Las rutinas nos ahorran tiempo, nos dan confianza, ayudan al orden mental, reducen el estrés y mejoran nuestro bienestar integral | Tetiana Lazunova/Istock / ISTOCK

¿Por qué es bueno tener rutinas? Tu bienestar depende de ellas mucho más de lo piensas

Nos ahorran tiempo, nos dan confianza, ayudan al orden mental, reducen el estrés y mejoran nuestro bienestar integral. Una socióloga y una psicóloga nos descubren las ventajas de mantener hábitos y rutinas

CARMEN LANCHARES

Septiembre. Vuelta a las rutinas para millones de personas. Y aunque la cosa parece tediosa, en realidad, los expertos defienden el gran papel de las rutinas en nuestro bienestar. Tras las vacaciones, retomar los hábitos diarios nos suele resultar, a priori, un reto a veces descorazonador (lo llaman depresión postvacacional): levantarse a la misma hora, cumplir unos horarios, agendar las actividades diarias -desde hacer la compra hasta las clases del 'gym' o incluso los momentos de ocio-, todo más o menos pautado, a su debido tiempo y sin mucho margen para la improvisación. Sin embargo, tener rutinas y retomar las costumbres nos simplifica la vida y nos facilita una estructura para desarrollar nuestra actividad diaria, lo que redunda, sin duda, en el bienestar de las personas.

Las personas somos animales de costumbres. “Necesitamos costumbres y hábitos para nuestra supervivencia física y además, como animales sociales, también lo necesitamos para nuestra vida emocional” explica Alicia Aradilla, socióloga y experta en neurolingüística. De hecho, comenta esta especialista, la pandemia rompió nuestros hábitos físicos y emocionales; rompió nuestra estructura mental temporal y no pudimos desarrollar nuestros hábitos individuales ni sociales. Y eso, nos hizo sentir mal, muy mal, porque como comenta esta socióloga, “cuando rompemos nuestras rutinas podemos sentir más confusión, incapacidad e impotencia”. Esto no  significa que salir de nuestros hábitos sea siempre un motivo de malestar. ”Romper las rutinas por un tiempo, porque estamos de vacaciones o en otro contexto, temporalmente, puede ayudar a desconectar y relajarnos, pero mantener esto demasiado tiempo puede generar dificultades para la concentración, dispersión, desorden mental e incluso estrés”, corrobora Laura Palomares, directora y psicóloga de Avance Psicólogos.

La importancia de tener rutinas
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Las costumbres, afirma Palomares, nos dan seguridad. “Los seres humanos necesitamos de cierta previsibilidad en el día a día, ya que rebaja el estrés y da sensación de control”. Por otro lado, prosigue la psicóloga, es bueno hacer la lectura de que muchos de los hábitos que recuperamos a la vuelta de las vacaciones no son solo obligaciones o aburridos. “También vamos a recuperar actividades y momentos agradables de nuestro día a día”.

Además, la implementación de rutinas nuevas es un juego sutil entre disciplina y placer que, según Alicia Aradilla, genera seguridad en uno mismo (“por ejemplo, podemos decirnos: “si me lo propongo lo puedo conseguir”) y modela una estructura social que, cuando la conocemos y comprendemos, nos facilita relacionarnos, satisfaciendo una necesidad innata en el ser humano: sentir aceptación. Por eso, en septiembre y enero nos planteamos más objetivos, porque en nuestro patrón mental del tiempo colectivo lo consideramos un momento de oportunidad, de reseteo y de comienzo.

Las ventajas de tener rutinas

“Las rutinas son la vía para realizar tareas necesarias en nuestro día a día rebajando el esfuerzo del cerebro para ello, gracias al hábito y la repetición”, refiere la directora de Avance Psicólogos; y esto, dice, permite que liberemos espacio de nuestro cerebro para tareas más creativas o complejas. Igualmente, apunta, los hábitos facilitan que nos de tiempo a alcanzar las tareas propuestas sin sentir que corremos, “nos ayudan a organizar y estructurar el tiempo. Todo esto disminuye el estrés y genera una sensación de orden mental”. En el caso de los niños, además, las rutinas son importantes sobre todo porque les entrena en autonomía, y esta es fundamental para desarrollar una buena autoestima.

En la medida que las rutinas generan tranquilidad y estabilidad, son, en opinión de Alicia Aradilla, la aportación cotidiana al bienestar mental y emocional. No solo eso, sino que, como añade Palomares, los hábitos también tienen un efecto positivo en nuestra salud. “Ayuda al organismo a mantener su reloj biológico o circadiano. Este reloj es importante para mantener las funciones endocrinas y de nuestro sistema inmunitario a punto”.

Y esto no es todo, porque algunas de nuestras destrezas y competencias son fruto de los hábitos. Es el caso, por ejemplo, de las habilidades deportivas o musicales, actividades en las que difícilmente avanzaríamos sin una rutina en su práctica y aprendizaje.

Sin embargo, si las rutinas son demasiado rígidas o exigentes, acaparando todo el tiempo se convierten en una fuente de ansiedad. “Si son solo obligación y no hay una alternancia con momentos de descanso u ocio, se convertirán en un factor de estrés”, puntualiza Laura Palomares

Cómo mejorar nuestras rutinas

Queda claro que mantener unos hábitos diarios mejora nuestro bienestar físico y mental. Sin embargo, a veces, seguir esas rutinas se nos hace poco llevadero. “La rutina cuesta y la rutina nueva cuesta más, pero de manera proporcional, a más esfuerzo, más satisfacción”, dice Alicia Aradilla. Por todo ello, no es cuestión de tirar la toalla al primer revés ni de dejarse vencer por la pereza. Las expertas nos dan las claves para optimizar nuestros hábitos.

1. Convertir algunas rutinas en rituales. Se trata, explica Alicia Aradilla, de desarrollar esa actividad de manera consciente, que queda muy bien reflejado en el “aquí y ahora”. De esta forma, estamos provocándonos la emoción que necesitamos. Como señala esta socióloga en su libro 'Teletrabajar bien', “incorporar ritos a tus rutinas las reforzará porque introducirás la dimensión espiritual que tienes como ser social. Crearás patrones útiles en relación a tus objetivos personales y también a los profesionales”.

2. Pensar en el beneficio. Cuando estemos en ese momento en que nos cuesta tanto aplicarla es importante centrarse en el provecho que nos aporta más que en el esfuerzo que requiere. Así, argumenta Aradilla, será más difícil procrastinar y ponernos excusas.

3. Un pequeño juego mental. En este punto, la socióloga propone tratar las excusas como si fueran un pretexto ajeno. Si el lunes no nos apetece ir al gym y lo dejamos para otro día, porque aun queda mucha semana, deberíamos repetirnos que aunque es verdad que hay otros días, es hoy, lunes, cuando queremos ir al gym

4. Alternar y encontrar el equilibrio. Según Laura Palomares es fundamental distribuir el tiempo, a partes iguales, entre tareas y obligaciones y otras rutinas relacionadas con el ocio y autocuidado. “Esto hará que nuestras costumbres sean mantenibles. Empezar por establecer un horario de comidas y de sueño puede ser un buen comienzo, ya que nos ayudará a estructurar el tiempo, y favorecerá hábitos cada vez más saludables. Una rutina de ejercicio físico, no demasiado exigente y a ser posible al aire libre, ayudará a mantener un mayor bienestar”.

5. Practicar la rutina del autocuidado  Las mujeres, dice Alicia Aradilla, tienen cierta tendencia a dejarse en el último lugar, pero es importantísimo cuidarse para poder cuidar. Es más, según Laura Palomares, es fundamental para nuestra autoestima: es el mensaje diario que nos mandamos a nosotros mismos para recordarnos que somos importantes. “Desde hábitos saludables de alimentación, una buena higiene del sueño, un ejercicio físico regular hasta momentos de descanso o desconexión e incluso de no hacer nada, son rutinas de autocuidado que nos ayudaran a sentirnos bien y valorarnos”. Si además estas rutinas las ritualizamos, convirtiendo, por ejemplo, la limpieza de rostro cada noche en un momento para disfrutar de los olores y texturas de los cosméticos o los aplicamos añadiendo movimientos de masaje, el beneficio será doble: cutáneo y emocional.