Cómo conseguir que tu cuerpo te pida ir al gimnasio

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Esos seres superiores que aseguran que disfrutan en el gimnasio suelen decir que cuando se lo saltan un día, es el propio cuerpo quien les pide entrenar. El cuerpo les pide actividad física, quemar calorías.

La gran pregunta es cómo lo han conseguido pues a la mayoría de los mortales el cuerpo les pide seguir un rato más tumbado en el sofá. Pues al parecer han conseguido convertir el ejercicio físico en un hábito, y es lo que tienen los hábitos: cuando faltan se les echa de menos.

Llegados a este punto se trata de descubrir cómo se convierte en un hábito hacer ejercicio. Para responder hemos buscado las investigaciones de Ryan Rhodes, profesor de Medicina del Comportamiento en la Universidad de Victoria en British Columbia. En su opinión, lo primero es plantearse una meta realista. “La gente que desde el principio se obliga a ir al gimnasio entre cuatro y cinco veces por semana abandona porque ve que el cuerpo no lo acompaña”.

Lo segundo es no ir contra tu cuerpo. Es decir, no te propongas ir al gimnasio cada día a las ocho de la mañana si sabes que odias madrugar porque a los cuatro días las buenas intenciones acabarán, como tú, debajo del edredón.

Lo siguiente es ponértelo fácil. Para eso tienes que estudiar todos los obstáculos y excusas que puede haber (o que puedes crear) entre el gimnasio y tú. Una vez que las tengas identificadas elimínalas una a una. Por ejemplo: apúntate a un gimnasio cerca de casa o del trabajo, de manera que no tengas que hacer la travesía del desierto para llegar hasta él. Prepara la bolsa el día anterior y ponla al lado de la puerta para que no la olvides. Escoge para ir al gimnasio un momento del día en que estés energética y bien espabilada.

Por último, escoge una actividad o un deporte que te motive, te haga sentir feliz y te dé confianza. Se trata de no ir al gym como quien va al matadero. Los estudios muestran que las personas que no disfrutan su entrenamiento y que lo hacen por disciplina y obligación acaban abandonando. La única forma de hacerse un fan del gimnasio es pasándosela bien. No hay truco.

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