Vivir a los pies de un volcán

Que Almodóvar le diera un papel en su último filme no es lo más raro que le ha pasado a Lyng, una danesa que regenta unos apartamentos eco en Lanzarote.

M. Victoria Aroca

Lyng Dyrup llegó al fin del mundo para quedarse. Así veía, en 1981, Lanzarote: como un lugar remoto y fascinante. «Tuve suerte. En seguida me sentí en casa», nos dice. No era la primera vez que vivía en España, de hecho, sus padres se instalaron en Málaga en el 68, cuando ella tenía seis años «…y Massiel ganó el Festival de Eurovisión con ‘La, la, la’.», recuerda entre risas. Inició sus estudios en nuestro país, pero a los quince años decidió continuarlos en Dinamarca, con otra de sus hermanas. Evoca el periplo vivido en su infancia –ocho colegios en trece años y asiduos viajes a Miami para ver a sus abuelos– como el mejor regalo de sus padres: «Fue una gran oportunidad para conocer gente nueva.» El contacto con la isla fue casual: «Me habló de ella una clienta que madre. Me interesó e hice una primera escapada de vacaciones.» A los 27 años, volvió para quedarse. De su familia, con profesiones liberales y artísticas –su abuelo era pintor, su padre es un reconocido arquitecto y su madre, fotógrafa–, Lyng ha heredado una sensibilidad creativa que, unida a su personalidad impulsiva y aventurera, facilitó que conectara de inmediato con este pequeño paraíso en el que las montañas volcánicas se funden con playas de arena negra.
Un negocio integrado en el entorno
Primero se instaló en Costa Teguise y, con una amiga, montó el primer bar de la zona: un lugar de encuentro para charlar, comer algo informal, ver la televisión y tomar una copa; un clásico pub inglés. «Tenía buena música y se podía jugar a los dardos…» Un éxito: «Sobre todo, mi ‘café olé’, con Baileys», nos cuenta. Le gusta explicar que la gente de la isla la acogió bien desde el principio. «Estaba divorciada, con un hijo de seis años, Henrik. Me sentí apoyada y admirada, algo gratificante que me hizo la vida muy fácil.» En aquella época, Lyng vivía en la zona de Nazaret, su hijo iba a un colegio inglés y, siempre que podía, iba a Famara, su playa favorita. En seguida la tentaron desde la administración de los Apartamentos Playa Famara, empresa para la que aún trabaja, donde necesitaban a alguien que dominara el inglés –también habla alemán y francés–. El complejo urbanístico, construido por noruegos en los setenta y firmado
por Öen, respeta el ecosistema y el paisaje –las dunas llegan a los jardines en primera línea de mar–. Así, las 185 villas que lo forman aparecen a la vista como unas manchas blancas en la ladera del espectacular Risco de Famara. «Muchas veces he pensado por qué unos noruegos decidieron crear este complejo aquí, en un lugar sin agua ni luz... Creo que les recordaba un fiordo», apunta. Hoy, aquí se refugian músicos y políticos españoles como José Fernández Pérez, ex director general de Costas, o la cantante Rosana. Lyng se ocupa de la explotación turística y es responsable del mantenimiento. Mucho trabajo en el que hace un hueco para presidir el Club de Bridge Luis Francos, el más importante de Lanzarote.
La rica uva malvasía
En la zona agrícola de La Geria se concentran los viñedos y las bodegas de Lanzarote. Allí, en el negro picón, se cultiva la deliciosa uva malvasía, que Shakespeare menciona en ‘Ricardo III’. Bodegas Bermejo produce un blanco seco excelente para maridar con una comida a base de pescado y marisco. A Lyng le gusta invitar a sus amigos y suele hacerlo en la terraza, orientada al abrigo del viento, y donde se disfruta una temperatura de unos 20º C.
El nido de Pe
Ya vuelve a estar pintado de blanco y con «todo en su sitio». Pedro Almodóvar eligió este apartamento para recrear el refugio donde escapa la pareja protagonista de su último filme, ‘Los abrazos rotos’, interpretada por Penélope Cruz y Lluís Homar. «Quería un bungaló en primera línea de playa –nos cuenta Lyng Dyrup–. El primero que le enseñé fue este, el número dos, y aunque vio otros, no tuvo ninguna duda.» Lo
alquilaron durante un mes para ir transformándolo: «Cambiaron todas las puertas de los muebles de la cocina, que acabábamos de actualizar», aunque mantuvieron algunas de las piezas nórdicas originales de la década de los setenta. Actualmente, puede alquilarse por 85 € al día.
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