La cantante Malú habla con woman.es. | Jesus Briones / GTRES

Malú: "Llevo toda una vida de perfeccionismo extremo, de exigencia enfermiza"

Hablamos con la cantante de la vida, ser madre, el feminismo y de cómo superar su perfeccionismo extremo. Prueba superada y verano feliz, con una gira en la que está disfrutando, asegura, como nunca en su vida.

Paka Díaz | Woman.es

Tras cuatro años de inactividad por una lesión, la pandemia y el nacimiento de su hija Lucía, Malú ha regresado a los escenarios por todo lo alto, con un 'show' muy cuidado en el que repasa su carrera y con el que está disfrutando tanto que se le hace corto cada concierto: "siempre pregunto, ¿ya ha acabado?", cuenta. Se la escucha feliz al otro lado del teléfono. "Lo estoy", corrobora, "y últimamente, me digo: si algo pudiera hacer titubear tu felicidad o hacerte sentir mal, sácalo rápido de tu cerebro y de tu vida sin titubear".


En esta gira, que el tres de agosto recala en Marbella en el Festival Starlite, la artista presenta 'Mil batallas', un disco con el que, asegura haberse liberado. Además, le ha servido para ganar una batalla, la mas dura, contra sí misma: "Llevo toda una vida de perfeccionismo extremo, de exigencia enfermiza y creo que eso no me permitía disfrutar prácticamente nada de lo que hacía".

Ahora, se siente segura –uno de los secretos, confiesa es "mirar más a mi hija, y menos a mí"– y está, al fin, reconectada con su parte más vulnerable y tímida, y no repara en hablar de los cambios cuando te conviertes en madre. "Además de cumplir tu afán de superación, querer seguir creciendo y evolucionando en tu profesión, pero también como mujer, a la vez, quieres ser la mejor madre", confiesa, "tenía un poco ese miedo de querer estar a la altura en todo y no saber si iba a poder, pero luego me he dado cuenta de que se puede hacer. Creo que la capacidad que tenemos las mujeres para lograr tirar de todo para adelante, solo la tenemos las mujeres, por eso tenemos nosotras a los hijos".

Hablamos con la cantante de la vida, del machismo dentro y fuera de la música que ha vivido, nos cuenta, desde sus inicios en la música con 15 años, pero que sigue percibiendo en la actualidad en su relación con Albert Rivera o en las críticas que recibe como artista. Por eso, considera  fundamental la igualdad para garantizar una sociedad mejor y da una herramienta clave para lograrla, la empatía "algo que las mujeres tenemos más desarrollada", explica. Y, sentencia: "Yo creo que el crecimiento de la mujer es el camino para el cambio real, para tener un futuro mejor".


¿Qué ha supuesto para ti tu último álbum, 'Mil Batallas'?

Para mí, ‘Mil batallas’ ha sido un disco super liberador, la verdad. Me lo he tomado con muchísima calma, he tenido tiempo para madurarlo. Incluso sin pensar en la forma nueva que hay de consumir música. Así, he podido contar las cosas como quería y, sobre todo, hacer música sin complejos, sin ese complejo del que veníamos, no solo yo, sino muchos compañeros. Presiento que hemos estado un poco acomplejados durante un tiempo. Para mí, este disco ha sido totalmente liberador porque he hecho las canciones como he querido, las he vestido musicalmente como he sentido cada una de ellas y como me pedía el cuerpo independientemente de lo que sonara dejar a sonar funcionará o no funcionar. La clave ha sido seguir haciendo lo que te sale del alma. Al final, este disco es una historia que empieza con una canción y termina con otra, y todo tiene un sentido. Al escucharlo, puedes llegar a conocer a la persona que te lo está contando, a mí.

¿Cuál ha sido la batalla más dura que has librado?

La más dura y la más fácil al mismo tiempo de quitar, fíjate, ha sido la que tenía conmigo misma. Llevo toda una vida de perfeccionismo extremo, de exigencia enfermiza y creo que eso no me permitía disfrutar prácticamente nada de lo que hacía. Incluso, muchas veces he vivido cosas grandiosas, brutales, preciosas, con la que hemos hecho historia, pero yo quería que fueran tan, tan perfectas, que no era capaz de disfrutarlas. Estos cuatro años en los que he tenido que parar, por las operaciones de mi lesión, la pandemia, tener a mi bebé… Me han obligado a tener que convivir conmigo misma, con esa a la que yo he dejado siempre en casa, porque no me ayudaba. A la vulnerable, la miedosa, la insegura, la tenía un poquito escondida y solo salía cuando yo llegaba a casa. Pero, una vez que convives con ella, te dices ‘oye, Malú, dónde estás, que te necesito’. Y te das cuenta que os habéis fundido al fin en una y ya está, no pasa nada. Por eso, creo que esta es la gira más maravillosa de toda mi vida, tras esos cuatro años, estoy disfrutando como en la vida

Es increíble que hables de tus inseguridades y miedos, cuando aparentas todo lo contrario…

Porque me sale muy bien (risas). Creo que, cuando sales tan pequeñita a un mundo tan adulto, tan difícil como el de la música, con tantas esquinitas, creas a alguien para sobrevivir. O, más bien, no tanto crear, sino sacar tu lado más fuerte sea el que predomina y vas poniendo muros antes cosas que, a veces, lo que te generan es miedo. 


Empezaste en la música con 15 años, pero casi se diría que naciste en ella. ¿Alguna vez te has arrepentido de comenzar tan pronto?

No, arrepentirme no, pero sí que he pasado muy malos momentos…Y otros, maravillosos. A veces, lo pasaba realmente mal, pero en cierto modo, nunca me he llegado arrepentir porque creo que todas las experiencias que he vivido es lo que ha ido creando a la persona que soy. Si no hubiera vivido tantas cosas, hoy no sería quién soy. 


Y ahora que tienes a tu hija, ¿le aconsejarías a ella empezar tan joven?

A mi hija no la dejaría (risas)… A ver, yo vengo de una familia de artistas. Mi madre, con 6 años ya estaba cantando por la radio a cambio de sopas, y le daban un montón, para un año de alimentos se sacaba. Y yo vengo de ahí, de esa familia. Mi padre, con 12 años ya estaba trabajando fuera de España con una compañía y mi tío después se fue con él y tenían 13 o 14 años. Por eso, a mis padres no les pareció una locura, ni le sorprendió, cuando yo dije que quería empezar a trabajar con 15 años. Si mi hija quisiera dedicarse a la música y empezar pronto, por supuesto que la voy a apoyar, pero es un mundo muy difícil y complicado. En mi afán por cuidarla, siempre voy a tratar de protegerla de todo aquello que sé que le puede hacer daño. Eso no quita con que ella luego vaya a hacer lo que le dé la gana (risas).

¿Es duro estar de gira, sin tu hija? ¿Cómo concilian las artistas?

Conciliar, para todas las madres de este siglo y las del siglo anterior, es la misma tarea. No solo te tienes que convertir en una 'superwoman', sino que tienes que tratar de multiplicarte para lograr estar en mil sitios a la vez. Además de cumplir tu afán de superación, querer seguir creciendo y evolucionando en tu profesión, pero también como mujer, a la vez, quieres ser la mejor madre. Creo que todas tenemos la misma ansiedad de conciliación. Al principio tenía un poco ese miedo de querer estar a la altura en todo y no saber si iba a poder, pero luego me he dado cuenta de que se puede hacer. Creo que la capacidad que tenemos las mujeres para lograr tirar de todo para adelante, solo la tenemos las mujeres, por eso tenemos nosotras a los hijos.


¿Qué te gustaría transmitir a tu hija en cuanto a valores, herramientas para su futuro?

Pues mira, los valores en los que a mí me educaron, los valores de la familia, del respeto a la vida, a la música, a las personas, de disfrutar de las cosas que hacemos, a empatizar con los seres humanos, con los animales y los seres indefensos. Creo que esas cosas básicas son las únicas que van a ser capaces de cambiar el mundo. El otro día hablaba del feminismo, del todo el trabajo que, desde hace muchos años, venían haciendo unas pocas, porque eran las pocas que se atrevían a hacerlo. Luego, cada vez nos hemos ido sumando más, hasta llegar a este punto, en el que ya verdaderamente se están cambiando cosas y vamos alcanzando un nivel de igualdad interesante. Aunque creo que nos queda muchísimo por hacer, la única forma de que esto sea real y se convierta en una realidad es el cómo criamos y educamos a nuestros hijos e hijas, para que dentro de dos o tres generaciones, ojalá, ni siquiera tengamos que hablar de esto porque sea una cosa totalmente implantada en la educación y en la sociedad. Nuestra labor es educarles en algo que es lo natural, la igualdad.

O sea, que tú eres feminista…


Pues claro. Yo soy feminista desde el primer pelo que saqué del cuerpo de mi madre. Ten en cuenta que en este país hay un machismo muy arraigado y yo lo sentí desde el principio. Tú, fíjate, con 15 años hago mi primer disco, que hay que esperar los 16 para que salga, y soy hija, sobrina y amiga de artistas. Una chica joven, mona… Vaya, tenía todas las leyes penales, un completo. Se decían ‘vamos a esperar todos con los brazos abiertos, a ver cuando se mete se pega la hostia o mete la pata’. Era muy duro. Incluso ahora, 25 años después, escucho o leo cosas tipo ‘bueno, está ahí porque es la sobrina, la hija o la amiga’. Y te dices a ti misma, después de 25 años de trabajo, ¿todavía estáis con eso?


Y en la música, ¿hemos mejorado en igualdad o queda mucho sexismo por limpiar?

Queda muchísimo sexismo, pero muchísimo y es muy difícil de quitar. Queda mucho por hacer. Si te fijas, son muy poquitas las mujeres que podemos tocar en los grandes estadios y a las que nos dan una cierta credibilidad. Las cantantes soportamos un nivel de crítica más fuerte. A ti te puedes decir que les gusta o no lo que haces, musicalmente, pero con nosotras van más allá, se juzgan cosas que poco tienen que ver con la música.

¿Como lo que ocurre con Rosalía? ¿Qué te parece ella?


A mí me gusta Rosalía muchísimo, me parece una pedazo de artista y una tía que tiene una capacidad brutal para crear lo que le dé la gana, para hacer cosas que, a mí al menos, ni se me había pasado por la imaginación que se podían hacer. Ella tiene un don brutal, el de dejar fluir a su cerebro con las máximas locuras, que al final son unas locuras muy cuerdas, que te enganchan. Me encanta Rosalía como mujer, como artista y como ser humano. Y apoyo absolutamente todo lo que hace porque, insisto, te puede gustar o no te puede gustar, pero lo consigue. Es una ‘genia’ y eso es indudable. 


Qué bonito hablas, Malú, con qué cariño miras todo. Alegra escucharte en estos tiempos en los que sonamos todos un poco extremos, irascibles…


Sí, ¿pero qué pasa qué le pasa a este país?  Yo me preguntó cada día qué es lo que nos está pasando, porque todo el mundo está crispado. Es verdad que lo hemos pasado mal, que hemos estado encerrados y nos hemos sentido muy mal, pero teníamos que salir mejor de todo esto. Hay que conseguirlo. 


¿Qué te preocupa a ti del futuro?
  

Pues algo que me preocupa muchísimo es la empatía. Creo que es fundamental, quizás de lo más importante. Desde la empatía, lo cambiamos todo, transformamos el mundo y podemos conseguir mejorar la sociedad. Solo con un poquito de empatía, en tu día a día. Y es verdad que las mujeres tenemos más desarrollada la empatía. Por eso, yo creo que el crecimiento de la mujer es el camino para el cambio real, para tener un futuro mejor para todas las personas.
 Y, por supuesto, me preocupa una barabaridad la igualdad, de las que ya hemos hablado, y superar el machismo.

En tu relación con Albert Rivera, ¿has sentido una mirada, un juicio machista?


Dentro de mi relación, no (risas), pero fuera, sí y mucho. Pero es que, al final, hay un arraigo machista y nos encanta. Si no, ¿de dónde sacamos la noticia? Pero yo voy a entrar en eso, porque me parece una contaminación absoluta del alma y no la quiero. Yo soy de las personas que miran hacia delante y quieren cambiar el mundo, no quiero retroceder. No quiero que mi hija sepa que eso existía, no quiero que piense que eso es lo normal. Pero sí, se nos juzga desde el machismo, basta con tirar de hemeroteca y leer los titulares que nos han puesto, míralos y valóralos tú misma.

¿Es duro el interés de los medios de comunicación cuando es por causas ajenas a tu trabajo, esos artículos que pueden contener mil mentiras…?

(Resopla) Uf, la forma de llevarlo sinceramente es dándole la menor importancia posible. Como te decía, venimos de una época muy difícil en la que hemos estado encerrado en casa, hemos perdido la libertad y ni siquiera hemos podido abrazar a nuestros muertos. Así que ahora yo no voy a permitir que nada me contamine el alma. Tengo una hija preciosa, una carrera maravillosa y la suerte de poder seguir subiéndome a un escenario y trabajando de lo que realmente me hace feliz y no voy a permitir que nada me haga me oscurezca eso.

Aparte de como artista, te hemos descubierto de una forma más personal en ‘La voz’, un programa que nos ha permitido permitido verte más de cerca, más como tú eres. ¿Qué ha supuesto para ti?

Yo creo que los artistas siempre hemos tenido ese handicap, que se nos valoraba por el tipo de música que hacíamos y las pequeñas entrevistas que dábamos, pero en el fondo siempre nos escondíamos detrás de un micro o de una guitarra y es cierto que‘La voz’ te deja al descubierto, fue el primer ‘talent show’ dónde entraban artistas y nos exponíamos un montón. Al principio, existía un poco el miedo ese de, dónde está mi micro para esconderme detrás. Pero nunca veías las cámaras y eso te ayudaba, porque te olvidabas y se generaba una naturalidad que yo creo que se transmitía a la gente. Para mí, ha sido y espero que siga siéndola, maravillosa. Además, cuándo empezó el programa, parecía que no había cabida para la música en televisión y nosotros, con música en directo, llegamos y lo reventamos. Imagínate la satisfacción, demostrar que la música triunfa en la televisión.

La televisión expone mucho. ¿Tú practicas el ‘body positive’, una mirada con amor a ti misma?  

¿El ‘body’ qué? (risas). Yo, más que con amor, me miro con cariño, pero lo que práctico de verdad es no mirarme tanto. Creo que el mejor gesto de amor que puede tener una mujer consigo misma es mirarse menos. Cuánto más no miramos, más nos pedimos, más queremos y nos acabamos gustando menos. Nos pasa mucho a las que estamos expuestas, porque ya no solo están los espejos de tu casa, sino que, además, te ves en televisión, que todo se amplia, en fotos, en todas partes y te da mucho pie a que puedas dejar de gustarte. Yo, lo que práctico es haber sido madre y haber centrado mis ojos es mirar a mi hija y yo mirarme solo de pasada. Eso ha hecho que me quiera mucho más y que esté mucho más feliz
.

Me encanta, ‘Malú for president’. igual al final acabas tú dedicándote a la política…
  

Sí, por supuesto, no había pensado en otra cosa (risas).


¿Quiénes son tus referentes, tanto en la música como en la vida?

En la música, mi gran referente ha sido mi tío [Paco de Lucía], porque lo he tenido en mi casa y he sentido el respeto a la música, al escenario, a su profesión y al público. Con el tiempo, te das cuenta de que puede haber cantantes que te hayan apasionado, pero de quién aprendí, fue de él. Y como referente en la vida, mi madre, ella ha sido un pilar para mí fundamental del que aprender a ser artista, quizá también, pero sobre todo, a ser persona. Ella decía, ‘con esa tontería no te vas a subir al escenario, el artista no llora, ni hace el tonto’, ella era así.  Ahora que soy madre, quiero ser como ella, lo tengo clarísimo.

¿Tienes algún lema?

No sé si tengo algún lema, pero lo que sí que me digo muchísimo últimamente es: eres feliz, tu familia es feliz, tu gente está bien, estáis todos sanos, tienes una hija sana, sigue siendo feliz y que nada te borré esa sonrisa y ese gesto bonito de la cara, de tu alma. Y, si apareciera algo que pudiera hacer titubear tu felicidad o hacerte sentir mal, sácalo rápido de tu cerebro y de tu vida sin titubear

Has estado cuatro años sin subirte a un escenario. ¿Qué va a encontrar la gente que te vaya a ver a tu gira?


Pues van a encontrar un concierto muy divertido, para mí es el mejor show de mi carrera y lo estoy disfrutando en cada uno de ellos. El espectáculo es súper dinámico, he creado como un recorrido por toda mi carrera y creo que nos ha salido redondo. Fíjate que difícilmente me vas a escuchar a mí hablar así, que siempre estoy intentando mejorar y con mi exigencia…


Oye, ¡que habías mejorado en eso!

(Risas) ¡Es verdad! Mira, lo estoy pasando tan bien en esta gira, que cuando acaban los conciertos, pregunto ‘¿pero ya se ha terminado?’. Lo estoy disfrutando mucho y me siento muy feliz.