Sergi López no necesita compañía

El actor ha vuelto a casa, al teatro, con un monólogo escrito por él y por Jorge Picó en el que interpreta a varios personajes.

MARÍA HERNÁNDEZ

Febrero de 2006
Se abre el telón. El actor está solo en el centro del escenario. Como única decoración, una caja de madera. Pero no debe estar tan solo cuando al poco tiempo aparecen las personalidades de un vecino, del lampista, del político... Eso sí, todos ellos encarnados por la misma persona, un Sergi López en estado de gracia capaz de hacernos reír incluso a través de cuestiones metafísicas.

- ¿Qué es lo quería contar en “Non solum”?
- Todo empezó con las enormes ganas que tenía de volver al teatro, de pasármelo bien sin más. A medida que íbamos construyendo el texto, nos dábamos cuenta de que arrancaba risas, sí, pero también de que no nos reíamos de cualquier cosa. No queríamos hacer gracia gratuitamente. Queríamos que funcionara, que fuera amena, pero también que dijera cosas. Y como yo estoy pasando una etapa en la que me hago preguntas existenciales del tipo «¿Quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿todos somos diferentes?», pues me pareció de lo más coherente. Estoy interesado por el misterio de la vida. Me gusta hacer reír con cosas trascendentes.

- ¿Contento con el resultado?
- Muy contento, sí, porque es una apuesta bastante arriesgada, pero la hemos disfrazado un poco de ligera, y la cosa funciona. El público está respondiendo muy bien, y yo me reconozco mucho en el espectáculo, la verdad.

- Esta forma insólita de presentar la función tiene algo que ver con el estilo Lecoq, la prestigiosa escuela de París a la que acudió.
- Sí, claro. De entrada, porque Jorge y yo nos conocimos en Lecoq, a pesar de que somos muy distintos. Él es riguroso, trabaja mucho el movimiento; y yo soy bastante más desorganizado. Pero al final, esto ha sido positivo, ya que ha permitido que nos complementemos. Además, lo que nos une, principalmente, es el amor por el teatro, y eso tiene que ver con lo que aprendimos en Lecoq. Es una escuela muy creativa, que te despierta la curiosidad. Hemos hablado mucho de Lecoq durante el montaje, de las cosas que hacíamos allí, de buscar ideas y desarrollarlas a través de improvisaciones, porque las improvisaciones han sido la auténtica madre del espectáculo.

- Aunque la etapa creativa de todo este proceso haya terminado, ¿sigue improvisando en directo?
- Menos de lo que parece, pero debo confesar que la obra es diferente cada día. Ya le dije a Jorge que a mí no me interesaba aprenderme un texto de pe a pa. Necesito tener un margen de acción en sintonía con el público, que en cada función es distinto. De todas maneras, en los ensayos ya lo teníamos previst «Si pasa esto, vamos hacia aquí. Si responden así, vamos hacia allá...»

- Aseguran que el teatro crea adicción. ¿Está pensando ya en la próxima obra? - Ahora mismo, no, porque acabamos de estrenar “Non solum” y la estoy disfrutando mucho. Quiero seguir trabajando en ella, seguir actuando... ¡Tenemos bolos! Sí, es verdad que cuando estábamos preparando el espectáculo, a Jorge Picó y a mí nos surgieron seis mil ideas, de las que sólo hemos conseguido desarrollar unas pocas. Nos han quedado muchísimas por el camino, y en seguida pensamos en montar otro espectáculo para poder expresarlas. Pero cada cosa a su momento, ahora tengo ganas de saborear éste.

- ¿Apostará por el mismo tipo de obra, es decir, un único actor desdoblándose en muchos personajes?
- No, no... Bueno, no lo sé. Quizá sí, pero también me apetecería actuar con más gente, incluso con alguien que no conozca.

- Ha adelgazado dieciséis kilos para este espectáculo. ¿Ocurrirá lo mismo cada vez?
- ¡Mmmm!, no lo creo... De todas formas, ya he recuperado cuatro kilos por exigencias del guión de mi próximo trabajo. Es una película de Guillermo del Toro, e interpreto a un ultraderechista.