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Nora Ephron o el arte de convertir en verosímil los amores imposibles

Libros del Asteroide publica 'No me acuerdo de nada', las memorias de la guionista

Noelia Murillo

Hay historias de película y películas que, sin narrar algo que nos haya sucedido personalmente, las sentimos como nuestras. El cine tiene la habilidad de trasladarnos a realidades y disparates donde todo parece encajar como si se tratase de algo predefinido por el destino. Lo mismo ocurre con la vida, esa sucesión de acontecimientos en apariencia desconectados que, mediante casualidades, acaban concluyendo en un final que parecía escrito y ajeno al azar.

La vida de Nora Ephron en general y su trabajo, en particular, tiene mucho de eso. De querer tener todo bajo control para que se cumplan los sueños, que no son otra cosa que iteraciones de lo cotidiano, en muchas ocasiones, idealizado. Para comprender el cine de la guionista y directora estadounidense, nada mejor que conocer sus propias reflexiones en 'No me acuerdo de nada' (Libros del Asteroide, 2022), unas sencillas memorias en las que la cineasta se define a sí misma a brochazos.

Libros del Asteroide

Sí, podemos hablar de brochazos y no de pinceladas, puesto que en estos pequeños relatos Ephron solo busca desfogarse de todo aquello que ha vivido y necesita pasar a escrito para despojarse de ello. Desde sus comienzos en el Periodismo o como la chica del correo del 'Newsweek' (entonces, las mujeres tardaban mucho más en poder figurar como redactoras o editoras), hasta los problemas con sus tres hermanas por la herencia de su tío hasta su adicción al Scrabble o la marca del pelo por la que era reconocible, la escritora es capaz de combinar drama y comedia vital con idéntica soltura y sin perder el ritmo.

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Si en este libro, que se puede leer en poco más de dos horas, podemos conocer a la verdadera Nora, también tenemos la oportunidad de hacernos una idea de su personalidad y esencia en el documental 'Everything Is Copy', en el que algunas de las personas más importantes de su entorno cuentan por qué hoy la recordamos como una de las mejores guionistas de la historia del cine y, a la vez, una de las pioneras en el feminismo y la ruptura de techos de cristal en los medios de comunicación y el entretenimiento.

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Al igual que en sus memorias, en esta producción no faltan menciones a sus tres matrimonios, siendo el segundo uno de los más conocidos. Fue con Carl Bernstein, reputado periodista galardonado por el premio Pulitzer por destapar el caso Watergate, con quien vivió una de las historias de amor más efímeras, dolorosas y, a la vez, fructíferas de su vida. Gracias a su infidelidad y tras seis meses de duelo, Ephron trasladó su disgusto a 'Se acabó el pastel', la novela más tarde convertida en película con la que logró recuperarse económicamente pero, sobre todo, emocionalmente.

Porque si hay algo que caracteriza el cine de la guionista es su capacidad para hacer sentir a los espectadores protagonistas de historias que no son suyas y que a pesar de ser idílicas consiguen rozar la realidad. Lo cierto es que su filmografía, ya sea como guionista, realizadora o productora ejecutiva, es bastante extensa y alberga títulos como 'Silkwood', 'Un día de locos', 'Embrujada' o 'Julie & Julia'. Sin embargo, son tres las películas que mejor reflejan el modo en que interactúa la sociedad y, en especial, los hombres y las mujeres.

CUANDO HARRY ENCONTRÓ A SALLY (1989)

Esta película, protagonizada por Meg Ryan (con quien repetiría en 'Algo para recordar' 'Y tienes un e-mail', coronándose así como la reina de las comedias románticas) transformó la forma en que, hasta entonces, eran concebidas las comedias románticas. Junto con Billy Crystal, la actriz fetiche de Ephron interpreta a Sally, una estudiante altruista que cree firmemente que las relaciones de amistad entre hombres y mujeres son posibles.

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Durante toda la película, Sally demuestra estar muy convencida de ello, pero eso no impide que entre ella y su compañero, con quien tiene una química muy especial, tengan tan buen 'feeling' que acaba convirtiéndose en amor. Eso es algo que sucede en gran parte de las comedias románticas, pero en esta es diferente. No hay flirteo ni juego, solo amistad, cariño, apoyo y confianza. Tanta como para fingir el orgasmo más famoso de la historia del cine (idea de Ryan, por cierto) en una cafetería abarrotada para demostrar que todo se puede fingir... menos el amor.

ALGO PARA RECORDAR (1993)

Nos quedamos con ella por el título original, 'Sleepless in Seattle' (si has visto esta película, sabrás a qué se refiere) y también por la reformulación del eterno chico-conoce-chica. Aquí no hay casualidades, es el destino el que ha determinado que Annie (Meg Ryan), una joven periodista, y Sam (Tom Hanks), un hombre viudo, deben estar juntos. Una vez más, Ephron integra en la trama algo tan suyo como es su pasión por el periodismo, así como el cine, ya que lo que en realidad desea es vivir un cruce de destinos similar al de la cinta 'An Affair to Remember' (de ahí el título en España).

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Aquí el obstáculo entre ambos no es una amistad susceptible de desaparecer si hay sexo, sino kilómetros de distancia entre ambos y, además, el anonimato. Annie se obsesiona con conocer a Sam solo por la ternura que le produce escuchar en su programa historia su triste historia desde el punto de vista de su hijo. Con esta película, la guionista logró convencernos de que existen las personas destinadas a encontrarse y que no hay más magia que en la inocencia de un relato infantil convertido en realidad.

TIENES UN E-MAIL (1998)

Una vez más, Nora Ephron trabajó junto a Meg Ryan y Tom Hanks para estrenar el considerado 'remake' de la película 'El bazar de las sorpresas' (1940), de Ernst Lubitsch. La diferencia principal está en que, en lugar de las correspondencias por carta de los protagonistas de esta última, en la película de Ephron la comunicación se produce a través de correos electrónicos, cuando entonces eran algo completamente novedoso y casi futurista.

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El carácter autobiográfico de la guionista se detecta, precisamente, en 'No me acuerdo de nada', donde le dedica un capítulo en exclusiva a este formato de contacto 'online'. Aunque este título sea el menos aplaudido de los tres, nadie puede dudar de la agilidad con la que Ephron logra estructurar una historia inverosímil que, por su desarrollo, se convierte en otra sublime. Los protagonistas se conocen a través de e-mail, se quieren también a través de la pantalla y, en persona, sin saber quiénes son, logran entablar una relación totalmente contraria a la epistolar.