India, en otro color

Arte, playa y arquitectura. Pondicherry, una antigua colonia francesa en el sureste del país, es una fuente de inspiración para viajeros y artistas.

Catherine Ardouin

Al amanecer, las mujeres de Pondicherry, arrodilladas sobre el suelo del exterior de su casa, trazan líneas con la mano. Es un gesto delicado, con el que dibujan minuciosamente unas figuras geométricas llamadas kolam –‘bello’ en tamil– con harina de arroz, que repele los insectos manteniéndolos fuera de los hogares. Una tradición que se transmite de generación en generación, de madres a hijas. En India, todo es así: el arte de decorar la vida forma parte de la condición humana. En Pondicherry, los días transcurren agradables, muy diferentes a los de otras ciudades de su mismo país, más caóticas o menos privilegiadas.
Ubícala: está bañada por el Océano Índico, donde se forma el golfo de Bengala, y se sitúa en el estado de Tamil Nadú. Este pequeño enclave costero fue comprado por los
franceses, en 1673, y después se lo disputaron los holandeses y los ingleses.Y allí permanecieron hasta su independencia, en 1954. Su barrio más próximo al mar, conocido como la ‘ville blanche’, ha conservado la arquitectura colonial, de encanto muy peculiar. Sus iglesias, colegios y casas transformadas en hoteles se caracterizan por los tonos suaves como el amarillo claro o el rosa. Las calles, de bordillos altos (para resistir el monzón), aún conservan los nombres en francés. En ellas, los árboles centenarios se agitan formando una refrescante brisa que invita a pasear, lejos de la trepidante vida de los rastrillos y las lonjas.
Al otro lado del canal, que divide la ciudad en dos, el viajero se adentra en la zona india, que engloba un barrio musulmán y otro católico. Los edificios de colores (verde, rosa, azul...) muestran sus balcones ornamentados, los coquetos porches y los toldos sostenidos por columnas de madera. En la parte musulmana, son característicos el estilo arquitectónico de Nueva Orleáns o el caribeño. Allí debes visitar el Gran Bazar y la larga calle comercial Nehru Street, donde se suceden boutiques y mercados en los que se entremezclan tonalidades y olores embriagadores y un ruido incesante de fondo... Otro recorrido muy interesante es el que lleva hasta Auroville. Para llegar al lugar hay que alejarse del centro de la ciudad a bordo de un ‘rickshaw’ o Ambassador (ese pequeño coche originario de Asia que no sobrepasa los 50 km/h). Auroville, que se en-cuentra a unos 10 km al norte de Pondicherry, permite descubrir la arquitectura futurista y enigmática de Matrimandir, una impactante construcción esférica fundada por Sri Aurobindo y Mirra Alfassa, que se ha convertido en punto de encuentro universal de meditación. Si decides programar esta visita, dirígete a La Boutique d’Auroville, en Nehru Street, donde te facilitarán más información. En ella, además, podrás adquirir las cerámicas y vestidos típicos de la también llamada Ciudad de la Aurora.
Souvenirs con mucha identidad
Las apasionadas del shopping deben dejarse caer por los bazares, que son auténticos barrios con calles bordeadas por tenderetes en los que se vende de todo, desde viejos neumáticos hasta antigüedades, guirnaldas o libretas con tapas de telas de colores. De hecho, es muy habitual regresar al país de origen con las maletas llenas de pequeños souvenirs con los que después evocar este viaje repleto de sensaciones. Eso mismo les pasó a los creadores de la escuela de diseño francesa Tsé Tsé. Tras aterrizar en Pondicherry quedaron deslumbrados con sus tesoros cotidianos que, hoy en día, exponen regularmente en la galería parisina Sentou. Son objetos normalmente de menaje, casi siempre desaparecidos ya en Occidente, y que ellos reciclan o rediseñan con ingenio y cierto toque de humor naíf: desde artículos de cocina, a cuadernos multicolores, bolsas plastificadas, espejos, coronas, collares, banderines... y otras maravillas del día a día, típicas de esta ciudad india. Consíguelas en www.tse-tse.com.