Palabras de amor: Martin Amis & Isabel Fonseca

Destilan estilo, intelecto y humor a partes iguales. El matrimonio más chic de la élite literaria actual nos muestra su lado más íntimo y sus diferencias en una conversación tan lúcida como divertida.

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Esperando a que su marido cumpla a regañadientes con una sesión de fotos, Isabel Fonseca se pasa el peine para contrarrestar las diabluras que el viento hace con su pelo. Mientras lo intenta domar, con no pocas dificultades, cuenta la anécdota de cómo una periodista que, puesto que su novela ‘Vínculo’ (Anagrama, 19,50 €) parte de una infidelidad que descubre la protagonista, confundió realidad y ficción preguntándole cuándo había tenido Martin Amis un affaire. «Nunca, ¿qué necesidad iba a tener con una esposa como yo? le contesté. No estuve mal, ¿verdad?», comenta ufana. Una respuesta así podría interpretarse como una advertencia de que uno se mantenga alejado de las preguntas personales, tan tentadoras en el caso de una pareja triunfadora y famosa, lista y chic. Pero cuando él regresa del via crucis y los dos se sientan codo con codo y la grabadora se activa, ambos se muestran relajados, de risa fácil, compenetrados, abiertos a discutir sobre cualquier tema y encantados de llevarse la contraria, si procede.

Ambos han escrito artículos periodísticos y ensayos sobre temas muy serios, de gran interés social. ¿Creen que este tipo de trabajo puede tener algún tipo de impacto en la gente y contribuir a cambiar el estado de las cosas?

Martin Amis: El impacto es microscópico, pero toda escritura tiene que ver con la educación. Al escribir una novela esperas que el lector se transforme en una persona más sensible al mundo, potenciar su capacidad de percepción, que vea las cosas desde distintos ángulos. Para esto sirve escribir ficción, para agradar a tus lectores y conseguir que sean más agudos. Cuando escribes no ficción el proceso resulta más sencillo, entonces les muestras tal y como tú ves la realidad externa, e intentas convencerlo y estimularlo y también despertar opiniones opuestas, incluso rechazo.

Isabel Fonseca: Alguna chispa esperas generar, la verdad. Albergas la esperanza de contagiar a otros la indignación que te ha llevado a escribir sobre alguna injusticia y que se active una cadena que desemboque en cambios. Aunque yo he escrito tanto artículos periodísticos serios como frívolos.

Martin: Es cierto. Tú, tras uno sobre un campo de refugiados, te pones con otro sobre zapatos.

Isabel: Sí, y no me avergüenzo en absoluto, entretener forma parte del oficio. Además, todo el mundo necesita zapatos, ¿no? (risas).

¿Cada uno es el primero en leer los trabajos del otro?

Martin: Ella tiene el hábito de leer mis libros en seguida, pero no a petición mía, sino que es ella la que me va detrás durante días. Luego, se tira una semana sin leerlo, dejándome en ascuas. Ya sabes, mujeres... (risas).

Conociendo el ego que gastan los autores, un matrimonio de escritores debe de tener un cierto grado de competitividad. ¿Lo compensa la comprensión?

Isabel: Por completo. Para empezar, yo no soy una persona competitiva, no practico ningún deporte, odio los juegos, no tengo el menor interés en vencer a nadie. Además, sería ridículo competir con Martin, porque tiene una personalidad única, aunque, bien pensado, cada voz es única. La competencia es, pues, con una misma, surge del anhelo de mejorar. Pero él sí que es una persona competitiva en la vida.

Martin: Sí, yo creo que forma parte del oficio del escritor, si te dedicas a esto, en cierto modo te has de creer que eres el centro del universo. Quieres que todo el mundo te lea.

Isabel: Creo que Martin tiene una concepción de la literatura más ligada a la idea de inmortalidad.

Martin: Ser leído por una persona tras tu muerte es algo. Ser leído por dos personas tras tu muerte es una suerte de inmortalidad. Muchos psicólogos defienden que todas las actividades del ser humano están ligadas al concepto de inmortalidad. De aquí que tengamos hijos.

Isabel: Por suerte, eso lo tenemos cubierto.

¿Recomendarían a sus hijos que se hicieran escritores?

Martin: Creo que no has de sacar nunca el tema. Si no, parece que les digas «podrías llegar a ser como yo». Lo cual es harto improbable.

Isabel: Además, a un hijo no le has de presionar para que llegue a ser nada.

Martin: Especialmente en las artes.

¿De qué manera ha influido en vuestra relación el hecho de que Isabel haya escrito una novela?

Martin: Antes de escribir ‘Vínculo’ me reprochaba que me pasara la vida encerrado en mi estudio. A lo que yo le respondía que un novelista ha de ser avaricioso con su tiempo e incluso despiadado con su familia, llegando a ignorarla por momentos. Ahora lo entiende. Ahora es ella la que se comporta de manera ‘avariciosa’ y ‘despiadada’. Desde un punto de vista práctico, entiende mejor mis rutinas, pero lo de verdad importante es que al leer su novela he podido acercarme a su mente y su corazón de una forma muy profunda.

¿Compartes la visión de Martin sobre la naturaleza despiadada del escritor?

Isabel: Sí, para dedicarte a la novela has de se egoísta. De ahí que haya tan pocas obras realmente históricas escritas por mujeres, pues han estado ocupadas en otras tareas.

Martin: Es curioso que las mayores aportaciones artísticas de las mujeres hayan sido en la literatura. No en la pintura, ni en la música.

Isabel: Quizás hubiese tenido más lógica que fuera en la poesía, que requiere menos dedicación.

Martin: Ahora que lo pienso, la mejor novela inglesa jamás escrita es obra de una mujer, ‘Middlemarch’ de George Eliot.

Isabel: Quien no tuvo hijos...

Martin: Pocas grandes novelistas fueron madres.

Isabel: Pero se equivocan las que se vuelcan en el arte renunciando a la vida, consiguen que su trabajo resulte frío. A mí, ser madre me ha ayudado a encontrarme como escritora.

Martin: De hecho, uno tiene hijos para disponer de material para sus novelas (risas).

Isabel: No quiero ni pensar lo que tus hijos escribirán sobre ti algún día.

Martin: Solo me perdonarán si ellos también se convierten en escritores.

Las religiones y las creencias atraviesan las páginas del último libro de Martin, ‘El segundo avión’, ¿tenéis opiniones afines en materia espiritual?

Isabel: Yo soy más atea, y él es más agnóstico.

Martin: Dado que casi no entendemos nada, no sabemos qué es la vida, estamos a diez einsteins de distancia de conocer cómo empezó el universo, los cosmólogos llevan cuarenta años sin avances. Afirmar en este contexto que no existe Dios es prematuro y presuntuoso.

Isabel: Coincido en que sabemos muy poco, pero cuando se presenten esos diez einsteins que darán con las claves del universo, mi intuición se revelará cierta y descubriremos lo solos que estamos.

‘Vínculo’ trata sobre infidelidad. ¿Tampoco se ponen de acuerdo sobre ella?

Martin: No debes hacerlo. Es un síntoma de que algo va mal en un matrimonio. También es una cuestión de ‘timing’, si te casaste con 20 años y tuviste niños cuando eras un niño, es fácil que acabes siendo infiel. Si lo haces en la madurez, no.

Isabel: Martin ya pasó por un divorcio y sabe que no le conviene repetir la experiencia.

ISABEL FONSECANació en Nueva York, en 1963, en el seno de una familia acomodada (es la menor de cuatro hijos de un escultor uruguayo), formada en Oxford y bregada en la redacción de diversas revistas, columnista de ‘The Times Literary Supplement’ y autora del ensayo sobre los gitanos ‘Enterradme de pie’, que ahora reedita Anagrama. Acaba de ver traducida al español su primera novela, ‘Vínculo’, retrato de una mujer abrumada por diversos conflictos personales (su marido la engaña, su hija quiere dejar el hogar...) y donde es fácil rastrear concomitancias con la vida de la propia autora.

MARTIN AMISNació en Londres, en 1948. Hijo del escritor Kingsley Amis, Martin se convirtió en una de las principales voces de la narrativa británica desde su precoz debut a los 23 años con la novela ‘El libro de Rachel’. Autor de títulos tan celebrados como ‘Dinero’, ‘La flecha del tiempo’, ‘Tren nocturno’ o ‘Experiencia’, acaba de publicar ‘El segundo avión’ (Anagrama, 16,50 €), una recopilación de ensayos, críticas y relatos que ha ido publicando en los últimos años en torno al 11-S y sus efectos en Orientey Occidente, así como

una crónica de sus viajes con Tony Blair.

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