Joaquín Sabina: un bombín, un traje verde y pura poesía

Joaquín Sabina hizo temblar el Palacio de los Deportes de Madrid con un concierto donde la emoción, la buena música y la poesía fueron protagonistas.

Garbiñe Continente García

Los sueños siempre aciertan y, para la alegría de muchos y el fastidio de otros tantos, apareció. Sonriente, agradecido, con el traje verde… y su bombín puesto; aunque poco tardó en quitárselo ante el público, su público. Un público que había confiado desde el principio, y también durante esos tres días en los que la incertidumbre se había apoderado de todos nosotros. Pero la confianza, la esperanza y la certeza ganaban la batalla, porque si no, no seríamos de Sabina. Una noche donde la emoción, el sarcasmo, las carcajadas y algo de rock n' roll compartieron escenario con la verdadera protagonista, la poesía. La vida es poesía y ayer, el maestro de la palabra, fue más Sabina que nunca. Una noche de princesas, de palacio y también de las de calle y esquina; de Magdalenas, Contigos… una velada fugaz y efímera, Y sin embargo, una noche eterna para Madrid.El gran maestro de la balada, el mayor artífice de la poesía contemporánea, resurgió tras haberse visto exento de vida en el último escenario, tras haber visto como, a su alrededor, lloraban su entierro. O eso era lo que él creía, porque desde fuera lo veíamos más vivo que nunca, con cincuenta y quince y derrochando la vitalidad propia de una juventud prematura.No hubo cabida para sueños rotos y a mí me quedo la espina, pero volvería a matarme con él si, en algún momento, decide volver a fingir su muerte. Fue una auténtica noche de bodas (en el sentido literal de la palabra) donde nos dieron más de las doce. Una noche de agradecimientos que hoy, todavía con resaca sabinera, toca devolver. Por esa noche, por todas las que le preceden y las que vendrán, porque esas noches siempre sean mejores que los días de después. Gracias por habernos hecho sentir que, contigo, estábamos más vivos que nunca. Gracias por seguir manteniendo viva la música y la poesía, los trajes verdes, el encanto del bombín y el fuego que nunca se apaga cuando estás en Madrid.