. El motivo, tal y como ha informado CAP-CAP Productions, se debe a "la escasa venta de entradas, a menos de una semana del primer concierto".

Esta cancelación puede deberse a muchos motivos: desde una mala gestión y promoción por parte de la productora hasta una desconexión entre la agrupación y el público español. Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que podría haber sido una extraordinaria oportunidad para conocer a esta formación, que finalmente solo estará presente el próximo 17 de junio en Santa Cruz de Tenerife, en el Concierto por los Derechos Humanos Igualitarios.

No obstante, para poder conocer la historia de Pussy Riot, que habría pasado por la Península en la que sería la primera gira fuera de Rusia desde que una de sus fundadoras, María Alyokhina, huyera de su país de origen para evitar la represión, podemos echar mano de la autobiografía de Nadya Tolokonnikova, otra de las fundadoras de este colectivo. Este, titulado 'El libro de Pussy Riot. De la alegría subversiva a la acción directa' (Roca Editorial, 2018) revela algunas de las circunstancias por las que tuvo que pasar esta artista para poder expresar su opinión en un país en el que no existe la posibilidad de ello.

Tolokonnikova cumplió parte de una condena de dos años en la cárcel por una protesta en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. Allí, el 21 de febrero de 2012, Pussy Riot comenzó a interpretar una plegaria punk que venía a decir "Virgen María, Madre de Dios, llévate a Putin". Lo hicieron a toda prisa, tras varias semanas de ensayos e intentando medir el tiempo para no tardar más de 15 segundos en montar todo lo necesario para empezar a tocar.

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Fueron encarceladas, intimidadas y torturadas tanto física como psicológicamente. Debido a estos malos tratos recibidos por parte de las autoridades penitenciarias rusas, Tolokonnikova inició varias huelgas de hambre, algo que cuenta con detalle en este libro. "A cada día que pasas en huelga de hambre, tu tensión arterial desciende un poco más. Las jaquecas son tan intensas que te cuesta salir de la cama. por primera vez en tu vida puedes sentir tus riñones, que también están enfermos; además, tienen la piel seca y los labios agrietados".

Otros de los testimonios que ofrece acerca de su estancia en el campo de trabajos forzosos de Mordovia tienen están relacionados con su día a día y las condiciones a las que estaban obligadas a vivir las presas. "La disciplina más severa, las jornadas más largas, la injusticia más flagrante. Cuando se manda a alguien a Mordovia, es como si lo mandaran a morir. Trabajábamos entre 16 y 17 horas al día, desde las 7:30 hasta las 00:30. Dormíamos cuatro horas. Librábamos una vez cada mes y medio", recuerda en estas páginas.

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Entre mugre, cansancio y exceso de trabajo al módico precio de 50 centavos por mes trabajado, la artista llega a reconocer que pasaba semanas sin ducharse con "un hilillo de agua helada" y lo mismo sucedía cuando se trataba de lavar la ropa, un privilegio que también se daba una vez por semana. A pesar de ello, fue capaz de iniciar una huelga de hambre con exigencias como la implantación de dos días de descanso a la semana, la amonestación y el despido del subdirector del centro y el cese de la persecución y las represalias en contra de las presas que presentaban quejas en contra del trato recibido.

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Gracias a esa lucha en un sitio donde no tenía voz, fue trasladada a Siberia, donde los agentes moscovitas pensaron que serían capaces de callarla, cuando en realidad generó gran expectación para activistas, periodistas y abogados. Finalmente, comenzó a recibir un trato muy distinto por parte de los servicios penitenciarios a fin de ocultar todo aquello por lo que había pasado previamente. Su indulto y liberación llegó en 2013, cuando 'Zona Prava', una fundación para defender los derechos de los reclusos, junto con María Alyokhina.

Lo cierto es que habría sido una extraordinaria oportunidad para conocer más de cerca tanto el mensaje como las intenciones de Pussy Riot, una formación capaz de haber superado obstáculos de gran calibre como este. En medio de un conflicto bélico en el que Rusia está llevando a cabo una masacre sin precedentes en Ucrania, hubiera sido más que lógico dar voz a mujeres que se han jugado la vida por los demás. Se lo debíamos.