Vuelve la autora irlandesa Marian Keyes | DEAN CHALKLEY

Marian Keyes: “Mi idea de felicidad tiene que ver con la aceptación”

La bestseller irlandesa Marian Keyes retoma a la exitosa familia Walsh en "Otra vez, Rachel", una novela que habla de adicción, de aborto y de lo inesperada que es la vida. Y sin perder su inconfundible humor.

Isabel Loscertales

Es una maestra en contar tragedias con una ligereza aplastante. Pionera en el género chick-lit, Marian Keyes inició su carrera con "Claire se queda sola" (1995) y arrasó con "Rachel se va de viaje" (1998), con más de un millón y medio de ejemplares vendidos en todo el mundo. Las protagonistas de ambos libros son dos de las cinco hermanas de la familia Walsh, una saga muy apreciada por sus fans. Veinticinco años después de esa icónica novela, Marian Keyes regresa con una secuela sobre Rachel Walsh, "Otra vez, Rachel" (Plaza & Janés). La joven adicta es ahora una cuarentañera que trabaja como terapeuta en el centro donde se destintoxicó, The Cloisters, y que tiene una relación estable con Quin. Pero su tranquilidad se ve sacudida por el inesperado reencuentro con su ex, Luke Costello, que despertará fantasmas muy dolorosos en ella.

¿Por qué ha decidido volver a la familia Walsh en general y al personaje de Rachel en particular?

No tomo ese tipo de decisiones con mi cabeza, sigo mi instinto. Echaba de menos a los Walsh y se me ocurrió la historia sobre Rachel y Luke. Me dí dos meses para ver si podía funcionar. Pensé que si no lo abandonaría: respeto a mis lectores y no quiero darles un libro que no sea suficientemente bueno. Pero fue maravilloso volver a estar con los Walsh. Coincidió con el inicio del confinamiento y ellos se convirtieron en mi familia. Me lo pasé tan bien estando con ellos que lo hizo todo más fácil.

¿Es Rachel su personaje favorito de la familia Walsh? ¿O quizás con el que más se identifica? Porque por orden cronólogico debería haberle tocado a Claire…

Curiosamente traté de escribir una secuela para Claire hace unos seis o siete años. Fue un desastre. El libro se convirtió en “Una pareja casi perfecta”. Lo que sí tengo en común con Rachel es que es adicta a recuperarse, yo también me recuperé del alcoholismo. No es mi favorito, pero sí es el personaje que siento más cercano.

¿Cuál es su favorita entonces?

No tengo ningún favorito, les quiero a todos como si fueran personas de verdad. Sería como preguntar a una madre quién es su hijo favorito.

En “Otra vez Rachel” tiene mucho protagonismo el centro donde Rachel se desintoxicó hace años y donde ahora trabaja como terapeuta. Usted misma estuvo en un centro de desintoxicación así en los años 90. ¿Está muy centrada la novela en su experiencia allí?

Sí y no. No en la gente que yo conocí cuando me rehabilité, eso sería muy cruel. Los personajes no. Siento un cariño gigante y una admiración muy grande por las personas que están recuperándose, tienen un valor enorme. Llevo 28 años sin tomar una gota de alcohol y he conocido a mucha gente en rehabilitación. Todos venimos de diferentes lugares de la vida, de distintos ámbitos, y para mí era muy importante tener personajes que yo amara. Por eso en la novela me entregué mucho con Tessa, Chawky... son todos personajes tan importantes como los Walsh.

Recordar esa etapa, esos años en el centro de desintoxicación, ¿ha sido doloroso o catártico para usted?

Ni lo uno ni lo otro. No ha sido en absoluto doloroso. Nunca sentí vergüenza. Una vez comprendí que era alcohólica, nunca sentí vergüenza porque no lo elegí, no es un fracaso moral, es algo que me ocurrió y con lo que vivo todos los días. He tenido una vida tan bonita porque lo acepté. Tampoco ha sido catártico porque yo no escribo mis novelas para ejercer esa catarsis. Estoy muy en contacto con los temas que trato, muy en contacto con la realidad… aunque necesito tomar cierta distancia con lo que escribo para hacer un trabajo objetivo, para tener una visión completa. En realidad, fue un placer escribir toda la parte de The Cloisters. Me encantó escribir este libro, mucho más que cualquiera de mis otras novelas, me gustó muchísimo.

Portada del nuevo libro de Marian Keyes, "Otra vez, Rachel" (P&J). | Plaza & Janés

Ha sido pionera en hablar de salud mental, nunca escondió su propia adicción al alcohol y sus depresiones, ¿por qué decidió no esconderlo y hablar de ello abierta y honestamente?

Por muchas razones. Primero, no tengo no tengo límites. No tengo problemas: cuento todo sobre mí desde que soy pequeña, no tengo ningún tipo de limitación en ese sentido. Y, además, nunca sentí vergüenza. Una de mis tías era alcohólica y mi padre siempre nos dijo que ser alcohólico no es algo de lo que uno deba avergonzarse y que rehabilitarse es algo de lo que uno tiene que enorgullecerse. Yo me recuperé cuando tenía 30 años: tenía mi trabajo, un piso, mis estudios, una vida normal de clase media... Pensé que si alguien como yo podía tener este problema con el alcohol, seguramente otras mujeres jóvenes lo tendrían. Pensé: “voy a hablar de mí, esta es quien yo soy, esta es mi experiencia y quizá esto pueda ayudar a otras personas”. No pensé: “voy a cambiar el mundo”. Por último, mi recuperación del alcoholismo empezó con el comienzo de mi escritura. Una cosa paró y otra empezó y ese vínculo es  muy estrecho, estaba muy contenta.

¿Ha ayudado a lectoras?

Sin duda, sí. Yo lo que quiero es que la gente se entretenga leyendo mis libros, pero si la gente aprende con ellos me parece genial. Muchísimas mujeres se han puesto en contacto conmigo.

Lleva muchos años recuperada de su adicción. Con la edad ¿se gana en autoestima y autoconfianza?

Sí, yo sigo teniendo malos días de vez en cuando pero, en términos generales, claro que sí. Yo sé que no le voy a gustar a todo el mundo ni que todo el mundo me va a querer, no pasa nada. Ni yo soy para todo el mundo ni todo el mundo para mí: eso es algo que he comprendido con la edad. Cuando era más joven quería que todo el mundo me quisiera y me dolía tanto cuando no. Pero ahora mismo, no pasa nada. Yo solo quiero ser una persona decente: una buena hermana, una buena amiga... Lo importante es ser buena persona.

Otro gran tema de la novela es la frustración por la maternidad, por no haber tenido hijos... ¿le interesaba especialmente tocar ese tema por lo cercano a su experiencia personal?

Lo que les ocurre a Rachel y Luke no me ha ocurrido a mí. Mi marido y yo queríamos tener hijos y nunca ocurrió. Eso nos produjo una enorme tristeza. Digamos que tardamos en comprenderlo, en asimilarlo. Pero lo que les ocurre a Rachel y Luke, no es mi historia. No lo escribí a partir de la experiencia personal y tuve que investigar y documentarme bien. Rachel y Luke esperan al momento adecuado, eso sí que nos pasó: porque yo estaba escribiendo, porque ahora lo iba a publicar, pasó un año y otro... Cuando Rachel se puso, no se quedaba embarazada y eso también me ocurrió a mí. Pero ella se quedó embarazada y yo no me quedé embarazada nunca. Su pesar tan grande no lo experimenté nunca, por eso tuve que documentarme.

¿De qué manera?

En este caso en concreto hablé con una amiga de una amiga que había perdido a su bebé de siete meses. Ella fue muy generosa conmigo, hablándome de su experiencia. También encuentras muchos casos en Internet, de gente devastada que cuenta su historia. Leí, leí y leí y lo metí todo en mi cabeza para poder asimilarlo y procesarlo. Yo viví lo que le pasó a Rachel como algo real, cuando escribo sobre algo que no he experimentado tengo que documentarme mucho para ser respetuosa: hay muchas mujeres que han pasado por esa experiencia y yo en ningún caso iba a ser insensible con respecto a su dolor.

Es curioso cómo habla de cosas trágicas como una adicción o un aborto sin perder nunca el sentido del humor, ¿cómo hace compatibles la tragedia y el humor?

Yo siempre he sido capaz de reírme de mí misma, mi madre y toda mi familia también. Afrontamos la pérdida y el dolor de esa forma. Es una cosa muy irlandesa, tenemos esa capacidad de reírnos ante la adversidad. Es una técnica de supervivencia. Con este libro me dí cuenta de que hay mucho amor alrededor de Rachel, al igual que en mi caso cuando me han sucedido cosas terribles. Incluso si lo peor ocurre, la gente sigue amándonos: es algo que debemos recordar. Este libro es una historia de amor, no solo sentimental, también de la familia y de los amigos. Es una historia de plenitud.

¿Tiene mucho que ver su propia familia con la familia Walsh, son tan tribu?

Totalmente. Somos un clan. En mi familia somos cinco, tres chicas y dos chicos, y cada uno de nosotros somos distinto a los Walsh. Pero tenemos el mismo sentido de unidad, de conjunto, de familia... Nosotros nos vamos todos juntos de vacaciones y a mí me encanta que estemos todos juntos. El año pasado éramos quince, es maravilloso, nunca estás solo. Me encanta esa sensación de aceptación, yo puedo ser yo y eso es maravilloso.

¿Qué papel tiene dentro de su familia?

Yo soy la mayor, entonces organizo todo. Soy la que controla, la que gestiona. Soy la que organizo adonde vamos a ir en Semana Santa, la que dice: “si no quieres venir no vengas, pero la realidad es: tienes que venir”. Soy la que está en el último peldaño de la escalera diciendo “venga chicos vamos, vamos”. Todo el mundo se ríe de mí y me dicen que soy una especie de sargento, pero alguien tiene que tener esa función (risas).

Marian Keyes. | Dean Chalkley

A usted le salvaron los pasteles y a su personaje, Rachel, la jardinería. ¿Es importante buscar una vía de escape para superar una enfermedad mental?

Sí, por supuesto, es algo que he aprendido. Ahora ya no hago pasteles pero pinto, tengo algunas pinturas en Instagram. No tengo ni idea de pintura, no he dado clases, pero yo lo que hago es coger un lienzo grande y lo lleno de color y al hacerlo organizo mi mente, me encanta. Es algo que ayuda a todo el mundo: tener un rinconcito donde nos podemos hablar a nosotros mismos. Mi marido, por ejemplo, se va a correr al monte; una de mis mejores amigas cocina platos muy elaborados.... Eso hace que nos movamos en un nivel más instintivo, más intuitivo, liberamos una parte de nuestra mente. Al final, así las cosas se desenredan. La pintura es una vía de escape que me ha ayudado muchísimo.

¿Y es cierto que le gusta mucho el mundo de la moda y la belleza?

¡Sí! Hay una marca española llamada Chie Mihara, me encantan sus zapatos y sus bolsos. Ahora estoy centrada en la piel, los maquillajes. Me encantan todas las marcas, siempre quiero probarlo todo. La base de maquillaje de La Mer, de Estée Lauder... Una de las cosas que me gustan de ir a España es Sephora. Aquí no tenemos y me gusta que tiene tantísimas marcas, me sube la moral. También me encantan los bolsos de Loewe.

¡Barcelona sale en su novela!

Me encanta Barcelona. Estuve hace tres años por Sant Jordi y he estado cinco veces en total. Elegí Barcelona como excusa, porque así podía volver para documentarme. Me encanta su belleza y todo ese glamour y la energía que hay en la ciudad.

Allí va Rachel a celebrar su aniversario con Quin. Pero no contaba con que reencontrarse con su ex, Luke Costello, le pone su vida patas arriba. ¿Le interesaba mostrar cómo de imprevisible es la vida?

Sí. Yo en mi vida siempre he esperando ese momento de paz en el que ni me sienta herida, ni tenga celos, ni que nadie me ponga de los nervios... Me dije “a los 40”, y no fue, “a los 50”, y tampoco. Ahora me doy cuenta de que, pese al dolor y pese a lo mucho que me quiera proteger de él, la vida sigue. Cualquier cosa inesperada puede venir de repente. Pero tenemos muchos más recursos de los que nosotros creemos, mucha más fortaleza de la que somos conscientes. Solo tenemos que fijarnos en lo que ha pasado en los dos últimos años, lo que nos preocupaba en febrero de 2020 no era una pandemia mundial. Esto nos ha hecho más humildes. Nos hemos dado cuenta de que no tenemos ningún poder sobre nada.

¿Cuál es la idea de felicidad de Marian Keyes?

Aceptación. Aceptar que siempre hay algo que me va a doler. Y vivir de manera auténtica, ocupándome más de mí misma y de la gente que amo. Luego, yo siempre estoy obsesionada por mi tamaño, por el peso, y me esfuerzo mucho por aceptar mi imperfección en lugar de centrarme en una versión futura ideal de mi misma. Para mí también la felicidad es escribir novelas. Tengo tanta suerte. Y, por supuesto, tener salud.

El lanzamiento de esta novela coincide con los 25 años de “Rachel se va de viaje”. ¿Qué le diría a la Marian Keyes de 30 años si pudiera tener una charla con ella?

Le diría que me encanta su optimismo. Y también lo que ella ya sabe, que la adicción nunca te colma. Hablaría de las cosas que le duelen y de la fortaleza que tiene para superarlas. Que le van a ocurrir cosas malas, no pasa nada, nos ocurren a todos de formas diferentes. Sí que le diría que siguiera adelante, que avanzara y que, independientemente de la edad que tenga uno, uno siempre va a tener la posibilidad de ser feliz. Cuando yo era joven y se acababa una relación pensaba que nunca más sería feliz. Todos volvemos a ser felices. El tiempo pasa, cambiamos y luego todo vuelve a encajar.

Ha sido pionera en el género chick lit. ¿Se ha sentido menospreciada por escribir este tipo de género o incluso por ser una mujer escritora?

Sí, los hombres escriben libros sobre relaciones y son grandes libros. Lo hacen las mujeres y se les mete en ese rinconcillo de literatura para mujeres. Esto lo llevo asimilando tantos años que he comprendido que da igual, que mis libros tienen valor. Los hombres tienen más poder y dinero y no quieren compartirlo, de ahí que nos digan que hacemos cosas estúpidas. Pero es mentira: somos importantes. No todos, evidentemente. Los hay maravillosos como mi marido.

¿Es cierto que ahora solo lee a mujeres escritoras?

En cierto modo sí. Hay muchos escritores que describen a las mujeres muy mal, o como objetos sexuales, y me pone nerviosa. Me interesan más las escritoras. Sally Rooney, Louise O'Neill, Liane Moriarty, Jojo Moyes... Somos una comunidad oprimida y tenemos una vida más rica. Me encantan las mujeres jóvenes, me enseñan muchas cosas.

Es increíble lo que estamos consiguiendo las mujeres, no solo en el campo de la literatura, tras el movimiento #metoo. ¿Cómo siente todo este nuevo feminismo?

Me encanta. Me encanta que seamos más valientes que antes. Pero la mayor parte de los libros que escriben mujeres son feministas. Aunque la autora no se haya propuesto hacer un libro feminista, nosotras escribimos desde la posición de una mujer. Todas deberíamos ser feministas y, en cierto modo, todas lo somos de una forma u otra. Me encantan las mujeres menores de 30, se niegan a encajar en un modelo y tienen una positividad hacia sus cuerpos mucho mayor, genuina.

Antes de despedirnos, ¿volveremos a leer sobre la familia Walsh?

Todavía no he empezado nada, pero yo no quería terminar este libro porque me encanta estar rodeada de estos personajes, así que sí voy a escribir otro libro de los Walsh. Tengo que ver en quién me voy a centrar y cómo, pero no hemos acabado con los Walsh porque me chiflan. Les adoro.