La artista surrealist Eileen Agar, una de las más prolíficas y osadas de su época, es, a raíz de una exposición en la Whitechapel Gallery, la musa de la colección prefall 2022 de Erdem. | D.R.

Erdem Moralioglu: «Me gusta jugar con los códigos, doblegarlos para hacer algo nuevo e inesperado».

Tenía siete años cuando diseñó su primera prenda: un vestido de cóctel para la Barbie de su hermana Sara. Hoy sigue cimentando un universo particular en la intersección de romanticismo y poder, pasado y futuro, feminidad y subversión. Una revolución hecha de encaje y tul, dice.

Laura Garcia del Río

Forjarse bajo el ala de Vivienne Westwood y Diane von Furstenberg deja huella. Pero la base estaba ahí. De niño se pasaba el día dibujando vestidos. Siempre se fijaba en las faldas de tweed y las combinaciones que su profesora, la señorita Burgess, llevaba a clase. Una noche sus padres le llevaron a ver "El cascanueces" y al volver a casa hizo muñecas de papel de todos los personajes, cada uno con su vestuario. «Estaba claro que no iba a hacer otra cosa», reconoce el diseñador (Canadá, 1977).

Nacido en Montreal de padre turco y madre inglesa, con 28 años y tras licenciarse en el Royal College of Art de Londres, se mudó a la capital inglesa, donde aún vive y trabaja, para lanzar la firma que lleva su nombre y su impronta. Léase: una interacción entre la belleza y la fuerza, lo romántico y lo oscuro, el pasado y el presente. «Siempre tuve una idea clara de lo que era como diseñador», apuntala. No le interesa seguir las tendencias y sin embargo las ha creado.

Con la mujer en el eje, sus colecciones han forjado una narrativa de la feminidad que de alguna manera pavimentó el camino para una muy necesaria redefinición del concepto. «Me gusta jugar con los códigos, doblegarlos para hacer algo nuevo e inesperado». Se rebela con encaje y tul, defiende. Le gustan esas contradicciones. Paradojas que nutren un imaginario cargado de referencias que tienden al historicismo y la subversión –de Siouxsie and The Banshees a la novelista Nancy Mitford– y son la base de colecciones que concibe como narrativas donde los tejidos hacen las veces de caligrafía. «Cuando ves a las modelos en el backstage listas para salir a la pasarela, con todos los looks en fila del primero al último, casi puedes ver el relato», dice el creador.

El diseñador Erdem Moralioglu (Montreal, Canadá, 1977). | Tom Mannion

No son solo prendas. Tus desfiles siempre cuentan una historia. ¿Siente que es tan diseñador como es narrador?

Cuando trabajo en una colección siempre imagino un personaje, lo que le motiva y le inspira, cómo pasa el tiempo, el ambiente en el que vive. Y a partir de ahí, puedo diseñar y crear.

En esa narrativa, los materiales se convierten en el equivalente a tu papel y pluma. De hecho, los estampados son uno de los sellos de la firma. Y los haces usted mismo.

Me gusta la idea de crear cada aspecto de la colección, incluidos los tejidos. Se puede encontrar alegría y expresión en ellos. Pueden ser muy tradicionales, pero también permitirte explorar nuevos avances tecnológicos. Y me encanta que puedes esconder secretos en ellos, que se descubren solo si se observan con atención.

En una industria cada vez más frenética y saturada, ¿cómo de importante es tener una personalidad distintiva, algo que te diferencie del resto?

Lo más importante es tener una perspectiva, un punto de vista y algo que decir. En lo que se refiere a personalidad, tienes que ser sólido y claro con tu visión.

Erdem nació en 2005. ¿Cómo ha cambiado la industria desde entonces?

Mucho. El mundo ha cambiado. Estamos más interconectados y supongo que, especialmente en los dos últimos años, han aparecido formas más innovadoras en la que la moda y la creatividad pueden expresarse. Me encanta la inmediatez del espacio digital, que ha ido a más desde 2005. Pero creo que sigue habiendo espacio para la moda meditada, la artesanía y la belleza.

¿Y cómo han cambiado Erdem –la firma y el hombre– en este tiempo?

Es importante evolucionar. Es imposible permanecer igual durante 17 años; quedarse quieto mientras todo a tu alrededor se mueve incesantemente. A medida que el mundo ha cambiado, lo ha hecho mi trabajo. Se han abierto los horizontes, pero aún queda mucho más por explorar.

Uno de los looks de la colección prefall 2022 de Erdem. | D.R.

Su Instagram es una ventana a su universo creativo: inspiraciones, musas, referencias. Pero rara vez sale usted. ¿Cómo gestiona –o escapa– de la necesidad constante de exposición que parecen demandar las redes y el mundo de la moda?

  Lo que me gusta de IG es que puede ser lo que quieras. En mi caso, no trata de mí. Las colecciones que creo están muy conducidas por personajes y narrativas; me gusta habitar un universo con muchas capas y eso es lo que me interesa explorar visualmente.

Entre sus últimos posts hay un lienzo de Patrick Proctor; un retrato de Pasolini de 1968; Judy Garland y Marlene Dietrich en el estreno de "Ha nacido una estrella"; y algo de Madonna cada lunes, con el hashtag #MadonnaMondays.... ¿Cómo describiría su imaginario?

Soy un amante de la cultura en todas sus formas. No discrimino: la absorbo de todas partes. Me puede inspirar cualquier cosa, desde una obra de arte a un paisaje o una persona. Me gusta la música clásica, pero también adoro a los Pet Shop Boys. Creo que hay mucho a favor de tener la mente abierta cuando se trata de creatividad.

A menudo sus colecciones giran en torno a las historia de mujeres. La p-v 2022 fueron las escritoras Edith Sitwell y Ottoline Morrell. Este o-i son las pintoras Jeanne Mammen y Elfriede Lohse-Wächtler, las bailarinas Anita Berber y Valeska Gert, y la fotógrafa Madame d’Ora. ¿Qué le atrae de estas figuras femeninas?

Adoro a alguien que se salga de las líneas, un personaje fuera de lo convencional que encapsule el sentimiento de otredad. Sitwell y Morrell eran, ambas, mujeres increíbles y enigmáticas que vivieron en la periferia entre el mito y la realidad. Y ocurre lo mismo con las que inspiraron la colección de o-i 2022: eran avant-garde, subvertían las convenciones constantemente y difuminando los límites.

¿Vendrían a ser sus musas?

Una musa es alguien que te da otra perspectiva diferente. Una verdadera musa cambia la forma en la que percibes las cosas y desplaza el curso de tu proceso creativo.

Prefall 2022 de Erdem | Imaxtree

Algunas de las artistas que inspiraron la colección de o-i practicaban el travestismo, desdibujando las líneas de lo femenino y lo masculino antes de que la fluidez de género acaparara el discurso . Ya en la colección de p-v 2019 se inspiró en Stella y Fanny, el dúo formado por Frederick Park y Ernest Boulton, que vivieron como mujeres en la década de 1860. ¿Tiene la moda un elemento transformativo, una faceta que nos ayuda a construir y expresar la persona que queremos ser?

Sin duda. Creo que es de lo que trata la moda. Su esencia es la transformación y la autoexpresión. Hay una enorme belleza en la gente que va un paso más allá y empuja los límites, en el desafío y el cambio.

Aunque suele coger inspiración de episodios del pasado, siempre tocan una tecla actual.

Muy a menudo el pasado puede anunciar hacia dónde vamos en el futuro.

¿Cómo se navega esa intersección entre pasado y presente mientras se busca la relevancia en el ahora?

Pasado y presente pueden coexistir. Uno informa al otro en mis diseños. Puedes mirar a la década de 1930, por ejemplo, y hay un elemento en ella que puede ser totalmente moderno. Se trata más de una sensibilidad.

El moodboard de la colección de otoño-invierno 2022/2023 de Erdem. | Woman

La de o-i es algo más oscura que sus entregas anteriores. ¿Qué le pasaba por la cabeza mientras la diseñaba?

  Una exposición increíble en el Barbican, titulada "Into the Night". Una exploración asombrosa de la embriagadora atmósfera de los cabarets y los clubes nocturnos de la República de Weimar y la cultura que los rodeaba. Pensé mucho en ese momento tan extraño: el brillante lado oculto y los iconos queer de aquella escena que se desarrolló bajo la sombra de la guerra.

El tema de la colección era una continuación del desfile de hombre, la segunda entrega de la línea masculina que lanzó hace poco más de un año. ¿Diseñar moda masculina ha influido en sus colecciones de mujer?

Rotundamente. Se alimentan la una a la otra, y me encanta la idea de que puedan intercambiarse. Me gusta la fluidez de poder coger prendas de ambas colecciones.

Y sin embargo "femenina" es, probablemente, la palabra más usada para describir su trabajo y el universo Erdem. Una palabra en plena transformación. ¿Qué significa para usted?

Cosas diferentes en momentos diferentes. Hay elementos de feminidad en mis colecciones de mujer y de hombre. Me gusta jugar con los códigos, doblarlos para crear algo nuevo e inesperado. Esa fuerza y poder intrínseco a la feminidad me atrae en todas sus encarnaciones. Es algo que merece ser celebrado.

Han comparado su habilidad para entender la perspectiva femenina con la de Flaubert al meterse en la cabeza de Emma Bovary. ¿Cree que ser hombre o mujer cambia el proceso, y el resultado, cuando se diseña moda?

Qué gran halago. Me pregunto si tener una hermana gemela me ha acercado a comprender la psiquis femenina o más bien me ha hecho cuestionarme lo relativo que es el género en primer lugar.

¿Influyó en su forma de ver y vestir la feminidad, de crear moda?

Seguro. Es como tener una versión de ti mismo en mujer. De niño era dos personas en una. Me encantaba jugar con mis Lego y Playmobil, pero tenía acceso a un montón de muñecas. La primera prenda que confeccioné fue para la Barbie de mi hermana: un vestido de cóctel palabra de honor con una falda con vuelo a media pierna y unas puntadas bastante rudimentarias. Aún lo tengo.