Johny Depp, el libertino domado

El rebelde que necesitaba una copa para aguantar los actos sociales, hoy presume de familia y estilo sin perder su oscuro atractivo.

PAZ MATA

«No les voy a gustar», nos comenta Johnny Depp con una mirada que te atraviesa el alma. En un prólogo de tres minutos, el actor, que encarna al conde de Rochester (poeta, ensayista y alcohólico depravado que escandalizó a la sociedad inglesa del siglo XVII), es el paradigma del carpe diem, el «vive deprisa y muere joven». En un descanso del rodaje de los nuevos “Piratas del Caribe”, Depp se presenta mostrando sonrisa con destellos de oro, cargado de brazaletes, anillos y amuletos, y con unsombrero de fieltro.

¿Cuánto tiempo necesitas para salir de casa?
¿Lo dices por todo esto que llevo encima? Es un rito. Mi hija me regaló este brazalete de goma que pintó, y este amuleto es un recuerdo de mi amigo Hunter Thompson. Me levanto, me tomo el café y me pongo todo siempre en el mismo orden. Extraño, ¿no?

Veo que cuidas mucho la combinación de colores…
Me atrae la ropa de época, sobre todo, los sombreros. Me gusta mirar fotos de 1910 a 1950 y ver cómo se vestían los hombres: abrigo, traje y sombrero, aunque hiciera un calor insoportable.

¿Qué te interesó de la época del conde de Rochester?
El renacimiento de las artes, las ciencias... La sociedad era más liberal, más permisiva. Cuando el ser humano disfruta de libertad es cuando es más creativo. Me atrajo el guión. Me intriga el personaje y sus paradojas: por un lado, es cristiano; y por otro, ateo, poeta y pornógrafo.

Y, a pesar de todo, nos gusta... ¿Por qué?
Cuando empiezas a conocer su vida, a saber que estuvo capitaneando un batallón de jóvenes soldados que murieron en la batalla y que, a partir de ahí, cuestiona la existencia de Dios, acabas justificándolo.

¿Tiene algo en común con él?
Cierta obsesión por la honestidad y el que no me guste que las cosas se vuelvan contra mí.

Viviste un periodo de autodestrucción, como Rochester. ¿Traicionaste tu talento y el amor de tu familia?
Sí. Cuando empecé ser famoso no pude acostumbrarme a toda esa atención. El hecho de ir por la calle o entrar en un restaurante y que la gente me señalara con el dedo, me ponía nervioso. Para soportar todos esos inevitables eventos sociales me refugiaba en la bebida. Era algo autodestructivo...

¿Qué te hizo cambiar?
Mi compañera y mis hijos. El nacimiento de mi primera hija hizo que me pusiera las pilas, que creciera y que viera la vida desde otra perspectiva. Ahora pienso que perdí muchos años siendo un imbécil.