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¿Las chicas sexys no son de fiar?

Garbiñe Continente | Woman.es

 

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Durante décadas hemos sufrido, especialmente en el género femenino, las consecuencias negativas de la apariencia y la superficialidad. Mitos urbanos sobre la dudosa capacidad intelectual de mujeres atractivas y exuberantes o descalificaciones popularizadas hacia chicas con el cabello rubio, teñido o, simplemente, con una belleza llamativa.

Todos estos ataques contra la integridad femenina han pasado desapercibidos ante el género masculino, que nunca se ha visto afectado por este fenómeno consecuente de la belleza aparente. Sin embargo, se ha instalado de tal manera en la sociedad actual, que ha llegado a normalizarse por todos, incluso por mujeres, restándole importancia y considerándolo como un simple mito urbano.

Pese a ello, un estudio reciente de la Universidad de Connecticut nos alerta de esta condición como una realidad en la actitud y percepción de los hombres de nuestra generación.

La muestra se ha realizado a través del estudio de aplicaciones “para ligar” como Tinder, una red social que permite calificar al potencial ligue aceptándolo o rechazándolo por sus fotos con un simple toque en la pantalla. En este tipo de aplicaciones, los usuarios suelen presentarse con fotos retocadas, bajo el efecto de los filtros o, simplemente, en las que el físico aparece favorecido por el objetivo de la cámara.

Hasta aquí, la lógica es evidente, nadie va a “venderse” en una red social de citas con fotos poco favorecedoras. Sin embargo, en el estudio realizado, se descubre que no es la misma reacción en hombres y mujeres al encontrar unas fotos u otras.

Tras un estudio realizado a 305 participantes que se identificaron como heterosexuales, entre 17 y 36 años, a quienes se asignaron al azar para ver una de las cuatro imágenes de perfil del mismo hombre o mujer, el resultado fue sorprendente. Había dos tipos de fotos: una que había sido embellecida o retocada y otra en la que el sujeto aparecía “al natural”. Tras mostrar estas imágenes, los participantes tuvieron que contestar una serie de preguntas sobre el atractivo físico, la honradez del mismo y su deseo en aquel momento.

El resultado obtenido fue que las fotos de mujeres retocadas, al ser vistas por hombres, aumentaban en atractivo (algo evidente y en absoluto sorprendente); sin embargo, concluían con una menor confiabilidad. Es decir, el deseo era mucho mayor pero no se fiaban de la chica que habría detrás. Las mujeres, por su parte, valoraron las fotos mejoradas tanto con mejor atractivo como con mayor confiabilidad.

Pero las conclusiones no acaban aquí; pese a fiarse menos de las chicas más sexys, los participantes masculinos habrían contraído antes una cita con las mujeres de las fotos mejoradas. Tal y como añade Rory McGloin, uno de los autores del estudio, “nuestra investigación también concluyó que los hombres que encontraban el perfil embellecido más atractivo, también tenían un deseo más alto hacia la persona de la foto, a pesar del menor grado de confiabilidad”.