Sincera y cercana

Ester Aguado

¿Y por qué ‘407’, la canción dedicada a tu padre?
Sentía la necesidad de contar todo lo que estamos viviendo con su enfermedad (leucemia). Es un palo que te hace madurar muchísimo, que descoloca de arriba a abajo tu mundo en un minuto y te obliga a replantearte la vida, a readaptarte, a cambiar prioridades. A mis 32 años me encuentro en paz, más tranquila. Aunque haya momentos de pánico en los que tienes que enfrentarte a mil cosas en un minuto y sea muy duro, sabes que posees la fuerza para lograrlo y la recompensa es buenísima. He recuperado la ilusión y la energía.
¿Es que habías perdido ambas?
Bueno, no sé si tanto, pero me dejaba llevar. Había entrado en una dinámica de laxitud y yo no soy así en absoluto: me gusta tomar las riendas, afrontar responsabilidades y el disco nuevo me ha permitido hacerlo. He hecho un trabajo muy honesto, con letras directas, que han salido del corazón. He huido de una producción excesiva, he perseguido un sonido más guitarrero... he grabado un disco en el que lo importante son las canciones.
El primer sencillo del álbum se llama ‘Quiero ser’, ¿toda una declaración de intenciones?
Lo elegí porque habla de mí. Esta canción me salió de forma mágica y así lo sentí: es parte de lo que ya soy y parte de la nueva Amaia, que lucha cada día por llegar a ser. Dice –cantando–: «Quiero ser una palabra serena y clara, quiero ser un alma libre de
madrugada, quiero ser una emigrante de tu boca delirante de deseos, que una noche convertiste en mi dolor.» Habla de mí, pero también de lo que me gustaría tener con el amor de mi vida, de los miedos al enfrentarte a una relación nueva...
Es un disco que habla más sobre la afirmación personal que sobre temas como el amor, ¿se escribe mejor desde el desamor, sale mejor que cuando todo funciona bien?
Desde luego, pasarlo mal da mucho más juego a la hora de componer (risas). Según nos vamos haciendo mayores, nos volvemos más cautos, construimos una especie de muro delante, nos da miedo perder nuestra libertad. Este disco habla de todas esas cosas que me rondan por la cabeza.
Has escrito las once canciones del disco tú sola. ¿Nunca pensaste en buscar alguna colaboración especial?
Como es mi primer disco después de abandonar el grupo, ha sido una forma de autoafi rmación, un empezar desde cero. Pero sí he contado con un invitado genial: Eros Ramazzotti tiene un solo de guitarra en ‘La bahía del silencio’. Fue genial y muy generoso conmigo.
¿Y qué parte del proceso de creación del disco te ha aportado más como artista?
Aprendí un poco de piano, di clases de guitarra y hasta de informática, terreno en el que siempre he sido absolutamente nula... bueno, ¡hasta aprendí italiano! Así que no podría decirte: ha sido una experiencia global increíble, muy enriquecedora. y me encontré con Justin Timberlake y, en otra ocasión, con Mel Gibson, que no sé si se ha dado a la música, ahora (risas).