La diferencia está en saber mirar más allá

Tras 18 tratamientos de fertilidad fallidos, Dorien encontró en Tambre una nueva mirada para un caso de fertilidad complejo. Esta es su historia.

Inge sostiene a Cas junto a la paciente Dorien / d.r.

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Woman para Tambre

Dieciocho tratamientos son muchos. Quizá demasiados. Lo son para el cuerpo, para la mente y también para la esperanza. Porque llega un momento en que el desgaste no se mide solo en intentos fallidos, sino en la sensación de haberlo dado todo sin haber encontrado aún la respuesta adecuada.

Eso fue lo que vivió Dorien, una enfermera holandesa, que buscó el embarazo en Países Bajos durante años. Tras los tratamientos y una pérdida gestacional, su historia parecía atrapada en una misma dinámica: seguir intentándolo sin que nadie terminara de mirar más allá.

Su historia dio un giro a partir de una conversación inesperada con Inge Kormelink, CEO de Grupo Tambre. Al escuchar su recorrido, Inge entendió que no se trataba de hacer más, sino de estudiar mejor. De detenerse, revisar con profundidad lo ocurrido en cada intento anterior y buscar respuestas distintas para un caso que claramente exigía otra mirada.

Ese es precisamente uno de los principios que definen a Grupo Tambre desde 1978. Con clínicas en Madrid y Alicante, el grupo se ha consolidado como referente en medicina reproductiva avanzada, especialmente en pacientes que llegan tras varios tratamientos fallidos o en busca de una segunda opinión especializada.

Precisión, tecnología y las manos más expertas en el laboratorio FIV Tambre de Alicante / d.r.

En Tambre, el equipo médico parte de una convicción clara: la personalización es clave. En los casos complejos es esencial analizar cuidadosamente qué ha ocurrido antes y reevaluar, de forma individual, factores que pueden ser decisivos, como el desarrollo embrionario, la implantación, el momento adecuado del tratamiento o las causas médicas subyacentes. Solo así es posible ajustar la estrategia con mayor precisión y ofrecer una medicina realmente personalizada.

Eso fue lo que ocurrió con Dorien. Su caso fue revisado en profundidad y abordado desde una perspectiva más completa, con un tratamiento inmunológico adaptado a sus necesidades dentro de un plan diseñado a medida. Y en ese primer intento en España llegó el embarazo.

A finales de abril, Dorien regresó a Tambre para presentar a su bebé en el lugar donde su historia cambió de rumbo. Un gesto sencillo y profundamente simbólico que resume bien lo que hay detrás de muchos casos complejos: no solo medicina reproductiva avanzada, sino también la emoción de llegar, por fin, a destino.

Lejos de las promesas fáciles, lo que distingue a Tambre es la combinación de ciencia, experiencia y humanidad. Para Inge Kormelink, esa filosofía tiene también una dimensión personal: ella misma fue madre gracias a la fecundación in vitro.

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Por eso tantas pacientes internacionales encuentran en Tambre algo más que excelencia médica. Encuentran una forma distinta de ser acompañadas. Un lugar donde los casos difíciles no se simplifican, sino que se estudian con la profundidad, la sensibilidad y la inteligencia que merecen. Porque, a veces, todo cambia cuando por fin alguien entiende que no se trata de insistir más, sino de mirar mejor.

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