El hotel de Coppola

El director de cine Francis Ford Coppola se ha reencontrado con sus raíces al comprar el Palazzo Margherita en el sur de Italia. Junto con el decorador Jacques Grange, lo ha convertido en un hotel de lujo.

Marie-Catherine de la Roche

Fue desde Bernalda –una pequeña ciudad perdida en el talón de Italia–, desde donde Agostino, el abuelo de Francis Ford Coppola, partió en 1904 hacia Estados Unidos para hacer fortuna. Casi sesenta años después, su nieto volvía a pisar la tierra familiar, con 23 años, recién diplomado por la Universidad de UCLA y con un premio Samuel Goldwyn de guionista en el bolsillo. A bordo de un deportivo Alfa Romeo Giulietta, la vio por primera vez. El flechazo con ‘Bella Bernalda’ fue inmediato: allí encontró el sabor de las historias y los platos de su infancia, se reunió con sus tíos, sus tías y sus primos... Pero tuvo que esperar hasta 2005 para poder comprar el Palazzo Margherita. Tras seis años de trabajos épicos, el pequeño palacio del siglo XIX –con solo seis habitaciones– acogió a la familia Coppola alrededor de su inmensa mesa de cocina y, el pasado año, la boda de Sofia con el cantante del grupo Phoenix, Thomas Mars. Ahora, este pocket hotel abre por fin al público. El autor de ‘El Padrino’ nos descubre su universo.

Si tuviera que definir el Coppola lifestyle...
El amor a la vida, a la familia, a la belleza.

Este es su quinto hotel: antes de casas de huéspedes, todos ellos han sido casas de su propia familia. ¿Tiene necesidad de testarlos antes de abrirlos al público?
Me implico plenamente en su concepción, vigilando hasta los mínimos detalles: ¡Elijo hasta las cucharillas! Aquí he diseñado incluso la araña de cristal de Murano de la entrada. Y es mi propia familia la que testa el hotel como cliente. Por eso, mis hoteles reflejan bien nuestra forma de vida.

¿Por qué eligió al decorador francés Jacques Grange?
Quería a alguien que no fuese italiano, con una cultura diferente, que aportara su propia visión. Descubrí su trabajo en una casa privada de Marruecos y su estilo de lujo informal me sedujo.

¿Cuáles son sus influencias, sus referencias?
El chic bohemio que Jacques supo expresar tan bien a través de esa casa (la de Yves Saint Laurent). Y mi amor por el norte de África, que viene de mi abuela, una italiana que vivió en Túnez. Me pareció que la asociación de suntuosidad y de exotismo relajado era clave para este pequeño palacete. Aquí uno se siente feliz.

¿Qué le animó a conectar de nuevo con sus raíces?
La herencia familiar constituye algo fundamental en nosotros; que mis hijos y mis nietos sepan de dónde vienen, dónde están sus raíces, es importante tanto para mí como para ellos. Mi abuelo murió cuando yo era muy joven, pero sus historias tan sorprendentes, tan mágicas sobre su infancia en ‘Bella Bernalda’ me han marcado profundamente. De joven, ¡no pude resistirme a descubrir esta tierra mítica! Y no me decepcionó. Esta es la auténtica Italia: la Basilicata está llena de campos inmensos, viñedos, paisajes que cortan el aliento. Se ve el mundo tal y como debería ser.

¿Cómo transmitirá usted, a su vez, esta herencia a sus hijos y a sus nietos?
Las historias que les cuento, los platos que invento para ellos, las películas que les enseño (Coppola ha seleccionado más de 300 títulos clásicos italianos para ver en el salón-sala de proyección del Palazzo; en 50 años, más de cuarenta películas se han rodado en la zona de Basilicata, como las cintas de culto ‘Cristo se paró en Eboli’ (1979) y ‘Tres hermanos’(1981), ambas de Francesco Rosi). Esta es mi forma de transmitirles mi amor por las personas, de decirles hasta qué punto permanecer juntos da felicidad. Y no es por casualidad que mi hija Sofia haya elegido casarse aquí: la belleza del jardín, la alegría que se respira en esta pequeña localidad de Italia... Ella lo ha sentido.

Precio: Desde 330 € / noche.