Sidney, tierra de contrastes

Rascacielos y casas victorianas, ejecutivos y skaters, carreteras inteminables y playas surferas... esto es solo el aperitivo de lo que a vista de pájaro se puede encontrar en la ciudad más grande de Australia.

Mirna Sayago

Para empezar a conocer Sidney, lo mejor es adentrarse en Quay Street: allí se encuentra el puerto que conecta, mediante ferrys, el centro de la ciudad con los barrios más alejados. A las horas puntas se convierte en un hervidero de ejecutivos que van y vienen de sus puestos de trabajo, pues está en medio del distrito financiero, repleto de rascacielos. Muy cerca, se sitúa la Ópera, el símbolo que identifica la ciudad, que deslumbra por su arquitectura aunque quizá desilusione por su tamaño. Es más recomendable visitarla al atardecer, entre la animación de las terrazas, y descubrir, así, en primera persona, cómo en el otro extremo del mundo las noches son siempre ‘de viernes’, algo que agradece el visitante que está de paso entre semana. Al otro lado del paseo, el Museo de Arte Contemporáneo (www.mca.com.au) es una genial alternativa para quien disfruta con los artistas plásticos más transgresores. Justo detrás de este, se eleva el barrio llamado The Rocks. Aquí se formaron los primeros asentamientos y ahora es un enclave con mucho ambiente, repleto de pubes y multiespacios. Está debajo del mítico Sydney Harbour Bridge, donde se puede subir para tener la mejor vista panorámica del centro de la ciudad.
Manly y Bondi, un paseo a pie de playa
Sidney también se caracteriza por sus playas. Las más conocidas son Manly y Bondi. La primera se sitúa en el barrio que posiblemente mejor refleja la calidad y estilo de vida de los australianos. Una zona residencial en la que las familias conservadoras conviven con hippies y surfers. Por sus calles te encontrarás a mujeres haciendo footing o paseando al perro, siempre impecables. Por su parte, Bondi Beach es quizá la zona playera más carismática, el paraíso de los amantes del surf. Si la práctica de este deporte no es lo tuyo, siempre podrás montar un picnic mientras observas el espectáculo de cuerpos tatuados. Y si prefieres dedicar tu tiempo a otra actividad, ten en cuenta que en Bondi hay gimnasios y circuitos para skaters que recuerdan a las playas de California. No nos olvidamos tampoco de las rutas para senderistas: existe un camino fantástico que une Bondi con la playa de Tamarama por acantilados. No lleva más de media hora y las vistas, conforme se va avanzando, van superándose. Tras el esfuerzo, siéntate en los coloridos cafés que están al otro lado de la playa y que datan de 1900. En sus terrazas, las cervezas y las conversaciones animadas se alargan hasta altas horas de la madrugada. Los domingos, visita el mercado de la zona.