¿Infidelidad en los genes?

Ryan Gosling Eva Mendes

Desde hace siglos la infidelidad es una cuestión que nos perturba. Desconfianza y celos amenazan a las relaciones de pareja, más aún en la nueva era, donde la tecnología ha contribuido, con dudosa efectividad, a este tema que nos quita el sueño.

En esta época en la que la infidelidad parece haberse convertido en trending topic (bien porque se produce con más frecuencia o bien porque se ha casi normalizado en la sociedad), es sabido que el género masculino tiende, bien por genética o bien por evolución biológica, a la promiscuidad. Un estudio de la Universidad de Chicago realizado a un par de años, confirmaba que la infidelidad masculina podría deberse a un gen, concretamente, la variante 334. Sin embargo, la posesión o no de este gen, no determina la acción de la infidelidad, sino la mayor o menor capacidad para detener los impulsos.

Esto era lo que, los estudios realizados hasta ahora, revelaban. Sin embargo, otro estudio reciente, realizado por Brendan P. Zietsch, psicólogo de la Universidad de Queensland (Australia), podría haber corroborado la afección genética en la infidelidad también en mujeres. En un estudio de casi 7.400 gemelos y hermanos finlandeses, los cuales, todos, habrían tenido una relación de al menos un año, el Dr. Zietsch analizó el vínculo entre la promiscuidad y las variantes específicas de vasopresina y los genes receptores de oxitocina.

La vasopresina es una hormona que tiene poderosos efectos sobre los comportamientos sociales como la confianza, la empatía y la unión sexual en los seres humanos y otros animales. Así que tiene sentido que las mutaciones en el gen receptor de vasopresina - que pueden alterar su función - pueden afectar el comportamiento sexual humano.

Durante el proceso, el 9,8 por ciento de los hombres y el 6,4 por ciento de las mujeres admitieron haber tenido dos o más parejas sexuales en el último año. En el estudio, se llegó a una asociación significativa entre cinco variantes diferentes del gen de la vasopresina y la infidelidad (solo en mujeres), y que no existíá relación entre los genes de oxitocina y el comportamiento sexual de uno u otro sexo.

En conclusión, el cuarenta por ciento de la variación en el comportamiento promiscuo en las mujeres podría atribuirse a los genes. Eso es sorprendente, ya que, como el Dr. Zietsch señala, hay muchos otros factores que son necesarios para encuentros promiscuos, como las circunstancias y la disponibilidad de otro individuo, dispuesto y capaz.

Sin embargo, y a pesar de ser el estudio más fiable y extenso realizado hasta ahora, todavía no queda claro que esta teoría solo se dé en mujeres, y que no exista relación entre el gen de la vasopresina y la conducta promiscua de los hombres, como se creía hasta ahora.

Tags _

Síguele la pista

  • Lo último