Una gran familia en Ghana

Lisa Lovatt-Smith dejó su glamurosa vida en Europa para crear una ONG que lucha por mejorar las condiciones de la infancia en un país donde la malaria y el sida provocan miles de huérfanos.

Marta Bonilla

Ha pasado de un extremo a otro: de estar conectada al mundo de la moda, el diseño y la modernidad, a vivir en Ayenyah, una de las zonas más deprimidas de Ghana, a pocos kilómetros del epicentro de la epidemia de sida que asola el país. Lisa Lovatt-Smith, autora de trece libros de fotografía y diseño y editora durante años de la edición británica de Vogue, tenía una oferta de Karl Lagerfeld para trabajar como coordinadora de moda de Chanel. Lo dejó todo para fundar OrphanAid Africa (OA), una ong que, bajo el lema ‘Cada niño merece una familia’, trabaja para mejorar la vida de los huérfanos y los más débiles en Ghana, entre ellos, las mujeres.
¿Qué provocó este vuelco en tu vida?
Mi hija estaba pasando una adolescencia muy complicada y la psicóloga le aconsejó irse de voluntaria a un orfanato una temporada, para comprobar lo privilegiada que era en comparación con los niños que vivían allí. Ella puso dos condiciones: ir donde peor estuviera la situación de la infancia y que yo la acompañara. De ese modo terminamos en Ghana. En el avión de ida, yo iba temblando pensando en el sida, en las condiciones que nos íbamos a encontrar, tan diferentes a las que estábamos acostumbradas... pero el mismo día que aterrizamos empezó a cambiar mi vida. Al cabo de un tiempo, ella regresó a Europa y yo lo vendí todo para quedarme.
¿Cómo es ahora para ti un ‘día normal’?
Me levanto a las seis y media de la mañana. Mi marido –se ha casado con un fotógrafo ghanés y ha adoptado dos niños– prepara el desayuno. Voy dando un paseo hasta el colegio, atravesando una plantación que pertenece a OA en la que cultivamos alimentos que garantizan la nutrición de los niños de la comunidad. Llego al pueblo justo cuando están entrando en la escuela. Me encierro en la oficina a trabajar como una loca porque queda mucho por hacer: me traen niños malnutridos, con sida, malaria; me reúno con el equipo de 70 ghaneses que colaboran con nosotros; recibo a madres que quieren abandonar a sus hijos y buscamos soluciones para evitarlo, etc... Cuando los niños salen del colegio, vuelvo a casa. Un día a la semana voy a Accra, la capital, a trabajar en el Gobierno.
En el Gobierno... ¿con qué objetivo?
Todas las grandes ongs del mundo, comenzando por Unicef, con la que también colaboramos, trabajan, mano a mano, con los gobiernos. Ellos tienen la responsabilidad de los niños en cada país. OA cuenta con una comunidad de familias de acogida en Ayenyah en la que proporcionamos educación, cuidados, atención sanitaria... Pero nuestro programa es mucho más ambicioso: trabajamos para rediseñar el sistema de acogida de niños en todo el país, en colaboración con el departamento de bienestar ghanés.
¿En qué consiste este programa?
Nuestro fin es conseguir pasar de un sistema basado en la red de orfelinatos –que evidentemente no son los lugares ideales para que crezcan los niños–, a uno de casas de acogida donde reciban el cariño, la protección y el cuidado que tendrían en el seno de una familia. En muchos casos, contribuimos a la reunificación familiar: en Ghana, el 80% de los niños que vive en orfelinatos tienen padres. Simplemente, estos no pueden mantenerlos. En estos casos, entregamos una beca de 20 € al mes, pagamos su educación, los cuidados médicos... y conseguimos que las familias continúen unidas.