El contacto de los pies (y la piel) con la tierra tiene beneficios inesperados, para la salud física y el bienestar.  | ISTOCK

¿Por qué debes practicar el earthing? Los beneficios inesperados de poner los pies en la tierra

Andar descalzos es bueno para la salud y el estado de ánimo. Poner los pies en la tierra es más que un sencillo placer, te carga de energía. Te contamos cómo y por qué

CARMEN LANCHARES

Literal. Poner los pies en la tierra (o la arena, el suelo, la hierba…) te hará sentirte mejor. Lo intuías, pero los expertos lo confirman. Conocida como earthing (earth= tierra), o grounding (ground =suelo), esta práctica de toma de tierra permite descargar nuestra tensión (eléctrica), física y mental, y (re)cargarnos de energía positiva. Aunque de primeras pueda sonar a otro ritual más propio del chamanismo que de la ciencia, hay una explicación física (la conductividad) que justifica los beneficios de andar descalzo e incluso, si se tercia, de revolcarse por el suelo. Porque cuanto más contacto directo con de la piel con la tierra (y la naturaleza), mejor.

La tierra está cargada de electrones y tumbarse sobre el césped o la arena tiene un alto poder antioxidante sobre nuestro cuerpo. Ayuda a reducir los dolores (cabeza, músculos, etc) y a mejorar la calidad de sueño, el estado de ánimo y eliminar el cansancio y el estrés”, comenta David Pueyo, fisioterapeuta de AC DermaStudio. En efecto, el contacto directo de los pies (o la piel) con la tierra permite absorber la energía eléctrica negativa de la superficie terrestre, lo que contribuye a neutralizar los radicales libres en nuestro organismo. De hecho, basándose en ese principio de la conductividad (la capacidad de los cuerpos para permitir el paso de la corriente a través de sí mismos y, en consecuencia, la facilidad con la que los electrones pueden atravesarlos) se comercializan mantas para la cama, alfombrillas, tapetes o calcetines que ejercen de ‘toma de tierra’ para liberar esa electricidad interna que acumulamos.

Aunque aun no hay demasiados estudios, las investigaciones efectuadas hasta el momento señalan que la práctica del earthing tiene ventajas que trascienden al simple placer de liberarse del calzado y se extienden a la salud y al estado de ánimo. “Andar descalzo proporciona muchos beneficios tanto a nivel físico como emocional. Por un lado, mejora la circulación sanguínea, especialmente en los pies, y eso permite eliminar la tensión que padecemos después de largos días de trabajo. Por otra parte, ayuda a eliminar el estrés, ya que en las plantas tenemos un alto número de terminaciones nerviosas y, al estar en contacto con el suelo, se estimulan y fortalecemos nuestro sistema nervioso”, resume Pueyo.

La práctica del earthing normalmente empieza por los pies, pero va más allá de estos. Caminar descalzos es la forma más sencilla de iniciarse de este intercambio de energías, pero resulta igualmente beneficioso sumergirse en el agua (del mar, la bañera o de una fuente termal), tumbarse en el césped o en la arena, sentarse en una roca o apoyar la espalda en un árbol. Y es que -eso sí está más estudiado- ese contacto tan directo con la naturaleza tiene una respuesta en nuestro organismo: mejora la oxigenación celular y la circulación sanguínea al tiempo que activa la relajación o disminuye la tensión muscular, fortaleciendo el sistema inmunológico y disminuyendo la tensión emocional.

Pies fuera

El verano es un buen momento para empezar a practicar el earthing. De hecho, caminar descalzos en esta época de calor es toda una liberación. Y no, no importa que aún no hayamos pisado la playa, cualquier superficie es buena para entrar contacto directo con lo que tenemos bajo nuestros pies y cualquier ocasión que se nos presente para quitarnos los zapatos será buena. Aunque como dice Pueyo, puestos a elegir, mejor hacerlo en las superficies blandas porque aportan más amortiguación; y eso no es solo más recomendable para nuestros pies, sino para toda nuestra columna vertebral. “Nuestras vertebras están separadas por los discos vertébrales, y se componen principalmente de agua y colágeno; su principal función es la de atenuar el impacto y dar flexibilidad a nuestro cuerpo”.

También Juan Carlos Montero, podólogo y vocal del Colegio de Podología de Madrid (ICOPOMA) recomienda, por la salud de los pies, caminar sobre terrenos más mullidos. “Hacerlo por una superficie dura conlleva que nuestro pie va a recibir una mayor carga o impacto” y aconseja a la hora de valorar las diferentes superficies, tener en cuenta varios aspectos como el nivel del suelo, la presencia de homogeneidad o irregularidades del terreno así como de objetos como rocas, pinchos, etc que pueden dañar nuestros pies. Pero a efectos de ’toma de tierra’ es tan plausible poner los pies sobre la arena que sobre una baldosa de cerámica; aunque hay materiales, como la madera o el plástico que son malos conductores.

En cualquier caso, andar descalzo no es tan descabellado. Es algo natural. Según el podólogo, nuestros pies están preparados para poder caminar sin calzado. “Este surge por la necesidad de protección frente agresiones externas y como abrigo ante las temperaturas tan cambiantes. No tendría mucho sentido caminar sin calzado por una ciudad como Madrid donde podríamos dañar nuestros pies y producir heridas que pudieran ser entrada de múltiples infecciones para nuestro cuerpo”. Dicho esto, de cara a la salud de nuestros pies, una buena práctica es caminar descalzo en la arena fina y homogénea de la playa, pero lo desaconseja en las arenas más gruesas o con conchas o cantos que podrían provocar una herida.

Por su parte, David Pueyo sugiere tomar precauciones, especialmente, a aquellas personas que padecen diabetes, “ya que a nivel circulatorio pueden sufrir alguna lesión y ser perjudicial”; también a las personas con obesidad, que tienen más tendencia a sufrir esguinces o lesiones en la planta del pie, como la fascitis plantar.

Una forma de conectar con uno mismo

A pesar de sus beneficios en el bienestar, el earthing como tal no es una terapia, aclara  Beatriz Beigbeder, psicóloga de AC DermaStudio. “Se sale un poco del concepto de ésta, como un tratamiento de una enfermedad o una disfunción; pero sí se puede entender como una técnica o una herramienta dentro de un tratamiento. Nos hemos acostumbrado a vivir de puertas para fuera, sobreponiéndonos a cómo nos sentimos y tirando de nosotros para poder llegar a todo. Hemos alcanzado tal punto de desconexión con nosotros mismos que muchas veces no sabemos poner palabras a lo que sentimos y directamente lo expresamos a través del cuerpo, ansiedad, cansancio, irritabilidad, un alto consumo de alcohol…”. Ante este panorama, prosigue la experta, practicar el ‘grounding’ hace que nos paremos para centrarnos en el aquí y ahora, nos ayuda a volver a nosotros, a darnos cuenta de que respiramos, que sentimos, y que, en nosotros, estamos bien.

Ese contacto directo de la piel con la naturaleza supone darnos permiso para volver a sentir cómo sentimos, argumenta la psicóloga. “Es como volver a la niñez. Y esto es bueno porque si un niño no juega sintiendo los límites que generan la tierra con la piel, el barro pegado a la piel, algo que rodea el cuerpo y lo contiene, no se facilitará a la mente el trabajo de darse cuenta de ‘dentro-fuera’ mío-tuyo’ ‘yo-no yo’. El contacto físico con la naturaleza ayuda a través de lo físico la integración de algo psíquico, y será terapéutico en la medida en que uno sea consciente del trabajo que se está haciendo y para qué se está haciendo”.

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