Malta con acento inglés

Está en el Mediterráneo pero en esta isla tranquila cargada de historia hasta se conduce por la izquierda. Descúbrela antes de que la invada el turismo masivo.

SÍLVIA MARTÍN

Nada más llegar se advierte que aquí el tiempo se mide despacio y ha dejado su huella. Nos reciben las campanas de sus más de 300 iglesias, una ciudad fortificada, cabinas de teléfono ¡todavía! muy londinenses y una curiosa mezcla de influencias inglesas, italianas y árabes. De hecho, al oído, el maltés suena un poco a árabe, aunque la población de la isla es bilingüe maltésinglés, lo que la convierte en un destino original para estudiantes que quieran vivir en esta última lengua sin disfrutar del clima británico. Malta tiene color: lo verás en sus tiendas, en sus balcones, en las mesas de sus restaurantes –buenos, bonitos y bastante baratos–, en las barcas de sus pescadores y en sus autobuses casi vintage. Las barcas se dedican principalmente a la pesca del atún para exportar a Japón, y casi todas tienen dibujado en su casco el ojo de Osiris como amuleto protector. No les va mal, porque la pesca y el turismo son las principales fuentes de ingresos de la isla. ¿Por qué poner rumbo a Malta? No por sus playas, que son escasas, pero sí por su singularidad: no está abarrotada, es un destino bastante nuevo para los españoles, y ofrece opciones más tentadoras que tumbarse al sol en estado letárgico. Por ejemplo, cenar al aire libre en uno de sus pueblos pescadores de postal, o contemplar desde el mar, a bordo de una embarcación que te hará pensar de inmediato en una góndola, la impresionante fortaleza que los Caballeros de la Orden de San Juan construyeron en su capital, La Valletta, para protegerla de los turcos. La historia aquí te impregna. La Odisea, de Homero, cita esta isla como el hogar de Calipso, y los Templos de Ggantija, en Gozo, datado el año 3700 a.C., presume de ser el templo al aire libre más antiguo del mundo. La ciudad amurallada de Mdina, catacumbas, ruinas romanas y el muy veterano teatro Manoel todavía hoy impresionan. Cuando, colmado de cultura, el cuerpo nos pida acción, podemos ir a la Laguna Azul, una bahía donde practicar toda clase de deportes acuáticos. Recorrer las islas a caballo, pedalear por los senderos, escalar acantilados o hacer rappel –si estás en forma y siempre con la ayuda de un experto– y, por supuesto, el buceo, son otras alternativas para conocer el archipiélago desde un punto de vista distinto. Dwejra, en Gozo, es uno de los puntos de submarinismo más populares de Europa: allí está el túnel Mar Interior y la playa Ventana Azul. Las aguas son cristalinas: ofrecen una visión de más de 30 metros. Por cierto, los fondos marinos del archipiélago que forman Malta, Gozo y Comino están repletos de yacimientos arqueológicos; tantos que hasta hay quien especula con que Malta pudo ser la ciudad perdida de la Atlántida. ¿Algo más tranquilo? Pásate por los mercados al aire libre, perfectos para picar fruta en su punto justo, comprar sus famosos tomates secos, improvisar un picnic con un delicioso queso de cabra especiado con pimienta y hacer fotos que alegren cualquier álbum. Están abiertos a diario en la calle Merchants, y los domingos se instala el gran mercado en Saint James Ditch, a las puertas de la capital. Por la tarde apetece tomar un excelente café en una terraza cualquiera y ver la vida pasar a su ritmo. Un poco de shopping artístico por el Centro de Creatividad de St James Cavalier –pintura, escultura, cerámica y joyas–, algo de artesanía… y listas para la noche. La zona de St Julian’s, a 10 km de La Valletta, concentra la oferta nocturna. Hay más clase que excesos y el turismo se recoge a horas razonables. ¿Recuerdas que habías venido a descansar?