Portugal aquí mismo

Leonor y Pedro nos reciben en su local barcelonés, A Casa Portuguesa. Un espacio donde “catar” las delicias culinarias y artísticas del país vecino.

M. Victoria Aroca

Debido a la proximidad de España con Portugal, la colonia lusa no constituye un gran clan en Barcelona. Eso no quita que les guste (y mucho) dejarse caer por A Casa Portuguesa, un lugar donde pueden sentirse tan a gusto como en su tierra. «El espacio crea adicción», nos comenta un cliente que sale con su cajita de pasteles de Belém (una de las especialidades más características de la gastronomía autóctona) y no es de extrañar: el lugar te sorprende tanto con un dulce típico como con un buen vino de la zona, al ritmo de la música tradicional y en un ambiente cosmopolita. Pero no solo de portugueses vive el negocio: mucha gente se deja seducir por el aroma de las tortitas de nata recién horneadas, todos los días, a partir de las cinco de la tarde. ¿Quién puede resistirse a ese delicioso olor que impregna toda la calle? Los ‘culpables’ de este universo de tentación son Leonor Castro y Pedro Ramos que, hace solo tres años, vivían en Portugal dedicados a la gestión cultural. De hecho, durante una década han coordinado Imago, un Festival de música y cine independientes –con el que ahora continúa Pedro en solitario– y durante varias temporadas fueron responsables de la programación del Teatro Municipal de Covilhã, su ciudad natal, al norte del país. Leonor, licenciada en Comunicación, con la especialidad de cine, llegó a Barcelona para realizar un máster, hacer una pausa en el camino y regresar después de seis meses a su labor habitual. Pedro la acompañó en su aventura barcelonesa, aunque sin dejar su actividad profesional en Portugal. En seguida se dieron cuenta de que en la Ciudad Condal había un hueco de mercado: era realmente difícil encontrar productos de su tierra. Ni asomo de sus dulces, pocos vinos y contadas manifestaciones culturales. «Siempre nos rondó la idea de crear algo relacionado con el arte y la gastronomía. Una propuesta que diera a conocer nuestros platos y bebidas pero también nuestros poetas,músicos...», comentan. Y así nació A Casa Portuguesa, un auténtico espacio de intercambio, dividido en tres áreas: una especializada en repostería; otra, gourmet y, la última, dedicada a la programación de exposiciones (al fondo, la bodega, otra de sus señas de identidad).
Del proyecto a la realidad
Inauguraron el negocio tras tres años de tomar la decisión. Era preciso tener claro el enfoque y buscar fi nanciación. En este terreno entraron otros socios que actúan desde Portugal: «Uno de ellos es ingeniero agrónomo y enólogo, y es quien se ocupa, junto a Pedro, de los vinos; el otro es el responsable de la propuesta gourmet.» Situarla en la calle Verdi, en pleno barrio de Gràcia, entre tiendas de moda joven y cerca de una de las mejores salas de cine alternativo de la ciudad, fue todo un acierto: «La ubicación nos gustó desde el principio. Es un barrio de toda la vida, aquí entran desde abuelos hasta niños.» A Casa Portuguesa ha incorporado la última tecnología, desde la maquinaria hasta los moldes, todo traído desde tierras lusas: «La harina de maíz o el chocolate en polvo también son de allí.Era preciso que la materia prima fuera la misma si queríamos conseguir el sabor clásico, la misma textura», afirman. La bodega es otro de los pilares importantes: «En ella están representadas todas las denominaciones de origen del país. En general, la gente solo conoce nuestro vinho verde o el porto, pero la variedad es muy amplia», cuenta Pedro. El interiorismo del local se ha basado también en la distribución de los diferentes espacios. En la entrada, blanca, luminosa y cómoda, está la pastelería. Se abre hacia el centro, donde se instalan las exposiciones, el sector de degustación y la zona de consulta de diarios y libros. Al fondo, la bodega se sitúa en un mueble expositor de corcho y hierro. A su lado, una intervención de azulejos nos recuerda una de las mejores y más valoradas artesanías ortuguesas: «Visitamos una fábrica portuguesa en la que había un montón de baldosas amontonadas para tirar. Las pedimos y decidimos montar este puzle.» Y, por supuesto, el gallo de Barcelos –uno de los símbolos de Portugal– preside la pizarra.

PARA CHUPARSE LOS DEDOS
Pasteles de nata, queijadas de queso fresco, pastel de almendras, bolo de arroz, bola de Berlim (con crema), milhojas de chocolate, tarta de galleta y café, molotov de merengue… A Casa Portuguesa es el paraíso de los golosos, pero también el de los amantes de las empanadillas de pollo, lomo o champiñones, de los pastelitos de carne y de ternera, del hojaldre con queso o de las quiches vegetarianas. Todo ello se puede
degustar en el mismo local o encargarlo en su servicio de catering (Verdi, 59. Barcelona. Tel. 933 683 528. www.acasaportuguesa.com). Otra de sus especiali-
dades son las delicatessen: quédate con el membrillo en cubitos.

DEGUSTACIÓN Y AIRES BOHEMIOS
-En A Casa Portuguesa también se puede escuchar un recital de poemas o de fados. Las exposiciones tienen una permanencia de tres meses y normalmente son de artistas lusos que viven en Barcelona. «Procuramos que haya unas tres o cuatro actividades
culturales al mes –nos explica Leonor–. Hemos tenido recitales de poesía de Teresa Rita Lopes o de Jose Luis Peixoto, también conciertos de Nevoa.» El último miércoles de cada mes hay cata de vinos de 19 h a 21 h.