Escucha a tu columna, por Verónica Blume

No la vemos, pero su presencia se hace notar en todo lo que hacemos. Casi todos sufrimos de dolores de espalda o de una sensación de carga en algún momento de nuestra vida. Y todo tiene que ver con las emociones que guardamos en esa enorme mochila.

Verónica Blume

A lo largo de nuestra vida tenemos experiencias muy distintas; unas las digerimos y otras no, y éstas van a parar directamente al inconsciente. Aunque el inconsciente nos envía señales constantes en forma de estados anímicos, a veces se nos hace un mundo escucharlas y acaban instalándose en el cuerpo físico, que es un medio mucho mas reconocible, un lenguaje que sí podemos comprender.

Si llevas tu conciencia hacia tu espalda y miras la postura que adopta, aprenderás mucho de la posición que tomas frente a la vida. La forma que tiene tu espalda refleja toda tu verdad, ya que el cuerpo es incapaz de mentir: si está muy encorvada significa que protege un corazón sensible, que ha acumulado tristeza, rabia reprimida o sumisión, entre muchas otras sensaciones que nos han llevado a ‘cerrarnos’.

Existen muchas formas de trabajar la columna para liberar el flujo de vitalidad que fluye a través de ella. El cuerpo es muy agradecido y una espalda liberada de bloqueos produce un cambio considerable en el sabor de todo lo que vivimos. Personalmente, soy una entusiasta del yoga y la quiropráctica. Desde que los practico he aprendido a caminar erguida, a dirigir mi respiración donde más la necesito, encontrando paz no solo con mi físico o mi altura, sino con quien soy y como me muestro al mundo. Sigue habiendo momentos en los cuales la vida me lleva a cerrarme, pero la semilla de la conciencia está y crece en mí, recordándome una y otra vez cómo me sitúo frente a la vida. Si puedo elegir, intento buscar siempre la mejor versión de mí misma.

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