La casa de Bernarda Alba, por Lady Desidia para el libro 'Las mujeres de Federico', de Ana Bernal-Triviño. | Lady Desidia

Ana Bernal-Triviño: “Todas las violencias machistas, el silencio y la culpa que Lorca reflejó en su obra siguen ocurriendo hoy”

La periodista publica ‘Las mujeres de Federico’, su primera novela, ilustrada por Lady Desidia, en la imagina cómo serían las protagonistas de Lorca si vivieran en el siglo XXI. Lo analizamos en el 25N, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. 

Paka Díaz | Woman.es

Cualquiera que siga la trayectoria de la periodista Ana Bernal-Triviño, sabe de su amor por Federico García-Lorca, al que incluso ha escrito cartas como articulista en diversos medios. Ahora, la Profesora en la Universitat Oberta de Catalunya y colaboradora en El Periódico o Las Mañanas de la 1 en TVE, ha transformado esa pasión en una preciosa novela ilustrada, dedicada a él, ‘Las mujeres de Federico’ (Editorial Lunwerg).

En el libro, la autora imagina que él vuelve para charlar con algunas de sus protagonistas. Mujeres que se reúnen y se unen para hablar, para entrelazar destinos, sabiduría y risas. Y se produce la magia. Con la fuerza de las palabras de Bernal-Triviño y los exquisitos dibujos de la ilustradora Vanessa Borrell, más conocida como Lady Desidia, las mujeres cobran vida ante la mirada asombrada de la lectora. La luna, la huerta, el sonido eterno del agua. Federico ha vuelto. Sin embargo, el libro no se queda en la poesía, sino que mira a la realidad, como solía hacer Lorca.

Por eso, hay mucho de las violencias a las que se enfrentan las mujeres entonces, ahora, en esta novela hermosa que a ratos hace reflexionar profundo. Hablamos con Ana Bernal-Triviño de su libro justo el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, de esas violencias que aún permanecen en nuestra sociedad: "Siguen todas, la física, la psicológica, la sexual, la social… Hoy día nos siguen matando, violando, maltratando. Y dos cosas que comparten todas las protagonistas, el silencio y la culpa, lo que más arrastramos todas las mujeres y lo que más nos cuesta romper y dejar de lado para avanzar", nos recuerda. 

D.R.

¿Cuándo y por qué te enamoraste de Federico García Lorca y por qué decides escribir este libro?

Fue cuando tenía 14 años en mi instituto, cuando me enseñaron ‘La Casa de Bernarda Alba’, que me cautivó. Y, desde entonces, Federico siempre ha estado en mi vida como si fuera una persona cercana, querida, porque me ha dado muchas lecciones, no solo con su literatura sino en sus cartas personales. Siempre que lo he leído he pensado qué pasaría con las mujeres de Federico, e igual que con ellas, con las mujeres reales de la España de entonces, si sus vidas pudiesen ocurrir hoy, con más derechos. Y creo que ya era el momento de afrontarlo, porque además, a veces tengo la sensación de que el relato sobre la historia y derechos de las mujeres tiene un tope. No todo el mundo va a comprar un ensayo feminista o un libro de nuestra historia, así que era una forma de acercar esta realidad a través de unas protagonistas a las que conoce todo el mundo.

¿Por qué crees que él tenía esa conexión con las mujeres?

Federico vivió muy rodeado de mujeres, las escuchaba mucho y aprendió de ellas qué les sucedía. Por ejemplo, para Doña Rosita se inspiró en una de las mujeres de su familia, muy cercana. Cuando no era familia, eran vecinas o conocidas, como Bernarda Alba. Siempre estuvo muy atento a la vida de las personas más vulnerables y oprimidas. Y todas plantean temas universales que hoy día se sigue hablando, como la maternidad, el deseo o el matrimonio.

¿Qué crees que pensaría Lorca del momento actual que viven las mujeres y el colectivo LGTBI?

Supongo que ante cualquier discurso político que ataque a las mujeres, como hoy día ocurre con más fuerza, Federico intentaría como siempre denunciar esa realidad a través del arte. Pero también lo que decía Federico en sus textos era siempre muy incómodo para una sociedad conservadora, su mensaje era revolucionario.

Ana Bernal-Triviño, periodista y autora de 'Las mujeres de Federico'. | D.R.

El Federico que aparece en el libro no tiene problema en reconocer errores, como no dar nombre a algunos de los personajes –Novia, Zapatera…–. ¿Era Lorca un pionero de la nueva masculinidad?

A mí no me gusta hablar de nueva masculinidad, no debe ser nueva, es que si se eliminaran todos los mandatos de genero que rodean a la masculinidad o la feminidad tendríamos lo que verdad necesitamos, una sociedad de mujeres y hombres libres de estereotipos y mandatos que los condicionen. No obstante, no es que Federico reconozca que eso fueron errores, sino propósitos, todo en Federico estaba muy calculado, hasta la forma de nombrar. Tampoco tenía nombre Zapatero o Novio en ‘Bodas de Sangre’.

Entre la ilustradora Vanessa Borrell, Lady Desidia y tú, habéis conseguido dar vida a los personajes de esas mujeres que aparecen en la obra de Lorca. Es increíble verlo ante tus ojos de lectora. ¿Cómo has hecho para comprender a cada una de sus protagonistas en su contexto y traerlas al mundo actual?

Pues he tenido que hacer un ejercicio de empatía que antes, cuando las leía, no hacía de forma tan profunda. Ahora he tenido que analizarlas mucho psicológicamente, en sus palabras, en su forma de estructurar el discurso, en su visión ante la vida, y además en cómo podían relacionarse entre ellas. Mujeres de diferentes obras con diferentes historias, ver sus puntos en común y por dónde podrían entrar unas a otras en un diálogo. Pero, por otro lado, yo también he tenido la fortuna de tener unas mujeres en mi vida, en mi Andalucía, cercanas a lo que las protagonistas de Federico sienten. Y también he hablado mucho con víctimas y aquellos personajes que más sienten la violencia de forma expresa. Ese bagaje mío profesional me permitía comprender o calcular mejor qué reacciones podía tener esas mujeres tras los traumas que habían vivido.

¿Cómo ha sido el trabajo con Lady Desidia?

Ha sido un lujo. No he podido tener mejor compañera de camino, es una hermana a la que no le suelto la mano ya y esto nos acompañará siempre. Desde el primer minuto hemos estado conectadas, intercambiando impresiones, sugerencias, planteamientos o problemas. Necesitaba a alguien como ella, con un trazo definido, que captara la atmósfera lorquiana y que, a la vez, le diera luz. Este era un libro de reinicio, de vida, de mucha luz, claridad, que se oliera a Andalucía. Y lo ha conseguido.

Doña Rosita, por Lady Desidia. | Lady Desidia

¿Qué violencias, de las que experimentaron esos personajes femeninos de Lorca, continúan a día de hoy?

Todas. Es que parece que hemos conseguido ya todo y no. Siguen todas, la física, la psicológica, la sexual, la social… Hoy día nos siguen matando, violando, maltratando. Eso no ha desparecido. Y siguen dos cosas que comparten todas las protagonistas, el silencio y la culpa, lo que más arrastramos todas las mujeres y lo que más nos cuesta romper y dejar de lado para avanzar. Ese es el primer camino que ellas deben emprender.

Además de tus múltiples trabajos, este año has estado en el foco por tu colaboración en los debates en torno a la docuserie de Rocío Carrasco. ¿Por qué decidiste estar ahí, qué te parecía importante comunicar?

Pues, también, porque al igual que decidí saltar del ensayo a la novela porque había un techo de cristal de que el mensaje llegara a la sociedad, era consciente de que no todo el mundo accede a medios o canales y programas donde yo suelo participar. Lorca siempre decía que había que alejarse del teatro de la burguesía y meterse en el fango y esto era así. Era llegar a un público diferente, una oportunidad de hacer pedagogía en ‘prime time’. A estas alturas quienes me criticaron o me dejaron de hablar por ir, me da igual, porque lo importante es que vaya donde vaya, siempre se me acerca una mujer que dice que se salvó por ese programa, por lo que aprendió. Porque en él se reconocieron como víctima y le pusieron nombre a lo que estaban vivendo. Aunque hubiese sido salvar solo a una mujer, hubiese merecido la pena, pero es que han sido muchas. Quien quiera seguir haciendo solo discursos en una dirección, yo lo respeto, pero yo siempre intentaré llegar a todo el mundo posible, porque frente al fuerte negacionismo, necesitamos cualquier espacio que nos ofrezcan. Has recibido acoso y amenazas por tu participación en esa docuserie.

Mientras leía tu libro no dejaba de pensar en las limitaciones de las mujeres, entonces y ahora. ¿Qué hay de eso en la persecución que has vivido?

Bueno, entre los machistas no se persiguen. He estado en provincias y pueblos hablando con mujeres que me decían que sus maridos les quitaba el mando de la tele porque no les dejaba ver el documental, porque decía que ese mensaje a ellas no les iba bien. El machismo sabe cómo actuar en todas las esferas, y si eres la periodista incómoda que le está abriendo los ojos a tu pareja y eso te interpela a ti como hombre, eso provoca ira, rabia y odio hacia mí. Me ha demostrado dos cosas, que la sociedad sigue siendo muy machista y que, por lo tanto, la sociedad no tiene ni idea de qué es la violencia de género y del alcance que tiene. Creemos que estamos avanzados como sociedad en este tema y no, no tanto. Porque de haberlo sido así, yo no hubiese necesitado explicar qué era la luz de gas o la violencia vicaria, la sociedad ya lo tendría asimilado, no hubiese sido una novedad, y las mujeres víctimas de ello se hubiesen salvado mucho antes. Para muchas, solo ahora se le ha puesto nombre a lo que les pasaba.

Y por último, en’Las mujeres de Federico’ hay mucho de celebración de vida, de libertad. ¿Cuál sería tu mensaje a quien lo lea?

Yo me quedo siempre con el mensaje de Federico de que hay que vivir la vida con alegría, como un deber. Y eso no indica rechazar el dolor, porque existe y nos hace humanos, sino reconocer la felicidad cuando está cerca. Federico decía que él era de esas personas que podía pasar del lamento más profundo a la sonrisa de forma rápida, porque aunque su vida pasaba por tormentos personales, siempre encontraba algo para sonreír. Hemos pasado y seguimos en una pandemia y este libro es un canto también a la vida, a expresarnos, a la libertad y al ‘carpe diem’ antes de que la vida se acabe. Es reflexionar sobre el aquí y el ahora y el aprovecharlo, que mañana no se sabe.