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Una infiltrada en la alfombra roja del Festival de Cine de Málaga

Silvia Abascal y Malú copan toda la atención en el Festival de Cine de Málaga y una reportera de Woman.es se cuela con ellas para contar un estreno desde dentro.

Paka Díaz | Woman.es

Todos estamos acostumbrados a ver la alfombra roja, ese desfile de actores, actrices, directores y otros miembros de los equipos que hacen las películas. La del Festival de Málaga de este año está llena de color, como si el cine español estuviera celebrando ya la llegada de la primavera y el pistoletazo de salida de una temporada que se sueña trepidante. En esta ciudad, ese ritual es una fiesta pagana donde los brillos alcanzan hasta al público que se agolpa a la entrada del Teatro Cervantes y también a la puerta del AC Málaga Palacio, el hotel del que salen las rutilantes estrellas de las películas que se presentan en este certamen. Pero poco sabemos de cómo es todo este proceso. ¿Qué hacen los actores y los equipos en los tiempos muertos? ¿Qué comentan entre bambalinas? Para descubrirlo, me he convertido en una infiltrada en el estreno de la película ‘Los comensales’, del director valenciano Sergio Villanueva. Mi contacto ha sido la directora de fotografía, Eva Díaz Iglesias que, además de ser un “ángel de la luz”, como la define Villanueva, es amiga de toda la vida.

Por la mañana, tras un delicioso desayuno, acompaño a Eva Díaz a la última prueba de su modelo para la gala a la que va a asistir vestida por el diseñador malagueño Raúl Salado, con un espectacular vestido color blanco roto que lleva hojas de metal en el escote. Tras acabar el estilismo, nos vamos a comer a mi restaurante favorito en la ciudad, Casa de Botes II, donde coincidimos con Helena Taberna, la directora de ‘Acantilado’, y más amigos. Son las cosas de este festival, la ciudad está llena de cineastas y es un privilegio poder conversar con ellos. Tras probar el gazpachuelo con Viña AB y otras delicias, la realizadora navarra nos cuenta que está muy contenta con la recepción de la película en el festival y que por la noche va a asistir al homenaje a la montadora Teresa Font, Premio Ricardo Franco del Festival de Málaga y la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España en esta edición del certamen. Con Helena hablamos de cine, de luz y fotografía, de la importancia del guión pero, sobretodo, disfrutamos de la cocina local malagueña. El calamar relleno de ortiguillas es, por cierto, muy celebrado.

Nos despedimos y ponemos rumbo al restaurante El Pimpi para tomar el café con el equipo de ‘Los comensales’, justo antes de la rueda de prensa vespertina de la película. Allí, Eva me presenta a todos y cuenta nuestros planes. Las bromas no se hacen esperar. Pocos se fían de la prensa, así que pongo mi cara más angelical para reforzar las palabras de Eva. Se trata de acompañarles al estreno, intentar no ‘molestar’, hacerme algún ‘selfie’ con el equipo y tratar de hacer una crónica del proceso que se vive por dentro de la alfombra roja. Nos dan su aprobación y en dos minutos todos andan a los suyo, comentando sus cosas. Me pongo a charlar con Jaime Gona, el joven productor de ‘Los comensales’, que también ha dirigido uno de mis cortos favoritos del año pasado: ‘De los reptiles-saurios en los cafés’, basado en un cuento homónimo de Rafael Azcona y entre cuyos protagonistas están Juan Diego, José Luis García Sánchez o Tina Sainz. Si no lo habéis visto, intentad hacedlo porque es una maravilla surrealista en blanco y negro. Aquí podéis ver el tráiler.

De los Reptiles Saurios en los Cafés // reel from eva diaz iglesias on Vimeo.

Mientras vamos caminando hacia la rueda de prensa, Jaime me dice que no está nada nervioso. Será cosa de productor mantener siempre la calma. “Mantenerla es importante”, me explica, “pero mi tranquilidad se debe a que estamos muy orgullosos de esta película. No se ha hecho nada parecido a esto antes. Por eso lo que más ganas tengo de ver es la reacción del público esta noche”.

Pues sí, ‘Los comensales’ es un experimento. Una película rodada en seis horas que dura apenas 90 minutos. Un ejercicio de improvisación al que se apuntaron los actores y creadores Silvia Abascal, Sergio Peris-Mencheta, Juan Diego Botto, Denise Despeyroux y Quique Fernández. La idea surgió de Sergio Villanueva, actor, director y autor teatral y la desarrolló con Jaime y Eva. La directora de fotografía sugirió hacerla al aire libre, en una comida en la que el público sería el sexto invitado. Y así es. Cuando la ves, te sientes dentro, como un privilegiado espectador de una conversación íntima, a ratos emotiva y otros muy divertida. Los actores se desnudan ante una cámara que parece más que nunca tu propia mirada, explican cómo se enamoraron del teatro y por qué, cuentan historias de sus vidas, de sus miedos, de sus familias… Sorprende escucharles sin miedo alguno hablar de temas muy íntimos. Como de la paternidad. Tanto Quique Fernández, como Sergio Peris-Mencheta y Juan Diego Botto hablan de qué ha supuesto para ellos ser padres, cómo les ha cambiado esa experiencia. Y lo cuentan muy bonito.

A la llegada al cine Albeniz, donde está previsto el ‘photocall’, algunos miembros del equipo aprovechan para hacerse una foto de recuerdo ante el cartel de ‘Los comensales’ en la puerta del cine Albeniz. Un niño me pregunta si Sergio Peris-Mencheta, que está atendiendo a una televisión local, es un futbolista. El crío es del Real Madrid. Le digo que no y se le queda una mirada triste, así que para animarle le cuento que el actor antes era jugador de rugby. Parece que la información surte efecto y lo mira con admiración. Cosas de los amantes de los deportes de cualquier edad. En la rueda de prensa al equipo le emociona la calidez con la que es recibida la película por periodistas y cinéfilos asistentes. Muchos comparten la sensación de sentirse sentando a esa mesa de actores que aparece en el filme. Sergio Villanueva, el director, explica que esa era la intención. Alguien pregunta si era real la naturalidad que aparentan. "Teníamos la sensación de estar entre amigos hablando con total libertad. 'Los comensales' es una película pequeña que defiendo por su honestidad y porque me parece una joya", comenta Silvia Abascal. Luego empiezan a hablar de la luz y de la fotografía de esta obra y Eva Díaz, la directora de foto, acaba emocionada porque el director y el productor la ponen por la nubes.

Una vez acabada la rueda de prensa, salimos corriendo, literalmente, porque queda poco tiempo para prepararse para el estreno. Quedamos con el equipo en una hora para salir juntos del AC Málaga Palacio, el hotel donde se recogen a los asistentes a los estrenos para llevarlos con todo mimo directos a la alfombra roja. Conseguimos vestirnos y arreglarnos en un tiempo récord (mejor no probarlo en casa). Al llegar al hotel, la mayor parte del equipo ya se encuentra en el bar tomando algo. ¿Magia? No, estilistas, maquilladores y peluqueros súper profesionales que consiguen dejar a cualquiera perfecto en lo que canta un gallo.

En el bar del hotel y mientras comemos unas almendras y chucherías -dicen que hay que tomar algo porque el estreno acabará tarde-, la autora teatral Denise Despeyroux reconoce que está nerviosa y también me explica que no está acostumbrada a llevar tacones ni a ir maquillada y con vestido de noche. Es refrescante escucharla tan sincera y sencilla. Como dice Silvia Abascal en la película, la alfombra roja y la exposición de los actores, y sobre todo de las actrices, a los medios y al público es cada vez es mayor. Y a ellas se las juzga con mayor dureza. Ése estar perfectas siempre es como un examen continuo en el que la apariencia lo es todo. Agotador. Lo dice alguien que es una verdadera reina de la alfombra roja. Una actriz que siempre aparece en las listas de mejor vestidas y a la que se le reconoce siempre su elegancia. Y vuelve a acertar cuando baja al hall del hotel con un precioso vestido de seda de Temperley London, acompañada de su representante, María José Martínez Montesinos, Majós, a la que los periodistas adoramos porque ella lo vale. Silvia Abascal saluda a todos y reparte abrazos y sonrisas. El productor Juan Gona, que está a mi lado, comenta que es tan bonita por dentro como por fuera. Y yo le contesto que en Málaga se le tiene un cariño especial, aunque no sea de aquí, es "nuestra niña".

El equipo está reunido en el hall esperando a que vayan diciendo quién tiene que salir en coche hacia el Teatro Cervantes, pero Silvia Abascal decide salir antes para tener tiempo de saludar a la gente que se agolpa en la entrada. Un "guapa" atronador la recibe cuando aparece. Ella va directa a hacerse 'selfies' con los fans a los dos lados del pasillo. Camina con una sonrisa, les dedica tiempo hasta que la avisan para que vaya al coche. Sergio Peris-Mencheta y ella parten hacía el Cervantes y nosotras esperamos pacientemente nuestro turno. Todo fluye muy deprisa y en nada estamos sentadas en un precioso coche con un chofer muy majo y educado. Me pregunto si hacen casting para los conductores, porque son todos muy apañados. En dos minutos estamos bajando del coche al borde ya de… ¡la alfombra roja! El equipo se va colocando para las fotos. Parece obvio que los que más interesan para las fotos son el director, Peris-Mencheta y Abascal. Pero observo cómo ellos tratan de acercar todo el tiempo al resto de compañeros para las fotos. Bonito detalle.

Silvia Abascal posando en los 'selfies' junto al público | D.R.

La sensación en plena alfombra roja es como de caos organizado y de locura total por los flashes y los gritos. Los protagonistas atienden a los medios, contestan preguntas, se hacen fotos con los fans y sonríen sin parar. Al equipo técnico, todos grandes profesionales, se les ve más azorados. Hacen bromas entre ellos y quizá sean los que mejor se lo pasan, sin tener que responder a nadie, ni sonreír tanto. Los organizadores del festival van conduciéndonos a lo largo de la alfombra. Nos guían como a… Acertasteis: ¡ovejas! Es su labor, esta pasarela del cine tiene que ir deprisa porque llegan más estrellas. Se oye rugir a la masa cuando estamos ya al lado de la puerta del teatro Cervantes. Ha llegado Malú, que presenta un documental sobre ella misma y sus canciones. Va impresionante con el pelo recogido y un vestido rojo de manga larga de Elisabetta Franchi. Intento ver qué pasa pero una señorita me indica que ha llegado el momento de entrar. ¡Cachis!

No se dónde nos llevan porque la proyección de ‘Los comensales’ es en el cine Albéniz, situado a menos de diez minutos andando. Nos hacen subir por las escaleras de mármol del Cervantes un par de plantas hasta llegar a una sala acondicionada como bar. Allí hay sushi, makis, trozos de pizza y mini hamburguesas recién hechas que son las estrellas del aperitivo. Vaya, que se acaban tan rápido que no me da tiempo ni a probar una. Los actores más rutilantes deben de haberse ido a otra parte porque no aparecen por esta salita. Aunque para compensar, en una esquina dos camareros preparan con esmero deliciosos gintonics de Larios, esa ginebra malagueña que tan buenos recuerdos me trae. Pido uno y grabo un video con parte del equipo. Al director, Sergio Villanueva, se le ve feliz y le piropeamos por su esmoquin de Francis Montesinos con chaqueta azul noche. Cuando ya llevamos un rato allí nos comentan que unos coches van a venir a buscarnos para llevarnos al Albéniz, donde se estrena la película. Damos las gracias pero Eva y yo preferimos ir andando. Cuando llegamos al cine, coincidimos con el resto del equipo. Hemos tardado lo mismo aunque, la verdad, es más chic llegar en coche con los conductores ideales.

En la puerta del cine nos hacemos 'selfies', bromeamos y charlamos como si fuéramos niños de un colegio que van de excursión. De repente los miro a todos y, aunque sean famosos llenos de glamour, sólo veo a personas ilusionadas con un proyecto en el que se han dejado la piel. Creo que eso es lo que más me impresiona de toda la noche. Los veo entrar al cine, tan guapos y elegantes, presentar la película y, tras el pase -en el que el público ha reído, escuchado con atención e incluso llorado-, vuelven a ponerse junto a la pantalla, ahora blanca, para un coloquio. Están felices, sonríen y comentan cómo fue el rodaje con los espectadores. Quique Fernández toca la guitarra. Contestan preguntas, cuentan más historias y hasta chistes. Todo fluye y, al final, los organizadores tienen que poner punto y final porque nadie quiere moverse pero ya se ha pasado con creces la hora de cierre. Se nota que en esta película hay mucho cariño y muchas ganas de acercar el mundo de la interpretación a quienes la vean. Por eso, en el cine Albéniz, este generoso equipo ha olvidado las máscaras para regalarnos su verdad. Nunca olvidaré la magia de esta noche. Gracias por compartirla.