Greater London

Que la capital británica albergue los Juegos Olímpicos es algo anecdótico y puntual. Londres es, ante todo, la cuna de la efervescencia creativa.

Carmen Melgar

Si la hegemonía del glamur es coto parisino, la estética más polémica es territorio vedado londinense. Y no solo porque en los años setenta un grupo de adolescentes revolucionara la música y la moda a ritmos anárquicos, o porque en los sesenta los jóvenes tomaran las tiendas de Carnaby Street, sino porque la cantidad de figuras excéntricas y excelentes paridas en la Gran Bretaña han hecho de la moda made in UK un sello adorado internacionalmente.

A pesar de que el padre biológico de la alta costura, Charles Frederick Worth, de cuna británica, asentara su maison en la capital del Sena, otros genios de la aguja han preferido extender sus puntadas desde el Támesis. Desde Lady Duff-Gordon, pionera en realizar desfiles, hasta Meadham Kirchhoff, nuevos agitadores de la estética del caos, pasando por Norman Hartnell, diseñador fetiche de las dos últimas reinas de Inglaterra, y Alice Temperley, favorita de Kate Middleton, el listado de diseñadores que han traspasado fronteras es finito pero impecable. Famosa por sus mercadillos, epicentros de lo trendy, Londres lleva décadas ostentando el honor de ser la cuna del shopping.

Aunque mitos como Bazaar y Biba, boutiques de referencia del Swinging London y el Babacool, regentadas por Mary Quant y Barbara Hulanicki, respectivamente, echaron el cierre, Savile Row, arteria principal de la sastrería a medida, sigue comercializando mundialmente sus trajes bespoke.