Cruz Sánchez de Lara, experta en Derechos Humanos y autora de la novela ‘Cazar leones en Escocia’ (Espasa). | Carlos Ruiz

Cruz Sánchez de Lara: “El machismo hace daño a toda la sociedad”

Abogada experta en Derechos Humanos y violencia de género, además de editora de revistas, Cruz Sánchez de Lara publica ‘Cazar leones en Escocia’, una maravillosa novela que supone un homenaje a las generaciones de mujeres, y también de hombres, que lucharon por la igualdad.

Paka Díaz | Woman.es

Abogada experta en Derechos Humanos y en violencia de género, Cruz Sánchez de Lara (Almería, 1972) acaba de abandonar su carrera como jurista, para centrarse en otras labores que está llevando a cabo. Entre ellas, ser vicepresidenta en 'El Español' y editora de la revistas 'MagasIN' y 'Enclave ODS' del diario. Además, ha puesto en marcha un proyecto humanitario en Kenia para formar y ayudar a reinsertar en la sociedad a mujeres adolescentes que acaban de salir de la cárcel. Entre tododo ello, saca tiempo para su gran pasión: su primera novela, ‘Cazar leones en Escocia’ (Espasa). Con este libro, reconoce que ha convertido un sueño en realidad: “Quise escribir desde niña, aún no me lo creo”, confiesa.

Esta entrevista es especial. La voy a escribir en primera persona para que podáis comprender el por qué. Hace unos diez años, quizá alguno más, conocí a Cruz Sánchez de Lara en casa de una amiga común, que me previno sobre ella. “Te va a encantar, es una abogada extraordinaria y una persona muy divertida”, dijo, y añadió algo que no he olvidado: “Pero, sobretodo, es amiga de las mujeres”. En ‘Cazar leones en Escocia', se refleja ese modo de ser suyo, su sororidad innata no exenta de análisis crítico.

Su amor por las mujeres se percibe en su libro, que narra la historia de una saga de tres mujeres, con las que recorre el siglo XX y los albores del XXI. Una novela que le sirve para hacer genealogía y rendir homenaje a las mujeres que nos precedieron y dar las gracias “a las que respetaron las convenciones, por hacer una renuncia tan grande en su vida", y, sobretodo, "agradecerles, muchísimo, a las que lucharon para que nosotras consiguiéramos los derechos que hoy disfrutamos".

Cruz Sánchez de Lara, experta en Derechos Humanos y autora de la novela ‘Cazar leones en Escocia’ (Espasa).   | Pepe Botella

Su ‘opera prima’ es una novela apasionante, con un sorprendente final que te hace querer más y, además, dice mucho de la mirada de Cruz Sánchez de Lara quien, pese a la dulzura de su voz y sus modos, posee un ojo de halcón, el de esa jurista que ha visto ‘de todo’ en los tribunales, lo que la ha dotado de una gran habilidad para captar la esencia de la gente. Y que, además, la ha convertido en una ferviente defensora de los derechos humanos, que considera “esenciales” para garantizar una sociedad justa.

En tu novela, reflejas las consecuencias del machismo, mucho mayores de lo que parecen…

Cuando me preguntan sobre cómo sufrían las mujeres con el machismo, yo siempre digo, claro, por supuesto, pero los hombres también lo sufrían. El machismo hace daño a toda la sociedad. También a las personas gays, que se ven obligadas a reprimirse y mentir. El machismo es un atraso que no va bien para nadie. 

Tú eres una reconocida abogada, experta en Derechos Humanos y en violencia de género, editora… ¿Cómo te surge escribir esta novela?

Yo llevo escribiendo toda la vida como jurista, es algo que me encanta hacer, pero la novela surge de una llamada de la editorial Espasa, de una propuesta, de esas que nos hacemos las mujeres. Nos tomamos un café y le dije que, en realidad, yo siempre había soñado con escribir ficción, pero me dedicaba a describir la realidad, qué es lo que hacemos los abogados. También le dije ‘mira, yo estoy muy expuesta y no puedo arriesgarme a hacer algo mediocre”. Y ella me dijo, ‘yo tampoco quiero que lo hagas, no vamos a hacer el contrato hasta que las dos estemos seguras de que vales para hacer esto’. El día antes de quedar, yo había escrito 1000 palabras, lo primero que me salió. Y son, exactamente, las 1000 primeras palabras que salen en la novela. Y en poco tiempo, los personajes que iba creando empezaron a cobrar vida. Todos querían dejar su impronta y contar su versión. Así que se convirtió en una novela coral porque, además, yo creo que la verdad es tan relativa, que cada uno tiene suceso de la verdad y de la historia según su punto de vista

¿Es por ese motivo, aunque no vamos a hacer ‘spoiler’, que en el capítulo final, uno de los personajes, uno que no había hablado hasta ese momento, toma la palabra y deja ese cierre impactante del libro?

Efectivamente, fíjate que yo iba a terminar la novela en el capítulo anterior, pero es verdad que había un personaje muy potente, que estaba presente en toda la novela, aunque siempre como secundario, y cuando terminé, fue como si me dijese, ‘aquí hablan todos, menos yo, y quiero contar lo mío’. La verdad, fue un giro totalmente inesperado. Y creo que tiene implícita una lección, de la que las mujeres sabemos mucho. Muchas veces, quiénes van de víctima, no lo son, sino que con el abrigo del victimismo, se han confeccionado un buen traje, uno cómodo. Sin embargo, las mujeres que son víctimas de algo, que han pasado por malas situaciones, nos caracterizamos, la mayoría, precisamente por no querer ser víctimas. Quien no haya leído el libro, lo comprenderá cuando acabe ese último capítulo.

Los personajes femeninos de la novela son muy potentes. Miranda es una niña grande, en pleno proceso de maduración en la novela, a la que su madre, Cata, y su abuela, Silvana, le construyen un entramado financiero para dotarla de Libertad. ¿Es tan importante para una mujer, en concreto, el dinero para tener la libertad? 

Hombre, tanto dinero como ella, no (risas ). La verdad es que, como cuando escribes todo es gratis, yo he construido para Miranda una situación maravillosa. Pero sí que es cierto que ellas dos entendieron que, por la época que les tocó vivir, solo cuando las mujeres son independientes y autónomas económicamente, es cuando pueden ejercer su libertad. Porque en la época en la que ellas vivieron, no solamente tenían el límite de los hábitos sociales y las costumbres, sino también el de las leyes y el económico. Hasta hace muy poco, aunque tuvieran capital de su familia, las mujeres tenían que tener sus cuentas bancarias gobernadas por sus maridos o sus padres. Por eso a Miranda le dan todo lo que ellas sentían que les había hecho faltaba. Creo que es un elogio a nuestras generaciones pasadas, que lucharon para que la actual pudiera vivir en libertad, que es lo que hacen su abuela y su madre por la protagonista.

En el libro haces algo de lo que se habla mucho hoy en los feminismos: genealogía, dar las gracias a nuestras mayores, las que lucharon porque nosotras tuviéramos los derechos que tenemos hoy y que, quizá como la protagonista de tu novela, damos por hecho…

He hecho este homenaje porque estoy muy agradecida a todas las mujeres anteriores, y también a los hombres, que han ayudado para que estemos aquí tal y como estamos. Yo tengo 50 años y creo que hay que echar una mirada atrás. Aunque prácticamente no tengo recuerdos de otra época, sconozco nuestra historia reciente, con madres educadas de forma muy estricta y que se han perdido mucho de la vida, por respetar los convencionalismos y las leyes que había. Y, nuestras abuelas, ni te cuento. A las mujeres se les hacía un corsé, formado por valores, con una varillas muy apretadas al cuerpo, que te convertían en una esclava de las tradiciones. Hay que agradecerles, a las que lo respetaron, por hacer una renuncia tan grande en su vida. Y hay que agradecerles, muchísimo, a las que lucharon para que nosotras consiguiéramos los derechos que hoy disfrutamos. Si no se nos creemos que todo lo que tenemos hoy lo hemos logrado nosotras, estamos muy equivocadas.

En el libro también hablas de nuestra necesidad de que nos amen que nos quieran, ese ‘herpes reincidente’ del que habla Cata. ¿Es algo común en todas las personas? 

Sí, creo que todos necesitamos que nos quieran, lo que pasa es que nos equivocamos en el desarrollo de esa necesidad, porque no tenemos que buscar a alguien que no es bueno para ti. Necesitas un entorno en amor, con tu familia, tus amigos, tu núcleo duro. Ese colchoncito donde caerte y refugiarte. La pandemia nos ha enseñado que el refugio espiritual que tengamos, los corazones cercanos, eso es lo que nos hace sentirnos bien. Ése es el sentido de la vida, querer y que nos quieran, tener con quién compartir.

¿Cómo ha sido el proceso de escribir tu primera novela? ¿Has sentido el miedo a no gustar, el vértigo de la publicación?

No, pero te voy a decir por qué. Yo tuve otro momento de mi vida en el que tuve que aprender la exposición pública, de una forma muy abrupta. Cuando de la editorial me dijeron, ‘ahora tienes que prepararte, porque las críticas serán duras’, les dije, ‘perdóname, yo vengo con los deberes hechos’. Aunque al final he tenido la suerte de que la crítica ha sido muy generosa conmigo. Evidentemente, ninguno somos el sol para gustarle a todo el mundo, pero hay mucha gente a la que le ha encantado y muchas mujeres que me están llamando para decirme que van a hacer cambios en su vida, gracias a mi novela. Yo no tenía una pretensión de gustarle a todo el mundo, solo tengo una pretensión, que me dejen seguir escribiendo. Lo que quiero seguirme gustando yo a través de hacer lo que me gusta. La crítica y los ataques de los ‘haters’, los tengo incorporados en mi vida, aunque me da mucha pena haber tenido que hacer ese aprendizaje.

¿Qué te parece la plaga de ‘haters’ que circula por las redes sociales?

Los evito en lo posible porque no aportan nada. Por eso no estoy en Twitter, pensé que no quería estar en un entorno tan hostil. Pero, sobretodo, me preocupa muchísimo por la gente joven. Yo ya he cumplido una edad, pero me preocupan ellos, que tengan que vivir una exposición tan dura como la que me ha tocado a mí. La gente joven no tiene ni la madurez, ni el poso que yo tengo para intentar poner las cosas en su sitio, algo que no siempre es fácil. En fin, a mí en estos momentos me importan más las ventas que las críticas maledicentes. Yo estoy para hacer rentable a la editorial y que me dejen seguir escribiendo (risas).

¿Hay una reivindicación de la ambición de las mujeres en el libro?

Sí. Yo soy ambiciosa y creo que la ambición es un sentimiento muy puro, porque supone ganas de aprovechar las oportunidades y de crecer con lo que la vida te pone a tu alcance.Pero cuando calificamos a las mujeres de ambiciosas solemos atribuirles una acepción más parecida a la codicia. Si hablas de la ambición de un hombre, es genial. Ss lo haces de la mujer, parece que es un sentimiento malo, de alguien que quiere pisar cabezas. El lenguaje sigue siendo sexista, en ese sentido. Igual que no es lo mismo zorro, que zorra. Y es una pena que sea así. Yo invito a la jóvenes a ser ambiciosas y ser mejores cada día.

¿Necesitamos nuevos arquetipos, más cercanos a las mujeres reales?

Sí. Sería muy difícil tener la perfección de cuerpo de una Kardashian. Creo que Instagram y la esclavitud de las redes sociales, los vídeos de Tik Tok van a ser un peligro para los jóvenes. Yo creo que tenemos que volver a la cultura del esfuerzo. La belleza y la popularidad son valores efímeros, siempre va a haber alguien más bello que tú, más popular, y eso genera una frustración que cuando se genera de manera brutal en la adolescencia, puede conducir a serios problemas de salud mental.

Esos son algunos de los problemas que vive nuestra gente más joven, pero de la Generación Z también enamoran sus valores, esa forma de ver el mundo tan bonita que tienen. Igual deberíamos de aprender de ellos.

Sí, ellos son sostenibles, tienen el alma sostenible, piensan de otra forma distinta a nosotros. Hasta en el consumo de la ropa. Yo ahora a mi hijo le pregunto, ‘¿qué quieres que te compre? Y me dice que nada, que tiene de todo’. Si mi madre hubiera dicho esa edad qué quiere, le hubiera sacado una lista infinita. Es una generación maravillosa pero todo lo que tienen a su favor con la nueva tecnologías, también tienen que saber que posee una parte perversa. Quizá yo esté en plan maternal, pero creo que deberían de tener cuidado. Se lo digo mucho a los jóvenes, no mandéis fotos subidas de tono a nadie, que os pueden hacer daño con ellas. Internet es para siempre, lo que subes a las redes, ahí se queda. Pero no son conscientes de ello. Hay decisiones que se toman demasiado jóvenes y ahora el riesgo es mayor cada vez es mayor.

Dedicas tu libro ‘A las que han sido mis amigas y a las que lo serán’. ¿Te consideras amiga de las mujeres?

Yo tengo a muchos amigos hombres, pero sí soy amiga de las mujeres. Además, creo que los hombres llevan toda la vida haciendo ‘lobby’, y nos toca hacerlo a nosotras. A mí, las mujeres que compiten entre ellas y las cotillas, no me interesan, no me divierten nada. No me sé ningún cotilleo, ni me interesa. Pero cuando veo a mujeres dispuestas a sumar, ése es mi hábitat natural, porque me vuelvo loca aportando. Yo soy creativa, tengo siempre mil ideas y en esos grupos de mujeres, he vivido épocas muy buenas. Las amigas me han acompañado en épocas muy complicadas. Yo creo en el tesoro de amistad femenina, la de mujeres que no rivalizan entre ellas. El otro modelo, me da mucha pereza, y yo a ellas, imagino. Lo que peor llevo es a la gente cotilla, que en vez de estar hablando de cosas útiles, está criticando a los demás. Si no tienes nada bueno que decir, mejor no decir nada.

'Si eras mujer, habías nacido en los albores del siglo XX y querías salirte lo poco que te permitieran de lo común, solo podías hacerlo como una picapedrera del ego', escribes en tu libro. 

Y sigue siendo muy útil (risas). Yo he dejado de ejercer hace cinco meses la abogacía, pero me acuerdo que cuando quedaba con un compañero o una compañera, yo sabía que tenía algo ganado si cuando llegaban les decías algo bonito sobre su corbata o su bolso.Todos tenemos ego, unos lo tiene muy arriba, otros en su sitio, y luego estamos los de las décima baja. Pero, si te sientes reafirmado por tu interlocutor, te relajas y conectas. Si dices algo bonito, que no sea mentira, porque yo miento fatal, pero que sea algo de bueno de la persona contraria, siempre se purifica un poco el ambiente. Si se empieza con reproches, es más difícil remontar. 

¿Cómo era la situación de la mujer en España antes en los años 50 o 60 en España?

La Ley del Divorcio existía en la República, pero luego no. El acceso de la mujer, para que te hagas una idea, a las carreras jurídica, no fue en 1966. Hasta el 78, se penaba el adulterio. Las mujeres no tenían capacidad jurídica para abrir una cuenta bancaria… Nos perjudicaban muchas cosas. Por eso, hay que mirar atrás.

En estos momentos en que una oleada de conservadurismo, ¿crees que podrían estar en riesgo los derechos de la mujer?

Sí, lo están. Se está demonizando al feminismo por unos populismos y por otros. Nadie debería de cuestionar el feminismo ni hacer un mal uso de él. Ni negar la evidencia, que los movimientos de ultraderecha están siendo fatales para la libertad, es muy grave, está ganando muchísimo espacio una ultraderecha que habla de ‘feminazis’, que niega la violencia de género, qué cuestiona a estas alturas cómo te sientes tú o como me siento yo. Discriminar a alguien por sus gustos sexuales sería como anacrónico, antiguo, patético pero sobretodo, sería una violación flagrante de los derechos humanos.

¿En qué época de la historia te hubiera gustado vivir?

En otras, me temo que la situación de la mujer era bastante dura. Si hubiera nacido en el siglo XV, me habría encantado ser monja, porque al final estabas limpia todo el día, no tenías que esperar que nadie llegará borracho a casa, hacías pasteles, cantabas y estudiabas, con tus amigas. Me habría encantado vivir los 60 en Estados Unidas y ser del grupo de Robert Kennedy o estar con Gloria Steinem, en aquella época a a principios de los 70, pero creo que hoy es cuando más cerca estamos de la igualdad y del bienestar, aunque también hay que recordar que estamos viviendo una guerra en Europa que es un riesgo real para todos. Me escandaliza lo deprisa que lo olvidamos.

El otro día leí que estuvimos 20 días poniendo Afganistán y primera página de los medios de comunicación. Luego, despareció de los medios de comunicación.

Es tremendo. Hemos silenciado a las mujeres afganas. También a las sirias o las yemeníes. Todas ellas han perdido derechos. Yo repito mucho una frase de Simone de Beauvoir: ‘No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados’. Tenemos que tener mucho cuidado porque puede ser que nosotras estemos un poco mejor, pero solo hay que mirar alrededor y la pobreza extrema está en aumento, como la brecha digital y la falta de información en derechos sexuales y reproductivos.

¿Qué te ha enseñado tu trabajo como abogada, en concreto los casos de violencia de género?

A escuchar, y lo importante que es para personas que están en esa situación que les crean. No he conocido a nadie que haya pasado por una situación de violencia de género, que deseara mal para su maltratador, que deseara verle en la cárcel o un mal gravísimo para él, sino solamente que la dejarán en paz. He aprendido mucho sobre la valentía, sobre la condición humana y sobre el autoestima de las mujeres. Hay un cómic de una autora canadiense, Rosalind B. Penfold, que se encerraba en el baño para escribir su historia. El libro se llama 'Quiéreme bien'. Yo creo que todas nos merecemos que nos quieran bien. 

En 2011, fundaste la ONG  THRibune for Human Rights. En la actualidad, ¿qué labor estás haciendo en temas humanitarios?

Mi proyecto de Kenia ya está en marcha. Se trata de un proyecto para dar formación a mujeres jóvenes para reinsertarse cuando salen de la cárcel,. Me vínculo en otras causas en la medida en que puedo, pero hasta que no termine el proyecto de Kenia, no empezaré otro. Creo que lo mejor es que sean pequeños, garantizar que funcionan y cuando ya estén rodando, entonces sí empezar otro proyecto.   

Y, por último, ¿estás ya pensando en una nueva novela?

Yo he descubierto a todo el mundo una forma de ser feliz que es muy barata, así que pretendo seguir escribiendo. Ahora mismo, estoy totalmente volcada en la promoción, me he graduado de un máster de derecho internacional, derechos humanos y derecho humanitario en la American University. Aunque defiendo que no somos jóvenes, sino maduras, espero que la madurez siga siendo un espacio de aprendizaje y de sorpresa y de vivir sueños. Por eso fui a Washington a tirar mi birrete y a celebrar. Creo que ser joven es tener 30 años, a partir de ahí creo que entramos en la madurez y está bien. Vamos a ponerle nombre, a disfrutar de ello y a sentirnos felices de estar en ese momento de nuestra vida, siempre aprendiendo.