Varsovia

Las líneas aéreas ‘low cost’ nos han acercado a nuevas ciudades aún por descubrir. Dinámica y moderna, la capital de Polonia te sorprenderá.

Varsovia

Sobran motivos para visitarla. Borrada del mapa y reconstruida con mimo, la antigua Varsovia se ha proyectado en el siglo XXI abriéndose a Europa. Aún no está quemada por el turismo de masas (es la única capital que aún no tiene guía propia) y ofrece una nueva visión de la modernidad centroeuropea, alejada del modelo berlinés.

¿Qué queda de la vieja Varsovia? Una reconstrucción modélica después de que quedara totalmente desvastada por las tropas nazis entre 1939 y 1944. La fidelidad al modelo inicial de ciudad fue tan absoluto y detallista que le ha valido que el Casco Histórico o Stare Miasto sea Patrimonio de la Humanidad. Cuesta trabajo creerlo cuando paseas por sus calles, pero hasta los adoquines fueron sustituidos uno a uno, siguiendo su ubicación original.

El milagro se constata aún más al acercarse a la Plaza del Mercado (en el número 28) donde se proyecta, en el novísimo y esclarecedor Museo de la Historia de la Ciudad, una película –también en español– sobre la destrucción de la ciudad. Para entender más su historia conviene visitar el ultramoderno y novísimo Museo Interactivo de la Insurrección de Varsovia (Grzybowska 79, entrada por la calle Przyokopowa).

Pero hoy Varsovia es una ciudad joven. Bares, clubes y restaurantes; más de 25 museos y 18 universidades que atraen a jóvenes del resto de Centroeuropa y Rusia; los mejores teatros del país, galerías de arte y exposiciones, además de innumerables actividades culturales. Chopin ha sentado cátedra y los polacos presumen, con total acierto, de tener los mejores festivales y conciertos de música clásica de Europa, que además aumentan a partir de otoño. En diciembre es el momento de disfrutar de los mercadillos de Navidad y los conciertos en las iglesias. Y de una gastronomía recia, profundamente enraizada en las más antiguas tradiciones del país, junto con los modernos restaurantes de diseño del Stare Miasto. La nueva gastronomía polaca es un referente entre los países vecinos.

Ciudad Nueva y Casco Antiguo

Los edificios de estilo soviético, como el Palacio de Cultura y Ciencia, regalo de Stalin a sus habitantes, se dejan notar. Hay un pun- to y aparte en el urbanismo y la estética de la capital después del cambio político y económico de 1989. En el perfil de Varsovia empezaron a aparecer edificios muy altos y modernos, algunos firmados por prestigiosos arquitectos como Forbes. Para orientarse, lo mejor es seguir el curso del río Vístula, que la divide.

Al atravesar la Barbakan, que cierra las antiguas murallas del Stare Miasto, se accede a la Ciudad Nueva o Nowe Miasto, del siglo XV, donde se alzan la iglesia del Sagrado Sacramento y el majestuoso palacio Krasinskich. Su parque posterior da inicio a la que fue la zona del gueto, donde vivían unos 380.000 judíos. Sobrevivieron trescientos. En el casco antiguo, una vez vistos la magnífica Plaza del Castillo y la Columna del Rey Segismundo –el que hizo de Varsovia una capital, cuando la trasladó desde Cracovia–, y el Palacio Real, hay que desplazarse hasta la catedral gótica de San Juan. La Plaza del Mercado, con sus casas de fachadas de colores, tiene una intensa vida: mercadillos, exposiciones, restaurantes, bares, cafeterías… y hasta una galería de arte al aire libre. No te cortes: la curiosidad es la mejor arma del viajero. Adéntrate en las callejuelas secundarias y en los patios traseros de los edificios, donde puede observarse el trajín diario, las costumbres de sus habitantes y la impresionante metamorfosis que ha experimentado Varsovia. Tiendas de diseño, de moda, pequeños cafés y famosos restaurantes se distribuyen por todo el barrio antiguo.

Un paseo con tentempié

Lo mejor: se puede recorrer casi toda la ciudad a pie, con calzado cómodo, por supuesto. Y hay que probar un delicioso tentempié en sus cafeterías o tenderetes de la calle. Para comer bien, el Pierorgania (Bednarska 6): prueba los famosos pierogi, una especie de raviolis con diversos rellenos que son la gran tradición culinaria polaca, ¡como las sopas! No olvides tus souvenirs: tallas de madera, tapices y, por supuesto, el vodka.

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