Júlia de Paz Solvas: “En los juzgados de violencia de género no se pone en primer lugar el bienestar de los menores”. 

La cineasta firma ‘Harta’, un cortometraje preseleccionado para los Goya, que muestra la violencia de género desde el punto de vista de una niña de 12 años obligada a ver a su padre maltratador. El título lo dice todo.

Anna Caponnetto

La joven actriz Anna Caponnetto, protagonista del cortometraje 'Harta'.

/ D.R.

Preseleccionado para los próximos premios Goya, ‘Harta’, es un cortometraje dirigido por Júlia de Paz Solvas, que pone la mirada en la violencia de género que sufren los hijos e hijas de maltratadores. Lo hace desde el punto de vista de una adolescente de doce años a la que el sistema obliga a ver a su padre, condenado por violencia machista contra su madre, en uno de los Puntos de Encuentro Familiar (PEF). “Algunos niños y niñas incluso se mean encima cuando ven entrar a su padre”, explica la cineasta, que lleva más de cuatro años investigando el tema.

Si 2021 fue el año en el que aprendimos, dolorosamente, qué es la violencia vicaria, este 25N, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, convendría dar un paso más para profundizar en la soledad que viven los menores obligados a encontrarse con un padre maltratador, algo que les produce unos sentimientos ambiguos y muy dolorosos, entre los que se incluyen el miedo y la culpabilidad.

Sin mostrar un solo momento de violencia física, el cortometraje ‘Harta’ da mucho miedo. Realmente pone los pelos de punta darse cuenta de hasta qué punto puede llegar a aterrar un maltratador cuando se trata de tu propio padre. El filme muestra a la perfección los largos y viscosos tentáculos de la violencia machista en quienes tienen como progenitor a un hombre que la ejerce. Para la cineasta Júlia de Paz Solvas (Barcelona, 27 años), la cosa está clara: “Un maltratador no podrá ser un buen padre, porque tiene una dinámica violenta”.

Además, la cineasta pone el dedo en otra llaga, la distinción que se hace cuando no hay violencia física o sexual, como si la psicológica y verbal hiciera menos daño. “Se hace esta diferencia entre violencia directa o indirecta, pero cuando eres víctima, no existe la diferencia, siempre es violencia”, destaca la directora de cine, para quien “por mucho que un niño no vea ejercer la violencia, va a vivir sus consecuencias. Va a escuchar gritos, a ver a su madre con hematomas o va a ver temblar su mano o una puerta rota. Puede que el padre nunca ponga la mano encima al niño o a la niña, pero sufrirá la violencia, seguro”.

‘Harta’ comienza con el ataque de ansiedad que sufre Carmela, una niña de doce años interpretada por la joven actriz Anna Caponnetto, que se llevó la Biznaga de Plata a Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Málaga y el Premio a Mejor Actriz festival Alcine-Alcalá de Henares por este papel. El día de su cumpleaños, a Carmela le toca ver a su padre, interpretado por Julián Villagrán (Grupo 7, El ministerio del tiempo), condenado por violencia de género. Durante todo el filme, esperas que pase algo muy grave. Hasta que te das cuenta precisamente de que no hace falta una violencia sexual o física para destrozar.

Anna Caponnetto

Anna Caponnetto, la actriz protagonista del cortometraje 'Harta'.

En la mirada extraordinaria de Anna Caponnetto se refleja la ilusión de la niña por tener un padre que se preocupa de verdad por ella, y posteriormente la decepción, el hartazgo y el terror. En sus pupilas oscuras se condensa toda la denuncia de un filme duro y necesario, que hace reflexionar mucho. Hablamos con Júlia de Paz Solvas, nombrada en 2021 por la revista ‘Variety’ como una de los 10 talentos españoles del cine a tener en cuenta.

¿Cómo nació la idea del cortometraje ‘Harta’?

Nació porque tanto a Núria Dunjó, que es la guionista, como a mí, nos interesaba introducirnos en el mundo de lo que es la violencia que hay alrededor hacia la mujer, proyectada hacia ella. Empezamos a investigar y hablamos con mujeres que forman parte de asociaciones que trabajan el tema de la violencia machista de toda España, con psicólogas, con educadoras sociales… Después también de mucha lectura sobre sobre el tema, contactamos con Raúl Lizana, para mí el especialista más consagrado en violencia machista y sobretodo en violencia de género proyectada a los hijos e hijas.

¿Qué descubristeis al investigar, tirando de la madeja? ¿Qué es lo que más os impactó?

Al final, empezamos a descubrir y a conocer los casos de los hijos e hijas de estas mujeres a las que estábamos entrevistando, y cómo eran obligados a verse con sus padres maltratadores, porque se consideraba que no se ejercía violencia directa hacia los y las menores, porque no había violencia sexual o física. Dejando la violencia psicológica totalmente fuera de campo. Eso nos impactó muchísimo, tanto a Nuria como a mí. Nos impresionó enterarnos de que a nivel judicial hay unos vacíos espectaculares, lo poco preparados que están en general para trabajar con niños y niñas. También la falta de perspectiva de género en todo este ámbito, no solo en el judicial, sino también en todo el sistema de ayudas y redes, que no está preparado para una problemática que al final es enorme porque no se le ha dado todo el cuidado que se necesita. Así llegamos a ‘Harta’ y al personaje de Carmela, una niña de 12 años que no sufre violencia física, ni sexual, pero sí que sufre violencia constante por parte de su padre y, sin embargo, es obligada a verse con él por la sentencia de un juez.

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Júlia de Paz Solva, directora de 'Harta', con los dos protagonistas del filme, Anna Caponnetto y Julián Villagrán.

/ D.R.

Anna Caponnetto, la adolescente que interpreta a Carmela, está espectacular. Se llevó la Biznaga de Plata a Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Málaga y el Premio a Mejor Actriz festival Alcine-Alcalá de Henares por su papel. ¿Cómo trabajaste con ella?

Trabajar con ella fue relativamente fácil porque aunque sea una niña de 12 años, Anna tiene una inteligencia emocional mayor que la mía y probablemente que todos los que estábamos allí trabajando. Trabajamos mucho desde la confianza y la intimidad. Convivimos juntas, me fui a su casa, a convivir con ella y con sus padres, para conocernos mutuamente. A partir de ahí, charlamos mucho. Yo buscaba la manera de trabajar con ella, sin tenerla que exponer a ninguna violencia en el rodaje. Construimos un diario que Anna escribía desde el personaje de Carmela, de cómo se sentía en su día a día. En el rodaje, ella marcaba todos los límites, no se hacía nada con lo que ella no estuviese de acuerdo. También, en algún momento, le planteaba alguna toma como un juego. Y, por supuesto, fue muy importante el tándem con Julián [Villagrán], que interpreta a ese padre maltratador. Al ser escenas complicadas y muy delicadas, era fundamental que se entendiesen, que se cuidasen mucho entre ellos, para crear un espacio de mucho respeto en el rodaje. 

¿Qué te decía Anna de lo que habla la película, de la violencia de género que sufren también como víctimas los niños y las niñas?

Yo le contaba lo que iba investigando y ella me daba su opinión, que era muy cercana a la mía. Ella, pese a la distancia de su experiencia, empatizaba mucho con estos niños y niñas. De hecho, en momentos más complicados, que le costaban más, decía ‘va, esto lo tenemos que hacer por los niños que están en esta situación’. Es una niña muy inteligente, por eso comprendía la situación que viven. Creo que tiene mucha capacidad de entender al personaje. Anna lo puso muy fácil todo.

Ángela González denunció 47 veces a su pareja por maltrato, pero un juez permitió que el padre se llevara a la niña y esa misma tarde, la mató. Después de toda tu investigación, ¿crees que protege la justicia con prudencia y efectividad a los niños y las niñas que sufren violencia de género? ¿Se pone por delante su bienestar y su seguridad?

Con suerte, habrá excepciones, pero lo que más he encontrado tras cuatro años y pico de investigación es que, en los juzgados de violencia de género, por lo general, no se pone en primer lugar el bienestar de los menores. Este es un tema del que quiero hablar más, porque creo que se habla poco de ello. Lo que pasa es que me da la impresión de que la justicia está cogida de la mano del propio sistema machista, por eso va a priorizar el papel del padre por encima de la protección al menor. Antes de como a maltratador, al agresor se le considera como padre. Además, otro de los grandes problemas es que la violencia psicológica que los condenados por maltrato ejercen con sus hijos e hijas no se tiene en cuenta a la hora de dar la custodia o ejercer el derecho a visitas.

¿Puede un maltratador ser un buen padre?

Yo tengo mi opinión y es que no. Porque el maltratador tiene esta dinámica violenta, no solamente con la pareja, sino que todo lo que esté relacionado con ella también sufrirá esa dinámica, y por supuesto los hijos e hijas. Aunque no sea una violencia física o sexual, será psicológica y verbal. Se hace esta diferencia entre violencia directa o indirecta, pero cuando eres víctima, no existe la diferencia, siempre es violencia. Por mucho que un niño no vea ejercerla, va a vivir las consecuencias. Va a escuchar gritos, a ver a su madre con hematomas o va a ver temblar su mano o una puerta rota. Puede que el padre nunca ponga la mano encima del niño o la niña, pero sufrirá la violencia, seguro.

También violencia psicológica o de control…

Sí, o económica, social. Hay muchas formas de ejercer violencia y siempre van a estar ahí. Sí que hay programas de servicio de atención a hombres, para buscar nuevas formas de relacionarse desde la no violencia. Para mí, no es un no rotundo. Está bien darles ese espacio para ver si lo pueden trabajar y salir de esa toxicidad. Pero en este momento, el problema es que el sistema judicial no escucha a los menores. 

¿Escuchamos y protegemos a los y las menores? ¿Se tiene en cuenta sus opiniones?

Siempre hay excepciones y no quiero generalizar, pero en la mayoría de casos que he investigado, no se les había escuchado.

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La cineasta Júlia de Paz Solvas, autora del cortometraje sobre violencia de género 'Harta'.

/ D.R.

¿Has conocido a niños y niñas que no querían ver a su padre maltratador, que tenían miedo y que les estaban obligando?

Sí. De hecho, yo estaba hablando con María Salmerón antes de que entrara en prisión. Su niña no quería ver a su padre y ella, obviamente, escuchaba a su hija, tenía en cuenta sus sentimientos y la intentaba proteger. Pero mira cómo ha terminado, con María en la cárcel. Su caso es un buen ejemplo, es una representación muy fiel de cómo funciona el sistema. Y no es el único.

Das unas pinceladas bastante claras en el cortometraje pero, por tu experiencia, ¿qué te parecen los Puntos de Encuentro Familiar (PEF) en la realidad?

A ver, los Puntos de Encuentro son unos organismos con el objetivo de reparar, pero, para mí, no hay mucho cuidado. Al final, los trabajadores y las trabajadoras que están allí, aunque no estén muy de acuerdo con la dinámica que tienen allí, se ven obligados a cumplir la ley. Y esa ley dice que el niño o la niña tiene que ver a su padre, porque así lo ha decidido un juez. Para lograrlo, aunque el menor no quiera ver a su padre, le animan a que lo haga y, en vez de preguntarles qué hay detrás de eso, por qué no quieren verle, o, incluso, paralizar esa visita, les conducen a encontrarse con él. Algunas madres me contaron que hay niños y niñas que se mean encima cuando ven entrar al padre. Eso es durísimo.

¿Qué te pedían los niños y las niñas con quienes hablaste?

La mayoría repetían está necesidad de ser escuchados. También hablaban mucho de la soledad con la que viven, porque nadie les cuenta nada de lo que está pasando. Pero básicamente, creo que todos mencionaron la necesidad de que se les escuchase.

En una entrevista a WOMAN, Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, decía que los hijos e hijas de las víctimas viven en un escenario del miedo constante. ¿Es así?

Sí, de miedo y de culpa, porque quieras o no, por una parte sienten que no quieren ir con el padre porque les provoca dolor y terror, pero por otra es su progenitor, así que viven en una ambivalencia. Y suelen sentir una culpabilidad enorme porque nadie les está explicando por qué actúa así su propio padre, ni si está bien o está mal, ni que es normal que sientan miedo. Entonces, los niños y las niñas que viven situaciones de violencia machista al final están muy solos.

¿Hay recursos suficientes contra la violencia de género?

No. Lisa y claramente, no. Te pongo un ejemplo, hay mujeres que han denunciado a su maltratador, que es su pareja, con el que viven y, lógicamente, no pueden volver a su casa. Pero, en vez de tener un espacio seguro para ellas, las mandan a un hostal. Esta es la realidad, lo que está pasando. Estos son los típicos los recursos que hacen falta. Hay recursos, pero no se pone suficiente dinero para proteger a las mujeres maltratadas. Aunque es verdad que la violencia de género está cada vez más sobre la mesa, también es verdad que vivimos en una dinámica machista y patriarcal que siempre ha estado y que sigue estando. Así que sí, creo que faltan muchos recursos.

En una reciente exposición de Frida Kahlo en la Casa de México de Madrid, se incluía un cuadro que ella había hecho denunciando un crimen machista, en una época en que eso se trataba en la esfera privada. ¿Qué importancia tienen las mujeres como creadoras de contenido, para generar temáticas desde su experiencia que nos interesan y de los que hay que hablar más?

Lo que tú has dicho, la experiencia que tenemos nosotras como mujeres no es la misma para nada que la de los hombres. Por eso es necesario contar con esa representación de nuestras experiencias. O lo hacemos nosotras, o no lo hace nadie. Porque un hombre lo hace desde su perspectiva masculina y contará lo que le interesa. Eso pasaba mucho en el cine que los personajes femeninos aparecen muy estereotipados porque porque representaban la mirada del hombre, por eso la mayoría de personajes femeninos aparecían siempre muy complacientes, débiles. Las experiencias y las vivencias que las creadoras vivimos como mujeres son muy distintas a esos estereotipos. Las mujeres somos mucho más complejas de lo que hemos aparecido en las películas. Yo creo que queda un montón por trabajar el tema de la violencia machista en el cine, estamos en ello.

‘Harta’ es una película dura, que emociona mucho. ¿Cómo fue en su rodaje de un tema tan delicado?

El rodaje fue intenso, pero yo no quería que fuera duro en el sentido negativo, no quería que fuera una experiencia traumática para nadie, por mucho que estuviéramos contando algo que sí lo era. Yo lo que busco en todo momento con los actores es escucharles mucho. Si se tiene que parar el rodaje, se para. Lo hablamos y dialogamos todo. Íbamos muy a poco poco, porque lo que estábamos contando era duro, por eso justo había que hacerlo con todo el cuidado posible

El actor Julián Villagrán interpreta a ese padre condenado por maltrato, ese monstruo que intenta ir de guay con su hija… ¿Qué te decía Julián de su personaje, como lo afrontó?

Julián me decía que en algunos momentos lo pasaba mal, porque era duro hacer un personaje así, una persona que está haciendo daño a otra. Si lo conoces a Julián, él es todo lo contrario, es un ángel. Pero es muy profesional y logró meterse en él.

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 Julián Villagrán interpreta en 'Harta' a un padre condenado por violencia de género.

Esta película supone un aprendizaje para la público que la vea y me imagino que también para quiénes habéis participado de ella. ¿Qué has aprendido tú con esa película”

¡Buah! Demasiadas cosas. He aprendido tanto, que estamos haciendo un largo sobre ‘Harta’ Nuria y yo. Ya estamos escribiendo la película, porque hay tantas cosas que hemos ido descubriendo, que, al final, el proceso de investigación no sé detuvo al terminar el cortometraje. Hemos conocido a muchísima gente, nuevas temáticas y nuevas perspectivas y puntos de vista sobre la violencia machista. ¡Incluso una película se nos hace corta! Hemos tenido que seleccionar un montón, pero siempre se nos quedan muchas cosas fuera porque es cierto que en la sociedad hablamos de violencia de género, pero no hemos profundizado todavía tanto en ello como se debería, creo.

El año pasado presentantes ‘Ama’ (2021), una película en la que tratas la maternidad y con la que recibiste dos premios en el Festival de Málaga. ¿Qué querías plantear con este filme?

Básicamente quería romper el mito de la maternidad. Ahí siempre está la exigencia a la madre, cómo un ser perfecto que no puede equivocarse, porque ella marca el espacio de la familia, ella supone máximo cuidado a los demás… Y yo quería romper con todo eso. De hecho, lo que planteamos en ‘Ama’ es que no hay una maternidad, sino que hay tanta maternidades como personas quieren ser madres o padres. La película rompe con esa visión única de la madre, apuesta por la diversidad en esas maternidades y espero que ayude a pensar que como lo hagas, estará bien hecho, porque es tu manera de hacerlo.

¿Qué temas llaman tu atención como cineasta?

Cualquier tema que me parezca una injusticia, me hace sentir ganas de poner las manos en la masa. Por ejemplo, el tema de trabajo sexual también parece alucinante porque hay mucho que contar y mucho que aprender. En general, la sexualidad de las mujeres me interesa bastante es un tema que creo que se aún puede profundizar mucho.

El tema del trabajo sexual es controvertido.

Yo la postura que tengo es que es un trabajo, pero que por supuesto hay que diferenciarlo absolutamente de la trata, que no es lo mismo. Pero en realidad aún estoy construyendo mi opinión, por eso me parece un tema tan interesante.

‘Harta’ ha recibido varios premios, incluido el XIX Concurso Iberoamericano de Cortometrajes Versión Española-SGAE:y ha sido Preseleccionado para los Goya ¿Qué puede suponer ganarlo?

Pues puede suponer que se visibilice el tema que estamos trabajando en el corto, la violencia de género. Ése es mi objetivo principal, que haya gente que descubra esta problemática, que sean capaces de ponerse en la piel de esos niños y niñas a los que obligan a ir a ver a sus padres maltratadores. Además, puede suponer que de cara a hacer la película larga, sea más fácil poder financiarla y hacerla realidad.

¿Es más difícil para una mujer cineasta poner en marcha una película, conseguir la financiación necesaria?

Conseguir rodar, quizás no, pero las condiciones en las que vas a rodar sí que van a ser más difíciles. Es decir, se le da dinero a la mujer para que ruedan pero creo que sigue habiendo una gran diferencia entre la cantidad de dinero que se da a una mujer y la que se le da a un hombre. Las mujeres siempre cuentan con un menor presupuesto.

¿Incluso aunque cineastas como Carla Simón y Alauda Ruiz de Azúa, entre otras, estén arrasando en medio mundo?

Sí, va cambiando y, desde luego, el éxito de ambas es innegable, pero pero todavía se marca una diferencia entre la financiación a una película dirigida por un hombre o por una mujer.

Y, por ultimo, WOMAN va a publicar esta entrevista el 25N, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Tras toda la preparación, el rodaje, lo mucho que imagino que has reflexionado, ¿qué crees que nos falta para acabar con esta lacra que sigue sin disminuir e incluso aumenta en su crueldad, barbaridad?

Exterminar el machismo, pero es algo que va a ser muy difícil de lograr porque está tan arraigado en la sociedad, en todo el sistema, que nos va a costar mucho. Mientras, lo que creo que hace falta es que las mujeres siempre nos mantengamos unidas, que luchemos todas juntas. Hacer una lucha conjunta por nuestros derechos, hacer red a tope y educar en el feminismo, obviamente.

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