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Los Oscar, una ocasión perfecta para protestar

Repasamos las galas más reivindicativas de los Oscar desde 1935.

Paka Díaz | Woman.es

Vale, los Oscar de 2015 fueron una pasada en cuanto a reivindicativos. Además de la maravillosa Patricia Arquette pidiendo igualdad de derechos para las mujeres en su discurso de agradecimiento por el premio a Mejor Actriz de Reparto, ya en la alfombra roja varias actrices hacían suya la campaña #AskHerMore con la que animaban a los periodistas a preguntarles por su trabajo en lugar de por su diseñador (o, al menos, no solo por este). Además, durante la entrega el Mejor Director, Alejandro González Iñárritu bromeó con Sean Penn sobre la situación de los inmigrantes en los Estados Unidos. Penn le preguntó cómo había conseguido su permiso de residencia e Iñárritu ironizó sobre si la Academia impondría límites en los premios pues dos mexicanos -Alfonso Cuarón y él- habían ganado por dos años consecutivos el Oscar a mejor director. El realizador también recordó las duras condiciones de los inmigrantes que llegan al país. “Sólo espero que los traten con la misma dignidad y respeto que recibieron los mismos que llegaron construyeron esta maravillosa nación de inmigrantes”, dijo. Por su parte, el guionista de la película ‘The Imitation Game’ -muy recomendable por cierto para quien no la haya visto-, Graham Moore contó al recibir su Oscar al mejor guión adaptado que a los 16 años intentó suicidarse, “y aquí estoy, por eso me gustaría transmitir un mensaje a ese joven que siente que no encaja en ningún sitio. Sí que lo haces. Continúa siendo raro, diferente y cuando sea tu turno y estés en este escenario, pasa el mensaje, por favor”. 

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También emotivo pero mucho más político fue John Legend, Oscar a la mejor canción por ‘Glory’ de la película ‘Selma’, quien denunció en su discurso que había que seguir luchando contra la injusticia y el racismo ya que “en este país hay más hombres negros en las cárceles hoy en día que esclavos había en 1850”. Y, precisamente, es el claro indicio de racismo por parte de la Academia de Cine a los actores afroamericanos lo que ha levantado una marejada reivindicativa en la gala de 2016.

No fue hasta el año 2002 que una actriz afromaericana, Halle Berry, ganó un Oscar a Mejor Actriz Protagonista mientras que el primer actor de raza negra en ganarlo fue, en 1963, Sidney Poitier. Para la historia de la infamia que el caso de Hattie McDaniel, ganadora del Oscar a Mejor Actriz de Reparto por ‘Lo que el viento se llevó’ y que no pudo sentarse con el resto del reparto de la película porque en aquella época -1940- estaba permitida la segregación racial. Hay muchos ejemplos del ninguneo o la falta de aprecio de los miembros de la Academia por el trabajo de actores o directores negros, pero quizá uno de los más flagrantes fue la bofetada al director, blanco, Steven Spielberg cuando su película ‘El color púrpura’, nominada en 11  categorías, no se llevó ni un premio, ni siquiera el de la espléndida Whoopi Goldberg, que sin embargo ganó el Globo de Oro ese año.

Los ejemplos que podríamos dar son muy abundantes pero este año ha saltado la chispa porque es el segundo consecutivo en el que no hay ningún actor o actriz de raza negra está nominado. Y el caso es que hay grandes películas e interpretaciones de los mismos. Por ejemplo, la de Will Smith por ‘Concussion’, o la de Idris Elba por ‘Beasts of No Nation’. Por eso, el director Spike Lee fue el primero en decidir hacer un boicot a los Oscar de este año, al que se unió Jada Pinkett Smith y su marido, Will Smith con el hashtag #OscarsStillSoWhite. La Academia, en un giro de cintura acelerado, ha decidido que el presentador de este año fuera el cómico Chris Rock, también de raza negra y que antes de la gala ya había hecho chistes con mayor o menor fortuna sobre el racismo ‘académico’.

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La última en subirse al carro del boicot a los Oscar 2016 -aunque más bien ella ha creado uno propio-, es la dueña de la voz más bella del mundo, Anohni. La cantante transgénero, antes conocida con Antony Hegarty, voz de Antony and the Johnsons estaba nominada por su canción por Manta Ray, del documental ‘Racing Extinction'. Cuando se conoció la noticia, medio mundo -entre el que me incluyo- soñaba con verla cantar en la gala de los premios. Es más, fueron muchos famosos y fans los que se pusieron en contacto con ella para felicitarla y desearle lo mejor para su actuación en la gala. Sin embargo, lo siguiente que supo Anohni es que, excusándose en la falta de tiempo, la organización no contaba con ella para cantar en los premios aunque si había invitado a Dave Grohl -que no estaba nominado- a actuar. En una valiente carta, la cantante explicó los motivos por lo que no iba a asistir a los Oscar 2016 y en ella asegura que el americano “es un sistema de opresión y disminución de oportunidades para los trans que el capitalismo en Estados Unidos ha usado para aplastar nuestros sueños”. Su texto es, desde luego, un golpe en toda la mandíbula al discriminatorio sueño americano. Y, así, la Academia de Cine de Hollywood ha perdido una oportunidad preciosa para dejar que el mundo escuche la maravillosa interpretación de Anohni y de paso ganar unos cuantos puntos en cuanto a representación y respeto por colectivos minoritarios y habitualmente discriminados como el LGTB. Tanto es así que hasta el prestigioso actor Ian McKellen ha denunciado que ningún actor homosexual ha ganado la codiciada estatuilla.

Lo cierto es que la tradición de rebeldía y reivindicación de estos premios se remonta casi a sus inicios. Ya en 1935, el guionista Dudley Nichols se negó a recibir su galardón por ‘El Delator’ debido a sus diferencias con la Academia de Cine de Hollywood. Entre otros grandes clásicos de rebeldes anti-Oscar se cuenta Woody Allen que, nominado 24 veces, prefirió, por ejemplo, quedarse tocando el clarinete cuando ganó el Oscar a Mejor Director en 1977 por su película ‘Annie Hall’. No acudió en ninguna otra ocasión, excepto en la gala de 2002, cuando dijo que iba para rendirle un homenaje a la ciudad de Nueva York tras los terribles atentados de 2001. Tampoco se animó a asistir Katherine Hepburn, ganadora de cuatro estatuillas, que aseguraba que en esa época del año se estaba muy bien de vacaciones. O el gran John Ford, que también consiguió cuatro galardones pero nunca se dejó ver por la ceremonia. Otros grandes rebeldes fueron Jean Luc Godard -pese a que era un Oscar honorífico- o George C. Scott, que decía, ya en los años 60, que le parecían “un desfile de carne y pura ostentación pública”. Pero en cuanto a reivindicaciones, ninguna como la del maestro Marlon Brandon que, cuando ganó el Oscar por ‘El Padrino’ en 1973, envió a Marie Louise Cruz, una activista de origen nativo americano que se presentó como Sacheen Littlefeather a recogerlo en su nombre en protesta por la masacre de Wounded Knee, que había ocurrido semanas antes de la gala, y por la imagen estereotipada y malvada que ofrecía Hollywood de los indios americanos. "Cuando fui nominado por "El Padrino", me pareció absurdo ir a la ceremonia. Resultaba grotesco festejar a una industria que había difamado y desfigurado sistemáticamente a los indios norteamericanos a lo largo de seis décadas, mientras en aquel momento doscientos indios se hallaban sitiados en Wounded Knee”, declaró Brando más adelante.

También es muy recordado el discurso de Michael Moore en 2002, cuando ganó el Oscar a Mejor Documental por Bowling for Columbine. Pese a los intentos de acallar su voz, incluso con abucheos de una parte del público -otros aplaudían a rabiar-, Moore se hizo escuchar, arremetió contra el gobierno de George W Bush y aseguró que “vivimos en un tiempo donde tenemos elecciones ficticias que resultan en la elección de presidentes ficticios. Vivimos en un tiempo donde los hombres son enviados a la guerra por razones ficticias”. Otras polémicas y reivindicativas participaciones que abofetearon a público dentro y fiera del teatro fueron la de, en 2009, Sean Penn con su emotivo y duro discurso a favor del matrimonio homosexual, y en 1997, cuando Vanessa Redgrave dio las gracias a los miembros de la Academia por “no dejaros intimidar ante las amenazas de un grupo de sionistas matones, cuyo comportamiento es un insulto a la verdadera talla de los judíos de todo el mundo. Y os prometo que seguiré luchando contra el antisemitismo, la opresión y el fascismo.”

Esta es parte de la historia más política y activista de Hollywood. Celebrada por unos y criticada por otros, forma parte del espectáculo y sin duda es una ayuda a los avances sociales. No nos queremos imaginar lo que pasará si Donald Trump, su xenofobia y su misoginia desembarcan en la Casa Blanca. Quizá dejan en bragas a todas las galas anteriores de la historia del cine, por muy reivindicativas que estas fueran.

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