Missy Elliott

La reina del rap ha elegido la ciudad de Seúl para presentar su última colección Respect ME para adidas y un recopilatorio con sus mejores éxitos. WOMAN ha sido la única revista de toda Europa y América que ha estado allí y la ha entrevistado en exclusiva.

NOELIA COLLADO

Compositora, productora y rapera, Missy Elliott es, por derecho propio, la artista de hip hop más influyente de todos los tiempos. Busca su nombre en los créditos de los hits que baten récords en las listas de ventas. Eminem, Jay-Z, Beyoncé, Christina Aguilera, Lil’ Kim, Mary J. Blige, 50 Cent… Todos quieren colaborar con la rapera de Virginia.
En Seúl, Corea, rodeada de flashes , prensa procedente de todos los rincones de Asia la recibe con los honores de una reina. Un privilegio sólo al alcance de otra mujer: Madonna. La rueda de prensa que precede al desfile de la línea Respect ME de adidas parece una escena de “Lost in Translation”. Con una pequeña diferencia: Missy Elliott parece divertirse mucho más que Bill Murray.
En Asia, como en Estados Unidos, el hip hop es uno de los movimientos urbanos más poderosos. ¿Cómo se explica?
Es una forma de expresión única. No todo el mundo sabe cantar, pero rapear es más fácil. Además, a la gente le gusta bailar, divertirse, seguir el rollo del MC (maestro de ceremonias). Y va a más. Antes, el hip hop se movía sólo en el circuito del gueto. Ahora tienes un crossover de Justin Timberlake con Timbaland, o un single de Missy con Madonna.
Han pasado casi diez años desde que grabaste “Supa Dupa Fly” (1997)…
Sí, quién lo diría. Hace unos días actué en los MTV Video Awards y pusieron mi primer clip. Daba miedo verme. Menuda pinta tenía con aquel maquillaje.
¿Crees que las mujeres han conseguido por fin hacerse respetar en una industria tan machista como la del hip hop?
Sin duda, las mujeres están pidiendo a gritos –¡qué digo pidiendo!–, exigiendo respeto. Sólo tienes que ver a artistas como Beyoncé. Lo hemos conseguido.
No sólo eso, tus videoclips dinamitan el estereotipo arcaico de «tía buena enseñando curvas con minibiquini».
Ni tengo el cuerpo que ellos quieren ver ni va por ahí mi carrera. Lo tuyo es controlar donde de verdad cuenta, en el estudio de grabación, ¿no? Tú lo has dicho. Al principio eran algo escépticos, lo reconozco. Pero poco a poco me permitieron meter baza y producir temas para otros artistas… Ya sabes, aquello de «bueno, quizá sí sabe lo que está haciendo». Y ahora soy yo la que da órdenes y ellos los que obedecen.
En el fondo, les gusta… Todos quieren colaborar contigo. ¿Cómo lo haces?
A veces es duro, porque no siempre te apetece. Hace tres semanas fui a un parque de atracciones de Nueva Jersey. Tenías que verme, disfruté como una enana, porque apenas tengo tiempo libre. Pero es lo que hay. ¿Sabes cuál es el truco? Cuando estoy cansada pienso en la suerte que tengo de poder trabajar con Beyoncé, o llamar a Janet Jackson para grabar un single , o salir de fiesta con Jay- Z. Muchos matarían por estar en mi lugar.
Y dices lo que quieres, como los chicos.
Por supuesto. No es justo que ellos puedan gritar lo que piensan a los cuatro vientos y nosotras tengamos que callar porque no es propio de una señorita decir según qué cosas. Cuando, en realidad, entre amigas, hablamos de todo. Yo soy algo así como la portavoz. Digo lo que los demás no se atreven.
Pero sin el mal rollo del ‘gangsta rap’…
Eso es. A ver, no tengo nada en contra del gangsta. La vida no es siempre de color de rosa; y está bien que haya artistas que expresen su disconformidad con todo lo que les rodea. Pero también creo que la gente necesita divertirse y, la verdad, yo prefiero estar de fiesta. ¿Y qué vas a hacer hoy para divertirte? ¡Irme de compras por Seúl!