Caños de Meca

Vamos a Cádiz. Paisajes abiertos, ‘pescaíto’ frito, mucho mar y espacio para la toalla. Surferos, flamenquito y buena vida.

Noelia Collado

Cambio de aires y adiós estrés. A tan sólo una hora en avión desde Madrid, el paisaje se transforma. La jungla de asfalto da paso a un oasis de playas solitarias abiertas al mar, arena blanca y aguas cristalinas, donde todavía es posible desconectar del mundo y pasear a solas por la orilla. Un destino de ensueño que está al alcance de cualquiera. Es Caños de Meca. ¿Quién necesita ir más lejos?

Busca en el mapa la Costa de la Luz. Allí está. Los Caños es una pequeña pedanía de Barbate (Cádiz), donde el reloj se detiene y se oye aquello de «me estás estresando». Si buscas marcha after hours, reserva vuelo a Ibiza. Aquí la programación de los chiringuitos todavía no ha sucumbido a la electrónica. En los pequeños garitos alternativos de la zona se respira otro ambiente: más hippie, surfero, con un puntito flamenco y claras influencias árabes. Como las fiestas que organiza cada miércoles Buda Madre, una asociación cultural formada por cañeros de origen alemán.

Descanso frente al mar
Convertida en uno de los últimos reductos hippies de Europa, la pedanía atrae cada año a nuevos cañoadictos: amantes de la naturaleza que escapan de los resorts todo incluido y de la masificación turística, como la propietaria de la tienda Levante de artesanía. Una siciliana que, harta de las caras largas de Roma, se enamoró de la gracia barbateña hace ya seis años

«No todo el mundo podría vivir aquí», asegura Julia Alonso. Hace cinco años, esta madrileña cambió «el agobio de la capital por la tranquilidad de Caños». Desde su restaurante, Trafalgar, ve cómo cada agosto, su paraíso se transforma. «Es una locura. Pasa de 0 a 100 en un día.»

La mejor época para conocer el auténtico espíritu de Caños es la primera quincena de septiembre, ¡reserva ya!, cuando todavía no ha echado el candado Sarandonga, el garito que abrieron hace apenas un año Antonio Carmona (Ketama) y «las chicas, que son los Ángeles de Charlie: Mariola, mi mujer, Rosario y Lolita Flores».

¿Qué hacemos?
Las posibilidades de ocio se multiplican: tomar una cerveza tumbada en el jardín del bar Las Dunas (Cabo de Trafalgar); saborear una copa de vino blanco D.O. Tierra de Cádiz hecho con uvas palomino y chardonnay, ¡el Gadir de Osborne está buenísimo!; contemplar la puesta de sol desde La Jaima (sobre la playa del Pirata) o La Pequeña Lulú (en el último tramo de la avenida de Trafalgar) o pasear a caballo por la playa al atardecer.

Si te van los deportes de aventura, apunta: además de submarinismo y pesca, en la playa de Trafalgar, las más intrépidas pueden practicar skimboard y bodyboard; y en la playa Marisucia, cuando sopla el viento de levante, kiteboard. Eso sí, nada de surf hasta la temporada de invierno.

¿Prefieres la montaña? Estás de suerte. Los Caños de Meca está junto al Parque Natural de La Breña. Un bosque de pino protegido que se extiende desde Vejer de la Frontera hasta Barbate, con acantilados sobre la costa. Allí, empresas de turismo activo, como Nature Explorer, organizan rutas en 4x4, mountain bike y excursiones para senderistas. Encontrarás más información en www.naturexplorer.com