Tranquila: la ciencia asegura que es bueno tener menos amigos a partir de los 30

Paola Lei | Woman.es

Las redes sociales (no solo las de Internet sino las de la vida real) suelen seguir ciclos previsibles. Se sabe que suelen ampliarse en la veintena pero a partir de los 30 empiezan a hacerse más pequeñas. Nuestro círculo de amigos íntimos deja de ser multitudinario, empezamos a tener diferencias con gente y dejamos de verla, aquella amiga que parecía tan cercana desaparece y no hacemos nada por recuperarla, nos peleamos con aquella otra y estamos mejor si no la vemos tanto.

Pues no es que te estés volviendo una sociópata o que el resto del mundo no te comprenda, de acuerdo con un estudio del Brooklyn College publicado en la revista Psychology and Aging (Psicología y envejecimiento) lo que te pasa es normalísimo y, además es bueno.

De acuerdo con el estudio, la felicidad de tu vida a partir de los 50 va a depender de dos cosas: de la cantidad de amigos que hayas hecho en la veintena y de la calidad de los que mantengas en la treintena. Se da por hecho que algunos amigos de los veinte van a desaparecer a favor de mantener la calidad de tu círculo social. Pero te vas a haber beneficiado tanto de las fiestas sin fin con aquellos amigos del Instituto como de las conversaciones más reflexivas de los amigos de una década más tarde.

Después de estudiar a más de 200 sujetos durante varias décadas de su vida comprobaron que tener una gran cantidad de amigos en los veinte era muy positivo para la felicidad que alcanzaban estas personas cuando ya cumplían los cincuenta, pero a partir de los 30 la calidad de la amistad era lo más importante y muchos de estos compañeros de juerga solo quedaban en la memoria de los buenos momentos.

En general a los 30 mucha gente se casa y se convierte en padres y esto reduce sus contactos sociales y hay menos tiempo para dedicar a los amigos. Esto explica que sea una edad en la que se pierden amigos. Además, a partir de los treinta todos nos empezamos a definir como los adultos que queremos ser , tenemos objetivos más ambiciosos y una idea más exacta de quienes somos que nos hace ser más selectivos y a veces menos tolerantes con aquel compañero de colegio que entonces te parecía tan simpático pero que hoy, sinceramente, te parece el típico cuñado.