Marraquech con Yolanda Jiménez

La bailarina nos desvela los secretos del paraíso terrenal que comparte con su marido, el artista Rafael Amargo.

MATGÍ BONET

Yves Saint Laurent describió Marraquech como «un lugar fuera del tiempo» y así es como lo vive Yolanda cada vez que llega: «Lo primero que hago es quitarme el reloj, dejarme llevar y disfrutar de la hospitalidad de su gente.» Pisó por primera vez tierras africanas junto al que hoy es su marido, Rafael Amargo, tras haber terminado la gira española de Poeta en Nueva York, espectáculo en el que ella también bailaba: «Rafa es muy moro, este ambiente le da vida... Estuvimos una semana de vacaciones y me fascinó.» Poco tiempo después, su relación con el bailaor se afianzaba y su flirteo con Marruecos no hacía más que empezar... «Aquí desconectamos: duermes mucho, paseas, hueles, escuchas... No echas en falta ni la tele, ni el teléfono. También adoro comprar cositas, sobre todo ahora que tenemos que decorar la casa y llenarla.» Yolanda y Rafa acaban de comprar dos antiguos riads –las grandes casas tradicionales de Marruecos, que han enamorado a muchos europeos– y los han unido. «Es maravillosa, grande, con vistas a las montañas nevadas del Atlas: necesitamos espacio, porque a Rafa le encanta tener amigos en casa. En cuanto ve que hay poco cotarro, coge el teléfono y reúne a cuatro o a veinte.» Mientras acaban las lentas obras de su palacete particular, cada vez que vienen a Marraquech se alojan en Dar Justo, el encantador hotel de su amigo Justo Almendros –que ha dedicado todo un salón de té al coreógrafo granadino.
«Rafa es una persona muy especial que me ha enseñado mucho: gastronomía, arte, música... ¡El mundo! Le admiro como artista y como persona. Lo nuestro empezó como un juego, porque éramos los únicos del grupo de amigos que no tenían pareja y siempre acabábamos durmiendo juntos. Y mira, ahora somos una familia con un hijo de dos años que baila encima de las mesas.»
Vida de artista
Quién se lo iba a decir a ella, que se inició en el mundo de la danza casi por casualidad: «A los cinco años, mi madre me apuntó a ballet para que hiciera ejercicio y a los ocho ya estaba en el Conservatorio. Curiosamente, cuando acabé, antes de entrar en El Corral de la Pacheca, me fui una temporada a trabajar a Canarias –bailaba en hoteles de Lanzarote y Fuerteventura–... ¿Lo del Carnaval de Tenerife? Ha sido una locura, por eso nos hemos refugiado en Marraquech, donde nadie nos conoce. No entendemos muy bien lo que ha pasado, pero ha sido un ensañamiento a nivel profesional y personal que puede hundir a cualquiera», explica, con calma, Yolanda. Rafael Amargo acaba de cumplir diez años como director de compañía; trabajar y vivir con la misma persona no siempre es fácil... «Compartir una pasión como el baile es complicado, porque nunca desconectas: te llevas el trabajo a casa; pero, al mismo tiempo, tiene momentos maravillosos de unión y complicidad. Yo aporto la mitad racional de la pareja, y Rafa, la parte emocional. Tenemos que complementarnos. Rafa vive al límite y yo pongo orden en medio del caos artístico. Si fuéramos iguales, no tendríamos nada.» Pero Yolanda también sabe dejarse llevar: «Sin pasión es imposible avanzar en el baile y en el amor. El mundo del baile es muy duro, hay gente buenísima... Llegar a un escenario es una carrera de fondo y se necesita disciplina, técnica y, sobre todo, mucha pasión.» Tranquilidad, desayunos exquisitos, calidez y vistas impresionantes te transportan a otro universo donde no hay lugar para el estrés. ¿Para qué irse a Los Ángeles?
El zoco: ¡Un paraíso de las compras!
Artesanía, babuchas, joyas... En el Zoco encontrarás cualquier cosa. Recuerda: son las callejuelas cubiertas que parten de la Plaza Djemaa el Fna hacia el norte.
Mustapha Blaoui
Punto de encuentro de celebrities: Naomi Campbell y Hugh Grant son clientes. ¿Lo más? Las lámparas exclusivas de Cristina Linares.
Le Jouli
Negocio familiar donde reciben a puerta cerrada. Telas increíbles, muebles, té y joyas.
Comptoir Darma
Una boutique repleta de moda, accesorios y decoración.
L’Art du Bois
Podrás ver cómo los artesanos elaboran utensilios y todo tipo de curiosidades en madera.
Farhana Design
Artículos artesanos customizados.
LB Cosmetics
Esencias y productos naturales dignos del mejor balneario.
Soierie 18
Te quedarás con uno de sus caftanes de seda.
Dar Justo
- Es un riad auténtico, situado en el corazón de la Medina –el barrio antiguo–, que data del siglo XIV , restaurado y decorado por su propietario, el artista Justo Almendros.
- Prueba una de sus ocho habitaciones con baño, televisión vía satélite y aire acondicionado.
- Lo mejor para empezar: ver la salida del sol desayunando en su maravillosa terraza chill out. l Pide una cena típica en uno de sus salones: cuscús (sémola de trigo), tajine (arroz, huevo y pollo) y pastilla (pichón con pasas y salsa dulce).
- De noche: estrellas y vistas a la Mezquita Koutubia y a los picos nevados del Atlas. www.darjusto.com