Roberto Saviano: la verdad ofende

Su éxito ha sido su condena. El autor napolitano se debate entre el amor y el odio que siente por su best seller “Gomorra”, una denuncia contra la mafia que le ha robado la vida.

Ernest Alós

La melancolía de su mirada bien podría ser el reflejo de lo que le ha tocado vivir estos últimos tres años. Desde que fuera amenazado de muerte por la Camorra apenas sale del refugio secreto donde se ha exiliado y ya no va solo a ninguna parte, un equipo de escoltas se ha convertido en su nueva familia. A sus 29 años, Roberto Saviano no deja de preguntarse si vale la pena pagar este precio: «Desde fuera puede parecer que sí, pero cuando digo que no me arrepiento de haber escrito ‘Gomorra’, una parte de mí se rebela.» Hablamos con él en Barcelona, donde nos avisan del lugar de la entrevista por una llamada al móvil solo media hora antes.
-¿Cómo se vive así?
-Solo puedo ir a un lugar público si la policía verifica que es seguro. Vivo con una presión enorme.
-¿Tan peligroso es un libro?
-Algunos clanes de la Camorra consideran que soy el símbolo de todos sus males. Consideran una amenaza que yo haya convertido en apetitoso para los medios hablar de su existencia. Vive con cinco escoltas y dos coches blindados... ¡El arrepentido Schiavone declaró que el clan actuará contra mí en cuanto baje la guardia. Por un lado, haber hablado me protege, pero por otro me obliga a vivir así. Cada día me levanto diciéndome qué puedo hacer para acabar con esto.
-¿Qué sería peor para la Mafia, desde un frío cálculo, dejarle hablar o que usted se convierta en una víctima?
-Depende del punto de vista. Para las familias que están en la cárcel pero que aún tienen mando, que yo viva significa que sigue la atención sobre sus negocios. El padre de los Schiavone gritó en plena calle que yo era un payaso: era su manera de decir que no tenían miedo de mí. Para las demás familias, que yo muera sería un inconveniente,
porque sus miembros están en búsqueda y captura y tienen miedo. Los caribinieri me hicieron llegar una información preciosa: los clanes se reunieron para decidir mi suerte y muchos de ellos decían que no se debía hacer nada ahora, porque les enviarían los tanques. Pero todos coincidían en que yo no era un hombre de respeto sino un hombre de mierda, alguien que para ganar dinero y fama les estaba escupiendo en la cara. A los jueces que odian los respetan, a mí, no.
-Comenta que aquí en España sí recibe homenajes, pero no en Italia. ¿Lo dice para quedar bien o es verdad?
-En Italia, el presidente y el ministro del Interior me protegen pero, a nivel local, siento odio. No indiferencia. Odio. En Nápoles me insultan por la calle. Y tengo que pedir a mis escoltas que no respondan. El capitán de la selección de fútbol, Cannavaro, muchos escritores... están hartos de mí, no quieren que se dé una imagen de Italia relacionada con crímenes en lugar de cocina o fútbol. ¡Pero si la Camorra acabó hasta con la mozzarela, contaminándola con dioxinas!
-¿Para ser feliz se ha de huir de Italia?
-Toda la gente de mi generación se ha ido de Nápoles. Allí quedan los que se resignan, mientras los mejores se van. Es el final de cualquier posibilidad de cambio. Para un napolitano, el simple hecho de que la ciudad sea ordenada, que se obtenga un formulario a tiempo o que el autobús llegue puntual parece un milagro. Para ustedes parece normal. Yo no vengo de Somalia, vengo de un país europeo, pero cuando llego aquí siento estupor. Mi país está enfermo.
-¿Cree que existe el peligro de que las mafias acaben con esta sociedad, más o menos ordenada?
-Tengo la sensación de que España ha decidido tolerar la presencia de delincuentes mientras no maten y aporten capital. Ustedes detienen a delincuentes perseguidos en Italia, pero no investigan su dinero. Si se destaparan sus empresas legales, sobre todo en el sur del país, España podría ser el mejor sitio para frenar la delincuencia internacional. Pero tienen miedo de tirar del hilo.
-Dijo que tenía la sensación de que la gente actúa con usted como si se estuviese despidiendo de un moribundo.
-Esto me pasa sobre todo con los amigos íntimos, que cuando vienen a visitarme me
traen azúcar, café y cosas así, como si estuviera enfermo. Menos mal que tengo cerca a gente como Salman Rushdie, con quien puedo compartir experiencias. Lo que más le hería, también a él, era que gente como Pérez Reverte le dijese que debía dar gracias por la fatua porque lo había hecho famoso. ¿Cómo no pueden entender lo infernal de nuestra situación? Poco a poco, Salman ha conseguido salir de ella, y me está aconsejando a mí cómo hacerlo.
LAS OBRAS MALDITAS
-En 2006, un joven periodista local de Nápoles gritó de rabia contra la Camorra y desveló su funcionamiento como una gran multinacional en ‘Gomorra’ (Debate, 19,90 €; Debolsillo, 7,95 €), adaptada al cine por Matteo Garrone.
-Acaba de publicar ‘Lo contrario de la muerte’ (Debate, 9,90 €), dos relatos breves. En el segundo, el autor se ve como un hombre libre: «Mi vida de antes era mediocre, pero ahora me parece fantástica.»