Perú, magnético y vital

Ciudades perdidas, civilizaciones preincas, nuevos hoteles de diseño y una gastronomía única. Podrás comprar en mercadillos coloristas, bailar en el Valle Sagrado y ver salir el sol en el Machu Picchu. Un lujo a tu alcance.

Adriana Roser

En la cima de El Brujo, junto a los restos de una mujer que gobernó a los moches hace más de 1.700 años, un chamán de ojos intensos nos habla de la fuerza de Perú como destino místico, como centro energético para soltar lastre y renovar el espíritu. Es difícil no creerlo en un paisaje desértico que se funde con el océano sin contrastes, con pirámides de adobe que quieren pasar inadvertidas a los ojos de los huaqueros (los ladrones de tumbas que todavía saquean las riquezas arqueológicas de Perú). En este mismo lugar se hacían sacrificios humanos para conciliarse con la naturaleza y se adivinaba el futuro leyendo conchas de mar. Lejos del turismo masivo, y con la mente virgen de postales, la magia de la Pachamama, la madre tierra, se siente cercana. Los alrededores de las ciudades de Trujillo, a unos 560 km de Lima, y Chiclayo, un poco más al norte, están plagados de joyas arqueológicas de reciente descubrimiento. El señor de Sipán, conocido como el Tutankamón de América –porque su tumba, repleta de tesoros, se halló intacta en 1987–, puede verse casi a solas. Sobre él se ha estrenado un documental, dirigido por José Manuel Novoa y producido por El Deseo. El Museo de las Tumbas reales de Sipán recibe unos 16.000 visitantes al año, mientras Cuzco, punto de partida al Machu Picchu, recibe 20.000 turistas a la semana. Quizá por eso los incas bautizaran Cuzco como ‘el ombligo del mundo’.
Alcanzar la cumbre de una Maravilla del Mundo
Solo llegar a su amplísima Plaza de Armas se nota su capacidad de atracción: mochileros, artistas paseando por el barrio bohemio de San Blas, cooperantes humanitarios... Cuzco es una de las ciudades más altas del mundo, así que tómate la visita con calma hasta que te acostumbres a sus 3.399 metros. Sobre los muros incas se construyeron templos y palacios coloniales, y las antiguas casonas son hoy hoteles y restaurantes de lujo asequibles con el euro. Aquí encontrarás suvenirs de calidad y diseño moderno. La alternativa son mercadillos como el de Chinchero, camino del Valle Sagrado, donde los domingos se intercambia, compra y regatea. Chales y mantas de alpaca, marcos de madera, plata, cruces andinas… En Ollantaytambo, punto de partida del camino inca que te lleva andando al Machu Picchu en cuatro días, puedes coger el tren hasta Aguas Calientes. Es un tren azul de vapor que circula despacio y está lleno de sorpresas, como un desfile de moda protagonizado por el mismo personal que te sirve el té: uno de los muchos ‘momentazos’ del viaje. Otro, es la subida al Huaynapicchu, la montaña vertical que aparece en todo póster del Machu Picchu. Si consigues ascender sus escarpados peldaños te sentirás cansada y feliz mientras contemplas una vista de infarto. Al volver a Ollantaytambo, encontramos un pueblo en plena fiesta y manos que nos invitan a bailar. Duelen las piernas pero… ¿quién podría resistirse?