Estilistas por un día: Raquel del Rosario y Lamari de Chambao

Las invitamos a sumergirse en las tendencias otoño-invierno, a hacer su propio ‘shopping’ y a vestir con él a una modelo. Fue coser y cantar: ¡Contratadas!

MARTA FLORES Y MARTA BONILLA

RAQUEL DEL ROSARIO
Tiene tres hermanas y dos hermanos, por lo que hubo una época en la que Raquel heredaba sin descanso vestidos y pantalones de unos y de otros: «‘Hay que aprovecharlo todo’, decía mi madre, y mi abuela, que era costurera, no paraba de hacer conjuntitos para todos. Eso sí: con la misma tela pero de diferente forma (ríe).» Ella le enseñó a coser y hoy, la cantante de El Sueño de Morfeo –que actualmente prepara su tercer álbum– lleva en la maleta una máquina portátil que le regalaron los Reyes Magos: «En las fotos que aparecen en mi último disco, todas las prendas que llevo las confeccioné yo.» Pero su vida estilística ha cambiado mucho desde que es famosa: «Estudio las revistas de moda como si fueran una Biblia y sigo el trabajo de algunos diseñadores como una verdadera fan. Además, a medida que pasan los años me siento más mujer, y eso hace que mi armario vaya incorporando prendas más elegantes y zapatos de tacón. Soy capaz de renunciar a la comodidad por estar guapa, pero en el escenario hay que ser realista: me decanto por el sport-chic.» Para la sesión de Woman, Raquel se debatió entre los looks de pasarela de Moschino, Burberry Prorsum y Gucci: «No me gusta la provocación excesiva; es más bonito insinuar. Me ha encantado vestir a una modelo porque sé que todo le va a quedar estupendo. Es un lujo saber que te pongas lo que te pongas vas a estar monísima. Sin embargo, yo he elegido lo que creo que le sienta bien a mi cuerpo: sé que mis piernas son muy largas y aprovecho para resaltarlas, pero tengo poca cintura, así que opto por cortes bajo el pecho.» En ello se siente identificada con la actriz Mónica Cruz: «Me fijo mucho en cómo va vestida porque tiene una silueta parecida a la mía. Me gusta porque sabe potenciar sus piernas con minivestidos y taconazos y disimula muy bien otras partes de su figura.» Pero si tuviera que escoger un referente de moda, lo tiene claro: «Kate Moss es única.»
SUS CLAVES
Imagen de marca de Viceroy. También colabora con Ewan, la firma de su compañero de grupo, Juan.
Su firmas fetiche: Etro, Kenzo, Custo y Paco Gil.
En su maleta: «Si es un viaje largo, meto prendas lisas y vaqueros pitillo. Si es corto, pienso todos los estilismos.»
En su armario: «La ropa, por colores; los zapatos, a la vista.»
Su asignatura pendiente: «Los sombreros.»
LAMARI DE CHAMBAO
No sabe qué es Prada, y Viktor Rolf le suena más a título de película de cine que a una pareja de diseñadores. Eso sí: a Stella McCartney la conoce porque es hija del ex beatle Paul McCartney: «Me encanta la moda pero no me fijo en las marcas ni en los diseñadores. Yo soy más de mercadillos, de tiendas hippies, de mezclar cositas de aquí y de allá... ¡Todo lo contrario de Victoria Beckham!» bromea Lamari, de Chambao, que está en plena gira internacional con su último disco ‘Con otro aire’. Acaba de llegar de Suramérica y en los próximos días actúa en Berlín, la ciudad europea en la que, nos cuenta, mejor entienden su música: «Las giras son mi ruina porque en los viajes compro muchísima ropa, collares, bolsos... De Suramérica me he traído un montón de cosas de estilo étnico, que son mis favoritas últimamente. Creo que encajan muy bien con cómo me siento, porque yo me visto según mi estado de ánimo. Soy una persona que odia las caretas y las falsas apariencias en todos los aspectos de la vida, y con algo que te pones encima como la ropa es muy fácil ocultar tu verdadera personalidad.» Para ella, la moda es como la música, algo en lo que vuelca sus sentimientos: «Salvando las distancias, vestirme me ayuda a sacar lo que llevo dentro, como cuando compongo. Por eso, no puedo dejar de ser yo. A veces he sucumbido como todas a ponerme algo que no va conmigo pero me he mirado al espejo, me he visto y he dicho: ‘¿Mari, de qué te has disfrazado?’ No soporto llevar algo con lo que no me siento bien.» Damos fe: en la sesión de Woman, Lamari aplicó esta filosofía no solo a ella misma, sino que se preocupó de que Lucía, nuestra modelo, se sintiera bien con la ropa que había elegido para ella: «Vestir a una chica tan guapa con la ropa que me dé la gana es una experiencia divertidísima. Cualquier cosa que le ponga le va a quedar bien pero es importante que ella no se vea rara. Es algo que aprendí de una mala experiencia que tuve cuando hicimos las fotos de promoción de mi primer disco. En aquella época yo no opinaba para no molestar y me pusieron un vestido negro ceñidísimo y una onda en el pelo en plan Gilda que no pegaba nada. ¡Nunca me he vuelto a sentir tan ridícula! Por eso para Lucía he escogido prendas con un aire hippie que yo me pondría si tuviera su tipazo, sobre todo esas piernas tan largas... Me encantaría ser alta, pero como soy más bien ‘recortaíta’ tengo que ponerme otro tipo de ropa.» ¿Y unos taconazos tan socorridos para esas situaciones? «Soy incapaz de llevar tacones y mira que lo intento... Me he comprado algunos ¡de dos centímetros! pero están muertos de risa en el armario. Me los pongo y pienso, ‘Mari, para cuando seas mayor’. La verdad, si pudiera, iría siempre descalza.»
En este momento de su vida, Lamari se siente «muy disfrutona. Después del cáncer tengo la necesidad de divertirme con todo lo que me rodea: la música, mi familia, mis amigos... también con la moda, ¿por qué no? Para mí, es una forma de pasarlo bien porque no tengo reglas a la hora de vestirme. Me gusta mucho mezclar y personalizarlo todo: siempre hago algún cambio ». Para ello cuenta con la inestimable ayuda de su madre: «Le encanta la costura y la vuelvo loca. Compro una tela o una prenda y en casa intercambiamos ideas y las reciclamos. De un vestido hacemos una falda, de una chaqueta un chalequillo –es una prenda que me gusta mucho porque me encantan las superposiciones, siempre llevo una cosa encima de otra y todo muy suelto. ¡Soy lo menos sexy del mundo! (risas).» Su mayor inversión la realiza en complementos: «No me los compro caros pero soy caprichosa y muy impulsiva, y si veo algo que me gusta no puedo resistir la tentación. Tengo montones de collares y pulseras que me traen recuerdos de viajes, de gente, de cosas que me han pasado en la vida.» ¿Su última ‘joya’? «Un colgante que me recuerda a una fiesta muy especial en una noche con luna llena en El Canto de la Ballena, una playa maravillosa de Los Roques (Venezuela). Es algo que me da muy buen rollo. Hay que intentar vestirnos y llevar cosas que nos transmitan buenas vibraciones.»
SUS CLAVES
Su primer traje de fiesta: «Lo llevé con dieciséis años y me lo hice yo sola con una lycra elástica plateada. Era muy heavy, la verdad.»
En su bolso «Me gustan grandísimos porque siempre llevo la casa a cuestas.»
Se maquilla «Por la noche, me pongo rímel, colorete y me hidrato los labios. ¿Llevarlos rojos? ¡No me veo!»
Presupuesto ‘fashion’: «Prefiero ahorrar para un viaje. ¿Los próximos? Me encantaría visitar el Sáhara e India.»
NATURAL Y SINCERA
Recuerdos de familia: «Soy de origen humilde y la menor de cuatro hermanos. Mis padres se han hartado a trabajar para sacarnos adelante. Antes de dedicarme a la música estuve en una agencia de viajes y cuidé niños.»
En la vida... «Me defino como una persona muy normal, intento que mis reacciones sean naturales.»
El amor es... «Un estado de gracia. Da igual que no te arregles porque estás guapísima, o que se te cuelen en la cola del banco, porque no te molesta.»
Sobre Chambao: «Es mi proyecto vital: la unión del ser humano que soy con la música y la cultura.»
VOZ SOLIDARIA
La ONG Voces es uno de sus proyectos más ambiciosos: «Un día, un grupo de artistas (Antonio Orozco, Hugo Silva, Silvia Abascal, Rosario Flores, Antonio Carmona...) decidimos dejar de quejarnos de las injusticias del mundo y hacer algo para solucionarlas. Así nació Voces, una ong que colabora sobre todo con temas relacionados con la infancia y con proyectos que ya están en marcha. El año pasado, los músicos españoles que la integramos montamos un macroconcierto que funcionó muy bien. Este invierno repetiremos.»
UNA LECCIÓN DE VIDA
El cáncer, en positivo: «No puedo decir que me alegro de haberlo tenido, pero me ha enseñado a vivir de nuevo, a aceptar las cosas, a ser más realista... Escribí un libro, ‘Enamorada de la vida’ (La Esfera) para que mi experiencia sirviera a otros enfermos.»
De la melena al pelo corto: «Me lo rapé el día que me dijeron que se caería por efecto de la quimio. Guardo la trenza de recuerdo. Ahora lo llevo corto para no olvidar que he tenido cáncer. Me miro en el espejo y pienso ‘ándate con ojo que todavía estás en tratamiento’ .»
Sin miedo: «No estoy dispuesta a vivir con él. El miedo paraliza para hacer y sentir otras cosas. ¿Mi filosofía? Dejarme llevar sin pensar en el futuro.»