Wendy es la primera ganadora del Premio de Novela Bruguera Editorial. Como jurado, un único nombre: Eduardo Mendoza.

Wendy Guerra, recién llegada

Wendy Guerra se confiesa en “Todos se van”, un diario personal que liga ficción y realidad.

Laura Gamundí

Desnudarse a través de las páginas de un diario puede servir para «postergar lo que uno no comprende». Al menos, ése era el pensamiento inicial de Wendy Guerra antes de convertir en literatura sus confesiones y ganar el I Premio Bruguera con “Todos se van”. Una novela a ratos dolorosamente autobiográfica que narra las sucesivas transformaciones de Nieve (álter ego de la propia escritora) desde su infancia hasta la adolescencia en Cuba.
Pese a las apariencias, ni mucho menos se trata de una alegoría política sobre el país, sino de algo más íntimo y certero: la iniciación al amor, el sexo y el abandono que experimenta una niña solitaria. «Es un diario duro, seco, escrito sin autocompasión y no exento de arrebatos », comenta el escritor Eduar- do Mendoza que, en calidad de jurado único, concedió el premio a Wendy. La escritora captura la realidad cubana desde la «cotidianidad de la calle ». Wendy, por su parte, define su libro como «una historia sobre la comunión familiar y su desmembramiento, repleta de adioses afectivos».
Prosa en verso
Autora de varios libros de poesía y ferviente admiradora de la escritora Anaïs Nin, Guerra ha sido incluida en varias antologías cubanas. Ello explica las raíces poéticas de “Todos se van”, obra en la que no dejan de encadenarse metáforas sobre la ausencia, los sentimientos efímeros, los reencuentros... y todo aquello que compone una secuencia de ciclos vitales determinados por un entorno cambiante. Hay que leerlo.