Imagen del final del desfile de primavera-verano de Chanel.

Nosotras vestimos, nosotras decidimos

Chanel despliega todas las armas de la lucha feminista para presentar su colección de primavera. Estampados locos, proclamas y modelos-activistas. ¿Es un reflejo de la realidad? ¿Una tendencia más? ¿Una asignatura pendiente?

Diana Aller | Woman.es

Pervive en ciertos sectores la idea de que la lucha feminista consiguió una igualdad real. Sin menospreciar sus logros, hay que señalar que en ningún modo ha sido así. Hoy, las mujeres que demandan igualdad se cuestionan si quieren de verdad ser iguales –y también iguales a qué o a quién–. Lo que buscamos en estos momentos es un cambio de paradigma. Ya no es el derecho a ser igual, sino el derecho a ser diferente, a cometer errores, a rebajar la exigencia innecesaria.

Si antes el interés por la identidad de género y la igualdad de derechos lo identificábamos con señoras serias debatiendo cuestiones políticas acaloradamente, hoy Lady Gaga, Emma Watson o Lena Dunham han aportado una visión cercana, global y descarada del feminismo. Y las redes sociales e internet han hecho el resto: La filosofía feminista, pétrea y anquilosada en luchas dialécticas, se ha renovado con millones de voces opinando, leyendo, decidiendo y también riendo. El feminismo hoy es una auténtica fiesta de color y esperanza.

Es cultura popular, es sugerente, es accesible… Y es más visual que nunca. Reflejo de este refrescante rumbo se sitúa la moda a nivel mundial. La mujer ya no es un complemento, sino el sujeto activo, protagonista de su historia y motor principal de su vida. Aunque todavía la moda se tilda de superficial, bien podría ser un agente liberador. Se empeñan en decir que la imagen femenina se ajusta a los gustos del hombre, pero es evidente que –sobre todo en los últimos años–, la mujer es representada como un icono tierno o agresivo, seductor o andrógino, artificioso o salvaje… pero siempre con voluntad y deslindado del varón. La moda da una bofetada al patriarcado, creciendo económicamente al margen de otras estructuras y creando un mundo alegre e ideal más democrático y justo de lo que pareciera a priori.

La gran asignatura pendiente de la moda en la feminidad es derribar del todo los estándares y acabar con los uniformes. Entender la moda como vanguardia. Que cada una (y cada uno) adapte su personalidad, su lucha y su humor de cada día a un diseño determinado, en lugar de imitar a la masa. Opciones hay muchas. ¡Y musas también! Por supuesto que no es todo perfecto, todavía se fomentan ciertos estereotipos, pero la moda está muy por delante de otras industrias que asumimos como éticas y, sobre todo, desborda fuerza y alegría hasta el punto de que borra toneladas de represión sexual histórica. Basta ver el descaro de cualquier pasarela, la audacia en el vestir de cantantes como Sky Ferreira o actrices como Reese Witherspoon…

La moda, afortunadamente, es una seña de identidad, de afirmación rotunda de glorificación femenina. En la pasarela y en la calle, la moda es una fiesta feminista deseando ser celebrada.