Robert Pattinson, sobrevivir a "Crepúsculo"

El tímido actor trata de sobrellevar el fenómeno "Crepúsculo" y la histeria colectiva que despierta a su paso. En vivo, descubrimos qué piensa y cómo es.

Nando Salvá

Robert Pattinson debe su éxito a las drogas. Hace menos de dos años, antes de participar en la audición para el papel de Edward Cullen, héroe chupasangres de la millonaria saga literaria ‘Crepúsculo’, mordisqueó un pedazo de valium y esta tranquilidad hizo que le dieran el papel. Meses antes, parecía decidido a dejar la interpretación. Ahora, con solo 23 años, cobra 11 millones de euros por película, y gracias al brutal éxito de ‘Crepúsculo’ (2008) y ‘Luna Nueva’ (2009) comparte lista con Barack Obama como uno de los hombres más influyentes del mundo.
Que también sea uno de los más deseados resulta doblemente irónico. Porque tiene gracia que una colección de relatos que defienden la abstinencia sexual antes del matrimonio agite estrógenos como lo hace y porque, no hace mucho, al ser escogido Pattinson para interpretar al vampiro Cullen, las millones de fans de los libros de Stephenie Meyer enfurecieron. Lo consideraban despreciable, y muy feo. Ni él mismo se veía para el papel: «En la sinopsis de ‘Crepúsculo’ se define a Edward como un ser perfecto, ingenioso y hermoso, loco y divertido. Yo no soy así. Es a él a quien las fans adoran», opina.
Admite que sus padres valoran más sus logros que él mismo: «Siempre dicen que debo sentirme orgulloso, pero yo les repito que es solo cuestión de suerte.» Ella trabajaba en una agencia de modelos; él vendía coches de época. Le dieron a su hijo menor –tiene dos hermanas mayores, que solían travestirlo y llamarlo Claudia hasta que cumplió doce años– una educación acomodada en un barrio periférico del suroeste de Londres. Lo inscribieron en un colegio pijo del que, con el tiempo, fue expulsado por motivos no confesados. Fue su padre quien, poco después, le sugirió que formara parte de un grupo teatral: «Un día vio a un grupo de chicas guapas que acudían allí y me dijo, ‘Rob, deberías apuntarte’. ¡Esa es la razón por la que sigo siendo actor!» Después de algún trabajo como modelo –«dejaron de llamarme cuando crecí y dejé de parecer una chica»– y de un papel insignificante en ‘La hoguera de las vanidades’ (2004), incluso después de participar en dos de las películas de la saga ‘Harry Potter’, parecía más cerca de dedicarse a su otra gran pasión, el rock. Sigue esperando la ocasión de grabar un disco: «No estoy especialmente interesado en publicarlo, pero me encantaría dar algunos conciertos. La música ocupa un lugar esencial en mi vida. No podría vivir sin ella.»

AUTOCRÍTICO
TRATA DE NO VER SUS PROPIAS PELÍCULAS. «‘Luna Nueva’ es la primera en la que mi trabajo me resulta soportable. Cuando rodé ‘Crepúsculo’ (2008) estaba demasiado desesperado por hacer que el personaje fuera oscuro, a pesar de que, en los libros de Stephenie Meyer, es un tipo encantador.»
RETICENTE
NO SIENTE INTERÉS POR LOS VAMPIROS. «Antes de rodar ‘Crepúsculo’ no tenía ningún interés en el cine de vampiros, porque me parece un género gastado. Estoy cansado de que la gente se queje de que los verdaderos vampiros no se comportan como los de ‘Crepúsculo’. ¡Pero, hombre, si los vampiros no existen!»
AGOTADO
LAS EXIGENCIAS LE PASAN FACTURA. «Me cuesta poner a funcionar mis neuronas. He trabajado sin descanso desde enero, y ahora necesito unas largas vacaciones. Antes solía trabajar un máximo de diez horas al año; ese es mi ritmo natural.»

PERSEGUIDO
NO SABE CÓMO BURLAR A LOS PAPARAZZI. «La presión que ejercen es dura. Son un puñado de sujetos que a todas horas quieren cazarte haciendo algo estúpido. He tratado de hacer que mi vida sea lo más aburrida posible porque pensé que eso iba a hacer que perdieran el interés, pero no hay forma.»