Jesús Vázquez nos viste de primavera

«¿Quieres convertirte por un día en estilista invitado de Woman ?» Él no lo dudó. Sus amigas ya tienen pruebas de su generosidad y buen gusto, así que ponte tranquila en sus manos.

Jesús va vestido de HUGO BOSS; las zapatillas deportivas son CONVERSE ALL STAR.

Cae bien desde la pantalla; de cerca, aún mejor. Le encantó compartir con WOMANsu visión, lúdica, entendida y realista de la moda. Acostumbrado a las cámaras, pronto se olvidó de ellas para meterse en su papel: «¡Pásame esos alfileres para ajustar el vestido!» Miraba, elegía, retocaba a la modelo... Muchas risas compartidas. Jesús tiene una vis cómica que algunos no han descubierto todavía, y una retranca gallega que ennoblece su origen. Es tolerante, conciliador, honesto... Salió del armario porque necesitaba sentirse «una persona de primera», pero ya le cansa que siempre le pregunten «por lo mismo». Se ha convertido en el presentador del momento. Quedan pocos como él, si no existiera, habría que inventarlo.

Te vemos muy bien...

Soy muy consciente, cada mañana, de todo lo que he conseguido, de todo lo que tengo y de lo agradecido que estoy por ello. Al levantar me, sé que me espera un día estupendo. Vendrán reveses, disgustos… Pero será un día maravilloso, porque ya me ocuparé yo de encontrar algo para que lo sea. ¿Soñaste algún día con esto? ¡Ni en mis más remotos sueños! Yo vengo de una familia muy normal, en todos los sentidos: clásica, conservadora, de clase media. Mi padre es militar, funcionario, al fin y al cabo. Yo creía que iba para veterinario y sólo pensaba en tener una vida anónima.

¿Cómo fue el momento de «papá, mamá… Dejo los estudios y me hago artista»?

Pues, resultó bastante duro, porque yo tenía muchas cosas pendientes con ellos, así que decidí soltarlas todas de un solo golpe, para que el trauma lo pasasen de sopetón (risas). Así que primero dije: «Papá, mamá... Quiero ser artista», segundo dije: «Mamá, me voy de casa», y de paso, os digo que no me voy sólo, que me voy con un novio que tengo (risas, de nuevo). Fueron las tres grandes verdades que tuve que soltar, así, casi de sopetón.

¿Cuál fue su reacción?

Mi padre guardó un silencio terrible, calló, miró y no dijo nada, lo que, a veces, es mucho peor. La que habló fue mi madre, habló, lloró y me dij «Sabía lo del novio.» ¡Qué no sabrán las madres! Con el tiempo, todo se suavizó y acabé llevando a lavar nuestra ropa a casa de mis padres, porque mi presupuesto no daba para lavadora. No tenía ni un duro, pero fui el hombre más feliz del mundo.

No pides mucho para ser feliz...

Sólo unas cuantas cosas que, para mí, son importantes. A mí no me hacen feliz las cosas materiales, ni el dinero, ni el reconocimiento, ni el halago. Todo eso está muy bien, pero en el fondo, me da igual. Tampoco me preocupa tener mucha ropa, ni muchos coches. De hecho, no tengo ni una cosa ni otra.

¿Con qué te das por satisfecho, entonces?

Me hace feliz mi pareja, primero. Luego mis amigos, estar en el campo, desconectar, que no me reconozca nadie, el poder pasar inadvertido entre la gente y, por supuesto, poder desarrollar mi lado marujo. Me hace feliz ir al supermercado, elegir la fruta, hablar con el carnicero. ¡Y no renuncio a eso!

El placer de las cosas pequeñas, vamos.

Eso mismo. He tenido amor “estando tieso” y he sido felicísimo, y he tenido una buena posición económica sin amor a mi lado y era como “una vaca sin cencerro”, era un infeliz. Ahora parece que se está combinando todo y estoy mejor que nunca. Mi pareja, Roberto, tiene mucho que ver en esto, claro.

¿Qué hace a Roberto distinto de los demás?

Para mí, es una persona única. Lo primero que le hace diferente es su infinita paciencia para aguantarme, para soportar las consecuencias de mi vida y, sobre todo, para entender mis cambiantes estados de ánimo, ¡que tengo muchos! Él es muy estable y me ayuda siempre a recuperar el equilibrio. Además, es noble, honrado, generoso, sincero, luchador, muy disciplinado y divertidísimo. Me sorprende cada día y me río mucho con él.

Esa declaración de amor es idéntica a la que hacen de ti. ¡Necesito un defecto, por favor!

Pues, tengo muchísimos. Soy inconstante, en seguida me disperso y me canso de las cosas, por eso no llego hasta el final de muchas porque me puede la impaciencia. Soy hipocondriaco, obsesivo de muchas cosas, por ejemplo, de la puntualidad. Tengo una especial tendencia a crearme paranoias donde nos las hay y me preocupo en exceso por todo. Pero quiero creer que alguna de mis virtudes compensará tantas carencias.

¿Lo mejor de ti?

Estoy muy orgulloso de haber conseguido no ser rencoroso, no odio a nadie, no envidio lo que los demás tienen. Con los años, he conseguido desterrar de mí esos sentimientos tan malos y negativos que destruyen primero a quien los padece, y luego a los que lo sufren alrededor. Intento vivir en paz con la gente, procuro dar sin esperar nada a cambio. ¿La verdad? Algunas cositas buenas sí que tengo. Y si todo esto que estás viviendo no dura siempre, ¿qué? Pues, no pasa nada. Mira, mi chico ya va por la segunda ingeniería (carcajadas) y me va a retirar. Lo tengo todo muy bien planeado, ¡qué te crees! Si yo me tengo que ir porque la gente se ha aburrido de mí, o porque yo me canso de todo, pues… Viviré de él.

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