Revolución Zaha

El Guggenheim de Nueva York repasa el trabajo de Zaha Hadid, la arquitecta que ha logrado destacar en un sector eminentemente masculino. Nos explica en exclusiva cómo.

Daniela Santos

Esta mujer es, en la actualidad, una de las mejores exponentes de lo que se conoce como arquitectura deconstructivista. Zaha Hadid define su trabajo como «una arquitectura que traduce lo intelectual en sensual y que experimenta con lo inesperado que aporta el ambiente.» Y añade: «No se trata de una postura deliberada, sino que es el resultado de una pasión por el descubrimiento y la creatividad.»
De origen iraquí pero residente en Londres, Zaha llevaba veinte años de carrera cuando ganó el Premio Pritzker de Arquitectura (algo así como el Nobel en este campo). ¿Cómo cambió su vida aquel galardón otorgado en 2004? «Por una parte –admite– supuso un reconocimiento a una manera muy arriesgada de interpretar la arquitectura del futuro. Por la otra, se abrieron muchas puertas profesionales. » Aunque si hay algo de lo que se E siente especialmente orgullosa es de haber sido la primera mujer en ganarlo, de haber roto la hegemonía masculina y haberse convertido, tal como ella dice, «en la excepción que confirma la regla».
Femenina y feminista
Desde que empezara en este mundillo, Zaha se ha movido entre mayorías masculinas, algo que no siempre ha sido fácil. «Para un arquitecto es importante ser parte del establishment para conseguir muchos encargos, pero a una mujer le resulta muy difícil formar parte de él. Yo tengo muchos trabajos en marcha, y puedo decir que, la mayoría, los he conseguido a través de concursos.» Tan fascinante como su trabajo es la personalidad de esta artista de 56 años nacida en Bagdad en el seno de una familia de la alta burguesía. Mujer de ideas claras, no tiene ningún reparo en decir lo que piensa, lo que a veces le ha supuesto algún que otro disgusto. ¿Un ejemplo? Entre la profesión se la conoce como la diva. «Claro que no me gusta nada que me llamen así, aunque estoy segura de que si fuese hombre no me dirían lo mismo», afirma.
Fan de Miyake
A este temperamento hay que añadirle, además, una presencia avasalladora: viste siempre de negro y lleva extravagantes anillos (fíjate en la foto de la derecha) ideados por ella misma. Cuando se le pregunta por su diseñador favorito, lo tiene muy claro: «Me encantan Yohji Yamamoto y el trabajo de Issey Miyake, sobre todo, la parte de los pliegues. Resultan muy versátiles, puedes viajar con ellos a todas partes.» A España, por ejemplo, donde la arquitecta ha trabajado en diferentes ocasiones: «Estoy realmente encantada con el hecho de hacer cosas en vuestro país, me siento muy cómoda cuando voy ahí –nos dice–. Me atrae la cultura, el dinamismo económico y el optimismo de España. Mis clientes españoles comparten conmigo la pasión por la arquitectura y parecen estar muy motivados con todo lo relacionado con nuestro trabajo. Esta fe en mi labor es una auténtica inspiración para mí», concluye.