Vacaciones con solidaridad

Hay viajes que nos cambian por dentro y por fuera porque van mucho más allá de un paisaje o una moda. María se fue a Santo Domingo con ganas de ayudar; en su diario nos explica todo lo que se trajo de vuelta.

María Molins

Organizar un operativo médico, dirigir un taller de manualidades para niños huérfanos o dar charlas de alimentación e higiene a mujeres indígenas son varias de las muchas vacaciones solidarias en las que puedes invertir tu tiempo de ocio. La periodista María Molins, una de las becarias con ganas de WOMAN, ha vivido esa experiencia en primera persona. En este reportaje nos explica cómo conocer a gente que sobrevive en realidades muy diferentes a la nuestra cambia nuestra perspectiva del mundo. Ser solidarias es un viaje de ida y vuelta donde la ayuda es mutua.

La sonrisa puede con la miseria
«Durante el verano de 2004, decidí embarcarme en un viaje solidario junto a un grupo de amigos. Fuimos a Santo Domingo (República Dominicana). La Fundación Codespa nos ofreció la oportunidad de ver de cerca la dura realidad en la que viven millones de personas. Eso nos hizo salir a golpe de realidad de nuestra burbuja de privilegios.»

Pasamos cinco semanas colaborando en distintos proyectos de desarrollo que se llevan a cabo en una zona extremadamente pobre, devastada por las inundaciones del río Ozama ese mismo año. ¿Por qué hasta la naturaleza se ceba en los más desfavorecidos? Cada mañana nos dirigíamos con un pequeño autobús al barrio de La Barquita. Encabezados por un grupo de promotoras de salud locales y de defensa civil, llegamos a numerar un millar de casas, dimos nombre a las calles, censamos a las familias y analizamos las condiciones sociosanitarias del lugar. Reconstruíamos la historia de lo que el río se llevó. En cada hogar oíamos historias de supervivencia y desamparo, pero la dureza de los testimonios renovaba nuestras fuerzas para seguir desempeñan do nuestro trabajo sin descanso. Recuerdo con especial añoranza los rostros de los niños. Alegres y confiados pese a todo. ¿Qué hará ahora Ashley, que con siete años se ocupaba de sus tres hermanos porque su madre trabajaba de sol a sol? »

Creo que mientras permanecimos allí no fuimos conscientes de los resultados de nuestro esfuerzo. Teníamos días grises. Cuando nos íbamos a la cama nos preguntábamos por qué habíamos decidido pasar el verano sin agua ni luz y echando de menos a las personas más cercanas. Pero al levantarnos, encontrábamos la respuesta: allí estaban Moisés o Iraiki. Listos para otro día.»

A la larga, también compruebas que se obtienen resultados materiales. Con el dinero que recaudamos en España organizamos un operativo médico gratuito en el que atendimos a las cuatrocientas familias más necesitadas y entregamos los medicamentos necesarios a la comunidad. Nunca en mi vida me había sentido tan útil. »

Durante la estancia te sientes observada y, a la vez, te sorprendes a ti misma analizándolo todo. Quieres exprimir al máximo cada instante, hacer mil preguntas e inmortalizar todos los momentos a través del objetivo de tu cámara. Sólo puedes digerir lo sucedido una vez estás de vuelta. Allí, lo experimentas; aquí, lo asimilas.»

Lo que me traje en la maleta
«Fue un mes de intensas emociones. Hablando con otra gente que ha pasado por una experiencia similar a la mía vemos que estamos de acuerdo en ciertas cosas. Al volver, es fácil que te sientas excesivamente afortunado… y egoísta, porque crees que desde tu posición de privilegio no puedes ayudar. Luego te percatas de que eso no es cierto; si cada uno de nosotros aportamos nuestro granito de arena, por pequeño que sea, las acciones se acaban sumando. Además, te das cuenta de que no has podido cambiar el mundo pero, ¡ojo!, lo que sí ha cambiado es tu mundo: es probable que tus valores se alteren y que también aprendas a apreciar más las pequeñas cosas que te rodean. Visto en perspectiva, llegas a la conclusión de que la experiencia acaba siendo tanto o más beneficiosa para ti que para ellos, ya que se recibe más de lo que se llega a dar. Por esta razón, la mayoría de los voluntarios recomendamos ir a estos destinos sin ninguna expectativa. En la mochila, ganas de ayudar, y muchas cosas que aprender.»

¿Qué te aporta?
● Conocer otras realidades del mundo de primerísima mano.
● Aprender a vivir con lo mínimo.
● Valores de convivencia con tus compañeros de viaje o con las comunidades que te acogen.
● Buenos momentos garantizados.
●Valorar lo que tenemos: tanto material como sentimental.
●Conocerte mejor a ti misma.
●Incrementar nuestra responsabilidad social. El mundo es el resultado de lo que todos hacemos.
● Borrar de un plumazo los prejuicios.
● Situar tus problemas en el plano justo.

¿DÓNDE INFORMARSE?
Coordinadora de ONG de Madrid: Tel. 915 210 955.
SETEM: rutas solidarias y campos de trabajo. Tel. 902 012 838.
Solidaridad Internacional: vacaciones solidarias. Tel. 915 986 290.
Fundación Codespa: cooperación en proyectos de desarrollo internacionales. Tel. 932 000 400.
Fundación Vicente Ferrer: exclusivamente en la India y por un periodo mínimo de seis meses. Tel. 902 292 222.

Más información en revistaviajar.es