Donde volar por casi nada

Vuelos de bajo coste, nuevas ciudades en el mapa y el capricho de ir a cenar a otro país un fin de semana. Otra manera de ver mundo.

Sofía Bergmiller

Vamos de compras? ¿A Fuencarral, a la Avenue Montaigne, en París; o a Harvey Nichols, en Londres?» Este diálogo, reservado hasta hace bien poco al mundo de los sueños, es ahora una posibilidad al alcance de casi todos los bolsillos.

Los aeropuertos están llenos de parejas que se premian con una escapada y grupos de amigas que recuperan el placer de viajar juntas. La culpa (¿?) la tienen las compañías de vuelo de bajo coste y su empeño por reducir cada vez más el precio de los billetes de avión. Un auténtico chollo que también tiene sus inconvenientes, como los horarios, un servicio demasiado informal y, cómo no, los aeropuertos.

Aeropuertos secundarios
Mientras la mayoría de las compañías aterrizan en los más cercanos al centro de la ciudad, las de low cost lo hacen en los más alejados. Algunas van más allá, y para disminuir aún más el precio final del billete, han ideado una estrategia: en vez de aterrizar en capitales o grandes ciudades, lo hacen en otras menores que les generan menos gastos, con la consiguiente rebaja en el billete de avión y con la aparición, a su vez, de una nueva tendencia por parte del que viaja, que en vez de tener claro un destino desde el principio, visita las webs de las compañías de bajo coste y escoge según la oferta.

¿Dónde vamos?
Por eso hay nuevas ciudades en el mapa. Como Basilea (Suiza), que hasta hace poco era una desconocida para la mayoría de los europeos. Pero desde que fue tocada por la varita mágica de las low cost, más de uno ha descubierto sus comercios. O no. Porque algunos no pasan allí más tiempo del que trascurre entre que aterriza el avión y su autobús. Romper esa tendencia es, precisamente, el reto que persiguen ahora los destinos-aeropuerto.

Más allá de Londres
En Inglaterra, las compañías de bajo coste aterrizan en los aeropuertos más lejanos al centro de Londres (Gatwick, Luton, Stanstead), pero también en otras ciudades más o menos cercanas a la capital. Algunas poco conocidas, como Blackpool, East Midlands o Bournemouth; y otras más populares, en parte por su febril actividad musical: Liverpool, que fue la cuna de los Beatles; o Bristol, que se dio a conocer con la explosión del trip-hop. Una vez allí, y tras pagar un precio bastante razonable (un ida y vuelta Barcelona-Bristol, del 1 al 4 de diciembre cuesta, con Easyjet, 67,36 euros), tú decides si te quedas o coges un tren hasta la capital británica.

El oeste irlandés
¿Te suena Shannon? Es el tercer destino irlandés después de Dublín y de Cork. Cada vez más españoles vuelan allí sin saber que se trata del aeropuerto de Limerick, la ciudad más cercana. Por eso Shannon no sale en las guías. Hay que saber buscarla para descubrir la patria chica de los Cranberries, por ejemplo, una urbe con un par de castillos más que visitables, un animado centro comercial y un buen punto de partida para conocer el oeste irlandés (el de las postales).

En Alemania, pese a que Frankfurt cuenta con el aeropuerto más grande en Europa, Berlín es, sin duda, el destino turístico más solicitado, sobre todo, entre los más jóvenes. Aun así, compañías como Ryanair o Easyjet también aterrizan en Dortmund, Karlsruhe Baden y Dusseldorf Jesé. ¿Te suenan? Tal vez no. Y qué decir de Italia… Ryanair anuncia sus vuelos a Milán y Roma en letras grandes, pero en la pequeña aclaran que aterrizan en los aeropuertos de Orio Al Serio (a una hora en autocar de Milán) y Ciampina (a sólo cuarenta minutos de Roma). La mayoría de estas ciudades no recibían muchos visitantes, pero después de que estas compañías las hayan elegido, las respectivas oficinas de turismo han despertado de su letargo y han puesto en marcha campañas de promoción para darlas a conocer. ¿El objetivo? Conseguir que los turistas las consideren un fin y no un medio.

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